¿Cuánto cuesta una urgencia?
Los imprevistos son la partida que hunde presupuestos y la que nadie mira antes de tener un gato. Además, los gatos esconden el dolor, así que muchas urgencias llegan tarde. Aquí tienes las cifras, para decidir entre seguro y colchón con números y no con esperanza.
¿Qué seguro necesita? → Señales de urgencia → La obstrucción urinaria →
Para qué sirve saber lo que cuesta
Para no tener que decidirlo en el peor momento. La medicina veterinaria no está cubierta por ningún sistema público, y las urgencias se pagan enteras y de golpe. Conocer las cifras antes permite tomar la única decisión que importa aquí: cómo vas a afrontarlas, con un seguro contratado cuando el gato está sano o con dinero apartado cada mes. Las dos valen. Lo que no vale es no tener ninguna, porque entonces la decisión la toma la factura.
Las urgencias típicas de un gato
No son las mismas que las de un perro. La obstrucción urinaria, sobre todo en machos, es la más grave por frecuente: el gato entra al arenero una y otra vez sin hacer nada, y sin tratamiento puede morir en uno o dos días. Los cuerpos extraños lineales (hilo, cinta, gomas del pelo) cortan el intestino. Las intoxicaciones por lirios, en las que basta el polen, y por pipetas de perro con permetrina se ven todas las semanas. Y en verano, las caídas desde ventanas y balcones llenan las clínicas.
Por qué llegan tarde
Porque los gatos esconden el dolor y la enfermedad, es su forma de no parecer vulnerables. Un gato que se esconde, deja de comer, no usa el arenero o respira con la boca abierta ya está mal, aunque no se queje. Son urgencia inmediata la dificultad para respirar o respirar con la boca abierta, ir al arenero sin orinar en un macho, las patas traseras paralizadas de golpe, las convulsiones, la ingestión de un tóxico o de un hilo y cualquier caída o atropello aunque parezca que está bien. Un gato que lleva un día sin comer también merece una llamada.
Lo que conviene tener resuelto antes
El teléfono de una urgencia veterinaria de veinticuatro horas guardado en el móvil, y saber dónde está. Un transportín rígido que se abra por arriba, a mano y no en el trastero. Preguntar a tu clínica habitual qué hacen fuera de horario. Saber si tu seguro cubre urgencias y con qué franquicia. Y quitar de casa lo que más urgencias causa: lirios en jarrones, hilos y gomas sueltos, medicamentos al alcance y ventanas sin red.