Las 60 razas

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El aseo de tu gato

Un gato se pasa buena parte del día lavándose, y la mayoría no necesita nada más que un cepillo de vez en cuando. Las excepciones son pocas y caras: el persa y sus parientes, algunos semilargos en la muda y los gatos sin pelo, que necesitan baños. Elige tu raza.

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Por qué casi ningún gato necesita peluquero

Porque se lava solo, y muy bien. Un gato dedica a asearse una parte considerable del día, y su lengua, cubierta de pequeñas púas, funciona como un peine que arrastra el pelo muerto y reparte la grasa de la piel. En un gato de pelo corto, lo único que aporta el cepillado es menos pelo en el sofá y menos bolas de pelo vomitadas. Por eso, en la gran mayoría de razas y en el gato común, el coste de peluquería es cero, y bañarlo no hace falta salvo que se haya manchado de algo que no debe lamer.

Las excepciones, que salen caras

Son pocas y muy concretas. El persa, el himalayo y, en menor medida, el exótico tienen un manto tan denso que no se lo pueden mantener solos: sin cepillado diario se forman nudos pegados a la piel que tiran, duelen y acaban obligando a rapar, a veces con sedación en la clínica. Las razas de pelo semilargo, como el Maine Coon, el Bosque de Noruega o el Ragdoll, se apañan bien casi todo el año pero hacen nudos en la muda, sobre todo detrás de las orejas, en las axilas y en los cuartos traseros. Y los gatos sin pelo, como el Sphynx, necesitan baños regulares porque su piel acumula la grasa que en los demás absorbe el pelo.

Qué hace una peluquería felina

Lo normal es baño con champú para gatos, secado, deslanado (retirar el subpelo muerto con herramientas específicas), corte de uñas y, si hace falta, un corte higiénico en la zona trasera o el corte llamado de león cuando el manto está muy enredado. Conviene que sea una peluquería que trabaje a menudo con gatos, porque el manejo no se parece al de un perro: sesiones cortas, sin ruido de secadores potentes y sin forzar. Si el gato no se deja o hay nudos muy pegados, lo seguro es que lo haga el veterinario con sedación.

Lo que puedes hacer en casa

Casi todo. Un peine metálico de púas largas y un cepillo de cerdas o de goma resuelven la mayoría de los casos, y un guante de goma basta en pelo corto. La clave es la frecuencia, no la intensidad: un par de minutos al día con premio después funcionan mucho mejor que una sesión larga a la semana con el gato intentando escapar. Empieza por las zonas que le gustan (mejillas, lomo) y deja la barriga y las patas para cuando confíe. Y nunca cortes un nudo con tijera pegado a la piel de un gato: su piel es fina y elástica y es muy fácil hacerle una herida.

Si estás eligiendo raza

Mira esta cifra antes de decidirte. Un persa es un gato tranquilo y cariñoso, pero su pelo es un compromiso diario durante quince años, y si no puedes asumirlo, el gato lo pasa mal. Si te gusta el aspecto del pelo largo pero no tienes tiempo, hay semilargos mucho más llevaderos. Y si lo que buscas es menos pelo por casa, recuerda que ningún gato es hipoalérgico de verdad: la proteína que da alergia está en la saliva y la piel, no en el largo del pelo.

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