Bañar y cepillar a tu gato: cuándo hace falta y cómo hacerlo bien
El gato dedica a acicalarse buena parte del día, y lo hace muy bien. Bañarlo casi nunca es necesario y suele ser una mala experiencia para todos. Cepillarlo, en cambio, le ayuda con las bolas de pelo, los nudos y la muda, y es una buena forma de revisarlo.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
El gato se lava solo, y muy bien
Un gato adulto sano puede dedicar hasta un tercio de las horas que está despierto a asearse. Su lengua está cubierta de papilas córneas, en forma de pequeños ganchos, que funcionan como un peine: arrastran el pelo muerto, la suciedad y los parásitos, y reparten la grasa natural de la piel. Por eso un gato sano no huele mal y no necesita champú. Bañarlo sin motivo elimina esa grasa protectora, le reseca la piel y, en la mayoría de los casos, le provoca un estrés considerable. Lo que sí necesita es ayuda para el pelo muerto, sobre todo en las mudas y en las razas de pelo largo.
Por qué cepillar sí importa
Todo el pelo que el gato arrastra con la lengua se lo traga, y la mayor parte se elimina por las heces sin problema. Pero si traga mucho, por ejemplo en una muda fuerte o en un gato de pelo largo, se forman las bolas de pelo que vomita o, peor, que se le pueden quedar atascadas en el intestino. Cepillarlo retira ese pelo antes de que lo trague. Además, previene los nudos, reduce el pelo en sofás y ropa, y te permite revisarle la piel en busca de pulgas, heridas, bultos o caspa. Muchos gatos, bien acostumbrados, acaban disfrutando del cepillado como si fuera una caricia larga.
Cuánto cepillar según su pelo
Depende del tipo de pelo. Un gato de pelo corto, como el europeo común, suele apañarse con un cepillado a la semana, y dos o tres en las épocas de muda, en primavera y otoño. Los de pelo semilargo, como el Maine Coon, el Bosque de Noruega, el Siberiano o el Ragdoll, necesitan dos o tres sesiones semanales, con atención especial al cuello, la tripa, las axilas y la parte trasera de los muslos. Y los de pelo largo y denso, como el Persa, el Himalayo o el Angora, necesitan cepillado diario: en ellos los nudos se forman en días y, si se dejan, acaban en placas de pelo apelmazado que tiran de la piel y hay que rapar.
Qué cepillos usar
Para pelo corto, un guante de goma o un cepillo de goma suave son muy eficaces y casi todos los gatos los toleran bien. Para pelo semilargo y largo, una combinación de peine metálico de púas separadas, para desenredar, y una carda suave para retirar el pelo muerto. Las herramientas de tipo deslanador, que llegan al subpelo, retiran muchísimo pelo en las mudas, pero se usan con suavidad y no a diario, porque mal usadas irritan la piel. Con un par de herramientas de entre 8 y 25 € tienes suficiente. Cepilla siempre en el sentido del pelo y con pasadas cortas.
Cómo acostumbrarle
Empieza con sesiones muy cortas, de uno o dos minutos, en las zonas que más le gustan, que suelen ser las mejillas, la cabeza y el lomo, cuando esté relajado. Termina antes de que se canse y dale un premio. Ve alargando poco a poco y acercándote a las zonas más sensibles, como la tripa, la cola y las patas traseras, que muchos gatos protegen. Si se gira para morder o mueve la cola con fuerza, para: es su forma de decir que ya basta. Con gatitos, acostumbrarlos desde los primeros meses facilita mucho la vida adulta, sobre todo en razas de pelo largo.
Los nudos: nunca con tijera
Si encuentras un nudo pequeño, intenta deshacerlo con los dedos, separando poco a poco, y luego con el peine, sujetando el pelo por la base para que no tire de la piel. Hay productos desenredantes para gatos que ayudan. Lo que no debes hacer es cortarlo con tijeras: la piel del gato es muy fina y elástica, se levanta con el nudo y es facilísimo hacerle un corte profundo sin darte cuenta. Es uno de los accidentes más frecuentes en casa. Si los nudos son grandes o pegados a la piel, que lo resuelva una peluquería felina o el veterinario con máquina, a veces con sedación si el gato no lo tolera.
Cuándo sí hay que bañarlo
Hay situaciones en las que el baño está justificado. Los gatos sin pelo, como el Sphynx, acumulan en la piel una grasa que no absorbe el pelo y necesitan un baño o una limpieza cada una o dos semanas. Los gatos mayores, obesos o con artrosis a veces no llegan a asearse la parte trasera y se ensucian. También cuando el gato se mancha con algo pegajoso o, sobre todo, con algo tóxico, como aceite, pintura, un producto de limpieza o polen de lirio, que podría tragarse al lamerse. Y en algunos tratamientos de piel, cuando lo indica el veterinario. Fuera de eso, un gato no necesita baño.
Cómo bañarlo si hace falta
Prepáralo todo antes: champú específico para gatos, nunca de personas ni de perro, varias toallas y el baño cerrado. Usa un barreño o el lavabo con agua tibia, a unos diez centímetros de altura, mejor que una bañera llena, y una alfombrilla antideslizante para que no resbale. Moja con una jarra o una ducha suave, evitando la cara, y lava solo lo necesario. Aclara muy bien, porque los restos de champú se los tragará al lamerse. Sécalo con toallas en un cuarto cálido; muchos gatos no toleran el secador, y si lo usas, que sea en potencia baja y templada, a distancia. Y premio al final, aunque haya protestado.
Alternativas al baño
Para manchas localizadas, toallitas específicas para gatos sin perfume o un paño húmedo con agua tibia resuelven casi siempre. Para un gato mayor que se ensucia la zona trasera, recortar el pelo de esa zona y limpiar con un paño a diario es mucho mejor que bañarlo. Los champús en seco o en espuma sin aclarado pueden servir en gatos que no toleran el agua, aunque hay que retirarlos bien con el cepillo. Y si tu gato huele mal, no lo bañes: un gato sano no huele, y el mal olor suele venir de la boca, de las orejas, de la piel o de las glándulas anales, y es motivo para ir al veterinario.
Si deja de asearse
Un gato que de repente deja de acicalarse, con el pelo apagado, grasiento o con caspa en el lomo, está dando una señal que hay que tomarse en serio. Puede ser dolor por artrosis, que le impide girarse, sobrepeso, problemas dentales que hacen que asearse le duela, o una enfermedad general. Al contrario, un gato que se lame tanto que se hace calvas también necesita revisión, porque puede ser alergia, parásitos, dolor o estrés. Su forma de asearse es un termómetro de su salud, y conviene observarlo.
La mayoría de gatos no necesitan baño: se asean solos. Sí agradecen el cepillado, semanal en pelo corto, varias veces por semana en semilargo y diario en pelo largo. Nunca cortes los nudos con tijera, y baña solo si hay un motivo, con champú de gatos.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.