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18 de octubre de 2026 · 6 min de lectura

Por qué a los gatos no les gusta el agua (y por qué algunos sí la adoran)

La fama es merecida a medias: la mayoría de los gatos evitan mojarse, pero muchos están fascinados por el agua del grifo, juegan con el cuenco y algunas razas se meten en la ducha por gusto. Lo que no les gusta no es tanto el agua como lo que les pasa cuando se mojan.

Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web

Bobtail japonés
Bobtail japonés · foto de Linrx81 (CC BY-SA 4.0)

Un origen de desierto

El gato doméstico desciende del gato salvaje africano, que vive en zonas secas de Oriente Próximo y el norte de África. Sus antepasados rara vez tenían que nadar o cruzar ríos, y obtenían buena parte del agua que necesitaban de sus presas. No desarrollaron, por tanto, ninguna relación especial con el agua. Hay felinos que sí la tienen, como el tigre o el gato pescador asiático, que nada con soltura y caza peces, pero no son los antepasados de nuestros gatos. Esa herencia explica en parte por qué la mayoría de los gatos domésticos no buscan el agua, aunque no explica por qué muchos la rechazan con tanta energía.

Lo que pasa cuando se moja

El pelaje de la mayoría de los gatos absorbe el agua como una esponja: se empapa, pesa mucho más y tarda horas en secarse. Un gato mojado es un gato más lento y más torpe, que no puede saltar ni huir con la agilidad de siempre, y también uno que se enfría rápido, porque el pelo mojado deja de aislar. Para un animal que basa su seguridad en la rapidez y en el control de su entorno, eso es una situación muy incómoda. Además, el agua arrastra su olor, que es una parte importante de cómo se reconoce y se siente en casa, y tiene que pasarse un buen rato lamiéndose para recuperarlo.

El control y la sorpresa

A los gatos les desagradan las situaciones que no controlan. Ser metido en una bañera, sujetado y mojado de golpe reúne todo lo que más les estresa: inmovilización, ruido, sensación extraña en la piel y ninguna vía de escape. Muchos gatos que huyen del baño juegan sin problemas con el agua de un vaso o del grifo, porque ahí son ellos los que deciden cuánto se mojan. También influye la experiencia: un gato que de pequeño ha tenido contacto tranquilo con el agua lo tolera mejor que uno cuya única experiencia es un baño forzado o un pulverizador para castigarle. Esa asociación negativa puede durar toda la vida.

La fascinación por el grifo

Es muy habitual que un gato que odia mojarse se pase el rato mirando el grifo, metiendo la pata en el chorro o esperando en el lavabo a que lo abras. El agua en movimiento atrae su atención como lo haría una presa: brilla, suena y se mueve. Además, muchos gatos prefieren beber agua corriente, posiblemente porque en la naturaleza el agua que corre suele estar más limpia que la estancada. Esa preferencia es útil: si tu gato bebe poco, una fuente para gatos puede animarle a beber más, lo que es bueno para sus riñones y sus vías urinarias. También ayuda colocar el agua lejos de la comida.

Gatos que juegan con el cuenco

Algunos gatos meten la pata en el cuenco del agua y luego la lamen, o vuelcan el agua y juegan con ella. Puede ser simple juego, curiosidad por los reflejos, o una forma de comprobar dónde está la superficie si el cuenco es oscuro o muy profundo. También hay gatos a los que molesta que los bigotes rocen el borde de un cuenco estrecho, y prefieren beber de su pata. Si tu gato lo hace a menudo, prueba con un cuenco más ancho y bajo, lleno hasta arriba, de cerámica o acero, o con una fuente. Y si de repente empieza a beber mucho más de lo habitual, no es un juego: consulta al veterinario, porque puede ser una señal de enfermedad.

Las razas a las que les gusta el agua

Algunas razas tienen fama de disfrutar del agua. El van turco es la más conocida: se le llama a menudo «gato nadador», y su pelo semilargo, sin subpelo lanoso, se moja menos y se seca antes. El bengalí, el abisinio y el maine coon también suelen mostrar interés por el agua, y el bosque de Noruega tiene un pelaje con una capa externa que repele bastante el agua. Pero son tendencias, no reglas: hay van turcos que la detestan y gatos comunes europeos que se meten en la ducha contigo. Cada gato es un individuo, y su experiencia temprana pesa tanto como la raza.

¿Hace falta bañar a un gato?

En la mayoría de los casos, no. Un gato sano se asea solo varias horas al día, y su lengua, llena de pequeñas papilas en forma de gancho, es un peine muy eficaz. El baño es necesario solo en situaciones concretas: si se ha manchado con algo tóxico o pegajoso que no debe lamerse, si el veterinario receta un champú para un problema de piel, en gatos sin pelo como el sphynx, que acumulan grasa en la piel y necesitan baños regulares, o en gatos mayores u obesos que ya no llegan a asearse bien ciertas zonas. En razas de pelo largo, el cepillado frecuente suele ser mucho más útil que el baño.

Si tienes que bañarle

Prepáralo todo antes: champú específico para gatos, nunca de personas ni de perros, toallas, y un sitio cálido y sin corrientes. Usa agua templada, poca profundidad, una alfombrilla antideslizante en el fondo para que no resbale, y moja con una jarra o una ducha suave en lugar de un chorro fuerte, evitando siempre la cabeza, los ojos y los oídos; la cara se limpia con un paño húmedo. Habla con calma y hazlo rápido. Sécale bien con toallas y, si lo tolera, con un secador a baja temperatura y lejos. Si es muy difícil o el gato se estresa muchísimo, plantéate pedir ayuda a una peluquería felina o a tu veterinario.

Nunca como castigo

El pulverizador de agua sigue recomendándose a menudo para que el gato no se suba a la encimera o no arañe el sofá, y es un mal consejo. El gato no relaciona el chorro con lo que estaba haciendo, sino contigo o con la situación, así que aprende a hacerlo cuando no estás y a desconfiar de ti. Además, puede generarle miedo y estrés, que a menudo se traducen en otros problemas, como el pis fuera del arenero. Es mucho más eficaz darle una alternativa mejor, como un rascador cerca del sofá o una estantería alta junto a la cocina, y premiarle cuando la usa. Y así no le enseñas a odiar el agua.

La lluvia y los gatos que salen

Los gatos con acceso al exterior suelen esperar a que pare de llover antes de salir, o vuelven corriendo a casa en cuanto empieza. Si tu gato sale, asegúrate de que siempre tiene un sitio seco donde refugiarse y una forma de volver a casa, como una gatera. Cuando vuelva empapado, sécale con una toalla, sobre todo si es mayor, delgado o de pelo corto, porque un gato mojado se enfría rápido. Los gatos de pelo largo pueden formar nudos si se mojan a menudo y no se cepillan. Y si vive en el jardín o en una colonia, los refugios deben estar elevados del suelo y protegidos de la lluvia, con paja en lugar de mantas, que se empapan.

Lo que importa

A la mayoría de los gatos no les gusta mojarse porque su pelo se empapa, les vuelve torpes y les enfría, y porque odian perder el control. Pero muchos adoran el agua que corre: una fuente puede ayudarles a beber más. Algunas razas, como el van turco, disfrutan del agua. Bañarles casi nunca hace falta, y el agua nunca debe usarse como castigo.

Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.

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