¿Gato de raza o gato común? Cómo elegir
En España, la inmensa mayoría de los gatos no son de raza, y no les hace ninguna falta. Elegir un gato con pedigrí puede tener sentido si buscas un aspecto o un tipo de carácter concreto, pero tiene un precio, y no solo en euros.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
La mayoría de los gatos no tienen raza
Con los perros, las razas están por todas partes. Con los gatos, no. La enorme mayoría de los gatos que viven en casas españolas son lo que se llama gato común o doméstico, de pelo corto o largo, sin pedigrí ni raza definida. El llamado europeo de pelo corto sí existe como raza reconocida, pero el gato común que adoptas en una protectora es otra cosa: una mezcla de siglos de gatos que se han cruzado libremente. Esto significa que, cuando hablamos de raza o mestizo en gatos, el mestizo no es la excepción: es la norma, y la raza, una elección minoritaria que conviene hacer por buenos motivos.
Lo que sí te da la raza
Principalmente previsibilidad en el aspecto: el tamaño adulto aproximado, el tipo de pelo y su mantenimiento, el color, la forma de la cabeza. Si quieres un gato de pelo largo y sedoso, uno sin pelo, uno de color point o uno de tamaño gigante, la raza te lo asegura. También marca tendencias de carácter: los estudios con miles de gatos han encontrado diferencias reales entre razas, sobre todo en actividad. Los orientales suelen ser habladores y muy pegados a su gente; el bengalí y el abisinio, muy activos; el británico de pelo corto y el ragdoll, tranquilos. Son tendencias, no garantías, pero existen.
Lo que la raza no te da
Un carácter asegurado. Dentro de cada raza hay gatos de todo tipo, y la socialización de los primeros meses pesa muchísimo. Un británico criado sin contacto con personas puede ser más huraño que un gato común criado en una casa con niños. Tampoco te da salud garantizada; a veces, al contrario. Y no hace a un gato más listo, más limpio ni más cariñoso que otro. El pedigrí acredita quiénes fueron sus padres y abuelos, no cómo va a ser el gato que te llevas. Por eso la pregunta útil no es qué raza, sino qué gato concreto y de dónde viene.
Salud: el punto donde más se nota
Varias razas arrastran problemas hereditarios ligados a su selección. Los persas y exóticos de cara muy chata tienen con frecuencia problemas respiratorios, lagrimeo, problemas dentales y riesgo de enfermedad renal poliquística si los padres no se han testado. El Scottish Fold, el de las orejas dobladas, tiene esa forma por una mutación que afecta al cartílago de todo el cuerpo y provoca dolor articular. El Maine Coon y el ragdoll tienen predisposición a la cardiomiopatía hipertrófica. El Munchkin, de patas cortas, sigue generando debate entre veterinarios. Un buen criador hace pruebas genéticas y ecografías a los padres; uno malo, no. El gato común, con su mezcla genética, suele ser un animal robusto, aunque tampoco es inmune a nada.
El precio
Un gato común de protectora cuesta entre 50 y 150 €, y sale vacunado, con microchip, testado de leucemia e inmunodeficiencia y, si tiene edad, esterilizado. Un gato de raza de criador registrado, con pedigrí y pruebas a los padres, cuesta entre 600 y 2.000 €, y en las razas de moda puede costar más. Ojo con el gato de raza barato: un siamés o un británico por 200 € en un anuncio, sin pedigrí ni número de registro del criador, suele venir de una cría sin control, sin pruebas de salud y a veces sin las semanas mínimas con su madre. Pagas aspecto de raza sin ninguna de sus garantías.
Si quieres raza, cómo hacerlo bien
Busca un criador inscrito en el registro de criadores, porque la Ley 7/2023 solo permite criar a criadores registrados y prohíbe la venta en tiendas. Pide ver a la madre y, si es posible, al padre. Pregunta qué pruebas genéticas y de salud se les hacen y pide los resultados por escrito. Asegúrate de que el gatito no se entrega antes de las doce semanas, que es lo habitual en criadores serios. Y piensa también en las protectoras y asociaciones de rescate de razas: hay persas, siameses, británicos o Maine Coon en adopción, a veces porque sus dueños no pudieron seguir con ellos, y muchos son adultos con el carácter ya conocido.
El gato común, la opción infravalorada
El gato común tiene a su favor casi todo lo que importa en la convivencia: genética variada, buena salud de media, un tamaño manejable, pelo fácil de cuidar y un abanico de caracteres en el que hay de todo. Y en las protectoras te dicen cómo es cada uno: si es mimoso, si convive con perros o con niños, si es activo o dormilón. Elegir así, por el individuo, es más fiable que elegir por raza. Los gatos negros, los atigrados marrones y los adultos son los que más tiempo esperan, y son exactamente igual de buenos compañeros.
Los mitos del gato común
Se oye que el gato común es más arisco, más callejero o menos cariñoso que uno de raza. No hay nada de eso: lo que hace a un gato arisco es no haber tenido contacto con personas en sus primeras semanas, y eso le puede pasar a un gato de raza criado en un garaje igual que a uno nacido en la calle. También se dice que se pone enfermo con menos frecuencia por ser mestizo; de media es robusto, pero puede tener cualquier enfermedad común del gato, como la renal o la diabetes en la edad avanzada, y necesita las mismas revisiones. Y no, no hay que tener un gato de raza para que sea de interior: la mayoría de los gatos comunes de protectora viven perfectamente en un piso.
Cómo decidir
Si buscas un aspecto muy concreto o un tipo de carácter muy marcado, como un gato muy hablador y dependiente o uno extremadamente tranquilo, una raza puede tener sentido, siempre de un criador registrado que haga pruebas de salud o de una protectora de esa raza. Si lo que quieres es un buen compañero sano, cariñoso y adaptado a tu casa, el gato común de protectora es casi imposible de superar, y además dejas una plaza libre para el siguiente. En cualquiera de los dos casos, conoce al gato antes de decidir: es el único dato que de verdad predice cómo será la convivencia.
La mayoría de los gatos de España son gatos comunes y no les falta nada: suelen ser robustos y en la protectora te dicen cómo es cada uno. La raza da aspecto previsible y algunas tendencias de carácter, pero también algunos problemas hereditarios. Si eliges raza, solo de criador registrado con pruebas de salud.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.