Maine Coon o Ragdoll: en qué se parecen, en qué no y cuál te conviene
Son dos de las razas más buscadas en España y a menudo se comparan: los dos son gatos grandes, sociables y de pelo semilargo, con fama de «perros en cuerpo de gato». Pero tienen diferencias claras de carácter, actividad y cuidados que pueden decidir cuál encaja mejor contigo.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Dos gigantes amables, no gemelos
El Maine Coon y el Ragdoll comparten tamaño grande, pelo semilargo y un carácter muy sociable, así que es normal que quien busca un gato grande y cariñoso dude entre los dos. Pero tienen orígenes, aspecto y forma de ser bastante distintos. El Maine Coon es un gato de origen rústico, robusto, activo y curioso. El Ragdoll es una raza de compañía creada en el siglo XX, más tranquila y más pegada a su gente. Ninguno es mejor que el otro: lo que cambia es con qué tipo de casa y de persona encaja cada uno.
De dónde viene cada uno
El Maine Coon es uno de los gatos más antiguos de Norteamérica. Se desarrolló de forma natural en el estado de Maine, en el noreste de Estados Unidos, como gato de granja y de barco, adaptado a inviernos durísimos; de ahí su pelo impermeable, sus patas grandes con mechones entre los dedos y su cola larga y frondosa con la que se envuelve. El Ragdoll, en cambio, se creó en California en los años sesenta, a partir de una gata blanca de pelo semilargo y varios machos, buscando un gato grande y de carácter muy dócil. Uno es fruto del clima y del trabajo; el otro, de la selección para la compañía.
El aspecto
El Maine Coon tiene cuerpo largo, musculoso y rectangular, cabeza grande con hocico cuadrado, orejas grandes y altas, a menudo con penachos de pelo en la punta como los de un lince, y una gran variedad de colores: atigrado marrón, negro, blanco, plata, bicolor y muchos más. El Ragdoll tiene un cuerpo grande y algo más blando, cabeza ancha, orejas medianas y siempre ojos azules, con patrón de puntas, es decir, el cuerpo claro y la cara, las orejas, las patas y la cola más oscuras, en sus variantes colorpoint, mitted, con guantes blancos, y bicolor. A simple vista se distinguen fácilmente.
El tamaño
Los dos son de los gatos más grandes, y los dos maduran despacio: no alcanzan su tamaño definitivo hasta los tres o cuatro años, y a veces más en el Maine Coon. Un Maine Coon adulto suele pesar entre 5,5 y 9 kilos, y algunos machos superan esa cifra; además es largo y alto. El Ragdoll pesa entre 4,5 y 9 kilos, con los machos claramente más grandes que las hembras. En la práctica, los dos necesitan un arenero grande, un rascador robusto que no se tambalee con su peso y un transportín de tamaño casi de perro mediano. Y en avión, muchos machos de ambas razas superan el peso permitido en cabina.
El carácter: lo que comparten
Los dos son gatos sociables, cariñosos y poco agresivos, que suelen llevarse bien con niños, perros y otros gatos, y que se apegan mucho a su familia. Ninguno es un gato distante que viva a su aire: los dos siguen a sus personas por la casa y quieren participar en lo que pasa. Tampoco son gatos muy maulladores; el Maine Coon tiene un repertorio curioso de trinos y gorjeos más que maullidos, y el Ragdoll suele tener una voz suave. Para una familia que quiere un gato presente y cariñoso, los dos son buenas opciones.
El carácter: los matices que los separan
Aquí está la gran diferencia. El Maine Coon es más activo, curioso y juguetón, incluso de adulto: le gusta trepar, explorar, cazar juguetes, abrir armarios y, a muchos, jugar con el agua. Es independiente a su manera, cariñoso pero no siempre de regazo. El Ragdoll es más tranquilo, más sedentario y mucho más de brazos y de sofá; es famoso porque muchos se relajan del todo al cogerlos, aunque no todos, y esa docilidad es parte de su encanto. Si buscas un compañero de juegos, el Maine Coon; si buscas un gato que se tumbe a tu lado por la tarde, el Ragdoll.
Actividad y vida de interior
Los dos se adaptan bien a la vida de interior, pero con necesidades distintas. El Maine Coon necesita más estímulo: rascadores altos y sólidos, juego diario de caza, juguetes de inteligencia y, si se puede, un balcón protegido o un catio. Un Maine Coon aburrido en un piso pequeño puede volverse travieso. El Ragdoll necesita menos actividad y se conforma con sesiones de juego más suaves, aunque eso hace que tenga más tendencia a engordar. Un detalle importante en el Ragdoll: es muy confiado y poco espabilado con los peligros, y no siempre cae bien cuando salta, así que no es un gato para dejar salir a la calle.
El pelo y el cepillado
Los dos tienen pelo semilargo, pero de textura distinta. El del Maine Coon es denso, con un subpelo abundante y una capa externa más áspera e impermeable, con una gorguera en el cuello y pantalones en los muslos; suelta bastante pelo y se le pueden formar nudos en la tripa y detrás de las patas si no se cepilla. El del Ragdoll es sedoso, con poco subpelo, y se enreda menos de lo que parece, aunque también hay que vigilar las axilas y detrás de las orejas. Como orientación, dos o tres cepillados a la semana para ambos, más en la muda de primavera. Ninguno es hipoalergénico.
Salud: lo que hay que preguntar al criador
Las dos razas tienen una predisposición conocida a la cardiomiopatía hipertrófica, la enfermedad del corazón más frecuente en gatos, y cada una tiene su propia mutación del gen MYBPC3, con prueba genética disponible. Un criador serio debe hacer la prueba genética a los reproductores y, además, ecocardiografías periódicas, porque la prueba no detecta todas las formas. En el Maine Coon también se buscan la atrofia muscular espinal, con prueba genética, y la displasia de cadera, más frecuente de lo que se espera en un gato. En el Ragdoll se vigilan también problemas renales y urinarios. Su esperanza de vida es parecida, en torno a 12 a 15 años.
Precio y procedencia
Un gatito de cualquiera de las dos razas con pedigrí, de un criador registrado que haga pruebas de salud a los padres, cuesta en España entre unos 900 y 2.000 €, según las líneas y la calidad. Por esa popularidad, hay muchísimos anuncios de supuestos Maine Coon y Ragdoll a precios de saldo, sin pedigrí ni pruebas, a menudo de criaderos que no cumplen la ley o directamente estafas. Desconfía de los chollos, de los vendedores que no te dejan ver a la madre y de los que envían gatitos sin conocerte. Y recuerda que también hay ejemplares de estas razas y cruces en protectoras.
Para piso, niños y primerizos
Los dos son buenos gatos para familias con niños, siempre que se enseñe a los niños a tratarlos con respeto, y para primerizos que estén dispuestos a cepillar con regularidad. Para piso, el Ragdoll se adapta algo mejor a espacios pequeños por su carácter tranquilo, mientras que el Maine Coon agradece más espacio vertical y más estímulo. Los dos llevan razonablemente bien la soledad durante una jornada laboral, aunque ninguno es ideal para pasar días enteros solo. Y por tamaño, los dos necesitan accesorios más grandes y resistentes que los de un gato medio.
Entonces, ¿cuál elijo?
Inclínate por el Maine Coon si quieres un gato activo, curioso y juguetón, que te acompañe en todo pero a su ritmo, y si puedes ofrecerle espacio, rascadores grandes y juego diario. Inclínate por el Ragdoll si prefieres un gato tranquilo, muy de brazos y de sofá, que se adapte bien a un piso y que viva pegado a ti. En los dos casos, elige un criador que haga las pruebas de corazón, o valora la adopción. Y recuerda que la raza da tendencias, no garantías: cada gato es un individuo, y su carácter depende mucho de cómo se crió y de cómo vive.
Maine Coon y Ragdoll son grandes, sociables y de pelo semilargo. El Maine Coon es más activo, curioso y juguetón, y necesita más espacio y estímulo; el Ragdoll es más tranquilo, de brazos y de sofá. Los dos tienen riesgo de cardiomiopatía hipertrófica: exige pruebas de salud al criador.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.