Mi gato marca con orina: por qué lo hace y cómo pararlo
El marcaje con orina es una forma de comunicación, no un problema de higiene ni una venganza. El gato deja un mensaje oloroso para decir que esto es suyo o que algo le inquieta. Por eso no se arregla cambiando la arena, sino entendiendo qué le preocupa. Y, como siempre que hay orina fuera de su sitio, el veterinario va primero.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Cómo reconocer el marcaje
El marcaje se distingue bastante bien del pis normal fuera del arenero. El gato se coloca de espaldas a una superficie vertical, como una pared, una puerta, la esquina de un mueble, una cortina o el lateral del sofá, levanta la cola, que suele temblar, y lanza un chorro pequeño de orina hacia atrás, a menudo mientras amasa con las patas traseras. La cantidad es pequeña y el olor, muy intenso. Por eso se le llama también rociado. A veces el marcaje se hace sobre superficies horizontales, en particular sobre objetos nuevos, bolsas, ropa de visitas o cosas con olores ajenos. Lo importante es que un gato que marca suele seguir usando su arenero para orinar con normalidad.
Primero, descartar lo médico
Aunque el marcaje sea un comportamiento de comunicación, el primer paso es siempre una visita al veterinario. Algunos problemas urinarios, como la cistitis idiopática, los cristales, los cálculos o las infecciones, pueden hacer que un gato orine en pequeñas cantidades fuera del arenero, y desde fuera puede confundirse con marcaje. Además, el dolor y la enfermedad son fuentes de estrés que pueden desencadenar el marcaje. El veterinario analizará la orina y hará una exploración. Si es un macho y lo ves esforzarse sin sacar orina, o lamerse mucho los genitales, no esperes: puede ser una obstrucción urinaria, que es una urgencia. Solo cuando lo médico esté descartado tiene sentido abordar el marcaje como conducta.
Por qué marca un gato
La orina contiene información química muy rica para otros gatos: quién es, si está entero, en qué estado hormonal se encuentra y desde cuándo ha pasado por ahí. El marcaje sirve para delimitar el territorio, para anunciar su presencia a otros gatos y, en los enteros, para comunicar disponibilidad sexual. Pero también es una respuesta a la inseguridad: un gato que siente que su territorio está amenazado o que algo ha cambiado marca para rodearse de su propio olor y sentirse más seguro. Por eso el marcaje aparece tan a menudo después de cambios, como una mudanza, una reforma, muebles nuevos, la llegada de un bebé, de otro animal o de una persona nueva a casa.
La esterilización, lo más eficaz
Los gatos enteros, sobre todo los machos, marcan mucho más que los esterilizados, y su orina tiene un olor mucho más fuerte. Esterilizar a un gato macho que marca reduce o elimina el marcaje en la gran mayoría de los casos, aunque el efecto puede tardar unas semanas en notarse y en algunos gatos que llevan mucho tiempo marcando la costumbre se mantiene en parte. En las hembras, el marcaje está muy relacionado con el celo y la esterilización también lo resuelve casi siempre. La recomendación general es esterilizar antes de que aparezca el marcaje, en torno a los cuatro a seis meses, y es lo que establece la ley de bienestar animal para los gatos de compañía, salvo los reproductores de criadores registrados.
Los otros gatos, dentro y fuera
Una de las causas más frecuentes de marcaje en gatos esterilizados es la presencia de otros gatos. En casas con varios gatos, el marcaje puede ser una señal de tensión entre ellos, aunque no haya peleas visibles. Y en muchos casos, la amenaza viene de fuera: un gato del vecindario que pasa por el jardín, que se asoma al balcón o que se ve por la ventana puede hacer que tu gato marque precisamente en esa ventana o en la puerta de entrada. Fíjate en dónde marca, porque suele dar pistas: si es junto a las ventanas o puertas que dan al exterior, la amenaza viene de fuera; si es en zonas de paso internas, puede tratarse de tensión dentro de casa.
Qué hacer con los gatos de fuera
Si el marcaje está relacionado con gatos del exterior, hay que reducir la sensación de amenaza. Tapa la parte baja de las ventanas desde donde los ve, con láminas translúcidas o cerrando la persiana parcialmente, al menos durante un tiempo. Evita que los gatos de fuera se acerquen a tu casa: no dejes comida fuera, retira lo que les atraiga y, si tienes jardín, hay métodos disuasorios no dañinos, como aspersores con sensor de movimiento. Si tu gato sale al exterior, valora si el conflicto viene de allí. En casa, crea zonas seguras alejadas de esas ventanas, con escondites y sitios en alto. Y limpia a fondo las zonas marcadas para que no huelan a invitación.
Si el problema está dentro de casa
Cuando el marcaje se debe a tensión entre gatos de la misma casa, la solución pasa por reducir la competencia. Aumenta el número de recursos y repártelos por distintas zonas: comederos, bebederos, areneros, uno por gato más uno, rascadores, camas y sitios en alto, de modo que ningún gato tenga que pasar cerca de otro para llegar a lo que necesita. Ofrece más escondites y rutas alternativas. Juega con cada gato por separado para darles a todos su dosis de caza y atención. Si hay peleas serias, puede ser necesario separarlos y hacer una presentación nueva, poco a poco, como si fuera la primera vez. Un difusor de feromonas para la convivencia entre gatos puede ayudar algo como apoyo.
Limpiar bien es parte del tratamiento
Una zona marcada invita a volver a marcar, porque el gato huele su propio mensaje y lo renueva. Por eso hay que limpiar a fondo y con el producto adecuado. Nada de amoniaco ni de lejía: la orina contiene amoniaco y ese olor puede animarle a marcar de nuevo. Lo que funciona son los limpiadores enzimáticos, que descomponen los restos orgánicos de la orina; cuestan entre 8 y 20 euros y se venden en tiendas de animales. Aplícalo en abundancia, que llegue tan hondo como llegó la orina, y deja secar solo. En paredes con pintura porosa o en tejidos, puede hacer falta repetir. Una linterna de luz ultravioleta, por unos 10 o 15 euros, ayuda a encontrar las marcas que no ves.
Feromonas y otros apoyos
Los difusores de feromonas faciales felinas imitan las marcas de olor que dejan los gatos al frotarse las mejillas en los sitios donde se sienten seguros, y se usan para reducir el estrés y, con él, el marcaje. Cuestan entre 25 y 35 euros con el primer recambio, que dura unas cuatro semanas, y luego unos 20 a 25 euros cada recambio. Hay que ser honestos: los estudios sobre su eficacia son variados y en algunos gatos ayudan y en otros apenas se nota. Pueden ser un apoyo útil, pero no sustituyen a resolver la causa. Ponlos en la habitación donde más marca, enchufados de forma permanente, y no junto a muebles que tapen la difusión.
Lo que no funciona
Castigar al gato por marcar, restregarle el hocico en la orina o reñirle es contraproducente. El marcaje es en muchos casos una respuesta a la inseguridad y al estrés, y el castigo aumenta las dos cosas, de modo que el gato puede marcar todavía más, o hacerlo a escondidas en sitios más difíciles de encontrar. Encerrarle de forma permanente tampoco soluciona nada. Lo que sí funciona es una combinación de medidas: descartar problemas médicos, esterilizar si no lo está, identificar qué le inquieta y reducirlo, repartir recursos, limpiar bien y darle seguridad. Si con todo esto el problema sigue, consulta a un veterinario con formación en etología clínica, que puede valorar también un tratamiento farmacológico de apoyo.
El marcaje se hace de pie, contra una superficie vertical, con la cola temblando y poca orina, y es un mensaje, no una venganza. Veterinario primero. Esterilizar lo resuelve en la mayoría de los casos. Si persiste, busca qué le inquieta (gatos de fuera, tensión en casa, cambios), reparte recursos, limpia con enzimático y nunca castigues.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.