Cómo presentar dos gatos para que se lleven bien
El gato es un animal territorial, y un desconocido que aparece de golpe en su casa es una invasión. Por eso juntar dos gatos el primer día suele salir mal y deja heridas que tardan meses en curar. Hecho poco a poco, en cambio, la mayoría acaban conviviendo en paz.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Por qué no se puede hacer de golpe
Para un gato, su casa es su territorio, con sus olores, sus rutas y sus recursos. Si de repente aparece otro gato, lo vive como una amenaza, y el recién llegado, que está en un sitio desconocido, también está asustado. Si se encuentran así, lo normal es que haya bufidos, persecuciones o peleas, y el problema es que esa primera mala experiencia se queda: el gato residente puede asociar al nuevo con miedo durante meses. Una presentación gradual hace lo contrario: deja que los dos se acostumbren al olor y a la presencia del otro antes de verse, y que lo asocien con cosas buenas. Lleva más tiempo, pero ahorra muchísimo después.
Antes de empezar: elegir bien al segundo gato
La presentación funciona mucho mejor si los dos gatos encajan. Lo más importante es la edad y la energía: un gato joven y juguetón congenia mejor con otro parecido que con un gato mayor que solo quiere dormir, y un gatito revoltoso puede agobiar mucho a un gato de doce años. Si tu gato es muy tímido, busca uno tranquilo y no dominante. Si tu gato nunca ha convivido con otros gatos o ha mostrado agresividad con ellos, pregúntate si de verdad necesita compañía. Y antes de traer al nuevo, hazle al recién llegado el test de leucemia e inmunodeficiencia y desparasítalo, para no meter en casa una enfermedad.
Paso 1: una habitación para el recién llegado
El gato nuevo llega a una habitación propia, con la puerta cerrada, con todo lo que necesita: arenero, agua, comida, una cama, un escondite y un rascador. Ahí pasará los primeros días, a veces una o dos semanas, conociendo la casa por el olor y los sonidos sin tener que enfrentarse al residente. El gato de casa, mientras tanto, sigue con su vida normal en el resto de la casa. Pasa tiempo con los dos por separado y mantén las rutinas del residente lo más intactas posible: no es el momento de cambiarle el comedero de sitio ni de dejar de jugar con él.
Paso 2: intercambiar olores
El olor es el idioma de los gatos, así que la presentación empieza por la nariz. Frota con suavidad un calcetín o un paño por las mejillas de cada gato, donde tienen glándulas de olor, y deja el del uno en el territorio del otro. Cambia también las mantas de sitio. Cuando el nuevo esté tranquilo en su habitación, deja que recorra la casa mientras el residente está en otra habitación, y al revés, que el residente explore la habitación del nuevo. Así cada uno conoce el olor del otro sin tener que verlo. La señal para avanzar es que ninguno reaccione con bufidos o gruñidos al olor del otro.
Paso 3: comer a cada lado de la puerta
Uno de los trucos más útiles: dar de comer a cada gato a un lado de la puerta cerrada, al principio a cierta distancia y acercando poco a poco los comederos a la puerta día tras día. Comer es algo agradable y relajado, así que asocian el olor y los sonidos del otro gato con algo bueno. Puedes usar también premios muy apetecibles o comida húmeda para hacerlo más atractivo. Si uno de los dos deja de comer o bufa a la puerta, has ido demasiado rápido: retrocede los comederos y avanza más despacio. Esta fase puede durar unos días o un par de semanas.
Paso 4: verse con una barrera
Cuando coman tranquilos junto a la puerta, llega el contacto visual, con una barrera: una puerta entreabierta con un tope, una reja para niños alta o una mosquitera en el marco. Sesiones cortas, mientras comen o mientras juegas con cada uno con una caña, para que la presencia del otro vaya asociada a cosas buenas. Que se miren, se huelan a través de la barrera y se acostumbren a verse. Algún bufido aislado es normal; si hay mirada fija, cola erizada, gruñidos o intentos de atacar a través de la barrera, cierra y vuelve al paso anterior. Termina siempre antes de que se pongan nerviosos.
Paso 5: juntos, con supervisión
Cuando se vean tranquilos con la barrera de por medio, ábrela en un momento tranquilo, con juego o comida, y supervisa. Deja que se acerquen a su ritmo, sin forzar. Al principio, ratos cortos, y vuelve a separarlos cuando no estés en casa. Ten a mano una manta o un cojín para interponer si hay una pelea, nunca las manos. Ve alargando los ratos juntos según vaya bien. Muchos gatos pasan por una fase de cierta tensión, de evitarse o de algún bufido, antes de llegar a la calma; lo importante es que no haya persecuciones ni peleas que dejen heridas.
Recursos para que no compitan
Una buena convivencia entre gatos depende mucho de que no tengan que competir por lo que necesitan. Un arenero por gato y uno más, en sitios distintos de la casa, no todos juntos. Varias zonas de comida y de agua. Rascadores, escondites y sitios en alto suficientes para que cada uno tenga los suyos y puedan cruzarse sin encontrarse de frente. Un gato puede bloquear el paso al arenero o al comedero del otro sin pelearse, y eso es una forma de conflicto silencioso que acaba en pis fuera del arenero o en un gato que no come. Los difusores de feromonas felinas pueden ayudar algo en algunos casos.
Cuánto tarda y cuándo pedir ayuda
Entre dos semanas y dos o tres meses, según los gatos. Algunos acaban durmiendo juntos y lamiéndose; otros llegan a una tolerancia educada, cada uno por su lado, y eso también es un éxito. Va bien si comen, juegan y usan el arenero con normalidad, y se cruzan sin tensión. Va mal si hay peleas con heridas, si uno vive escondido o deja de comer, o si aparece pis fuera del arenero. En ese caso, vuelve a separarlos y empieza otra vez por fases. Si no mejora, consulta a tu veterinario, que puede derivarte a un especialista en comportamiento felino, antes de que el conflicto se cronifique.
Nunca de golpe: habitación propia para el nuevo, intercambio de olores, comida a cada lado de la puerta, contacto con barrera y, por último, ratos juntos supervisados. Un arenero por gato y uno más, y recursos repartidos. Si un paso sale mal, retrocede: la prisa es lo que estropea la convivencia.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.