Perro y gato en la misma casa: cómo hacer que se lleven bien
Perros y gatos pueden convivir perfectamente, e incluso dormir juntos. Lo que casi nunca funciona es juntarlos el primer día a ver qué pasa. La clave está en el ritmo, en el perro concreto y en que el gato tenga siempre un sitio a salvo.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
No se odian: depende de los dos
La idea de que perros y gatos se llevan mal viene más de los dibujos animados que de la realidad. Millones de casas tienen los dos, y muchos acaban siendo inseparables. Lo que decide la convivencia es, por el lado del perro, su instinto de persecución: el impulso de correr detrás de lo que se mueve rápido y pequeño. Y por el lado del gato, su carácter y su experiencia: un gato que ha vivido con perros, confiado y que no huye a la primera, lo pone todo más fácil que uno miedoso que sale disparado, porque la huida es justo lo que dispara la persecución. Por eso importa el perro concreto y el gato concreto, más que las especies.
Si el que llega es el gato
Cuando el perro ya está en casa, el gato llega a un territorio ajeno y con un animal grande. Ponle una habitación propia, cerrada, con arenero, agua, comida, un escondite y sitios en alto, donde pueda estar tranquilo los primeros días sin ver al perro. Durante ese tiempo, intercambia olores: frota una manta o un calcetín con cada uno y dáselo al otro, y deja que se huelan por debajo de la puerta. Cuando el gato ya esté explorando su habitación con confianza, deja que recorra el resto de la casa mientras el perro está fuera o en otra habitación, para que se familiarice con su olor sin tener que verlo.
Si el que llega es el perro
Cuando el gato ya vive en la casa, lo más importante es que no pierda su territorio. Antes de que llegue el perro, asegúrate de que el gato tiene alturas, escondites, un sitio para comer y un arenero a los que el perro no pueda llegar. El perro, mejor que pase los primeros días en una zona de la casa, y el gato con acceso libre al resto. Un cachorro aprende rápido a respetar al gato si se le guía desde el principio; un perro adulto que no ha visto gatos necesita más tiempo y más control. Pregunta siempre, si adoptas un perro, si lo han probado con gatos: es el dato más útil que existe.
El primer contacto visual
Cuando ninguno de los dos reacciona al olor del otro, empieza el contacto visual, siempre con una barrera de por medio: una reja para niños, una puerta entreabierta con tope, una mosquitera. El perro, con correa y arnés, y premiado con comida cuando está tranquilo y aparta la mirada del gato, no cuando lo mira fijamente, porque así lo que aprende es a fijarse. El gato, con libertad para irse y un sitio alto desde el que observar. Sesiones cortas, de pocos minutos, varias veces al día, terminando antes de que ninguno se ponga nervioso. Si el gato se esconde o el perro no acepta la comida, hay que ir más despacio.
En la misma habitación
Solo cuando el perro pueda ignorar al gato con la barrera en medio, de forma repetida y varios días seguidos. Al principio con el perro sujeto con una correa larga que puedas pisar, para frenar una persecución sin gritar ni correr tú detrás, que es lo que convierte un susto en un juego peligroso. El gato, siempre con vías de escape en alto, nunca acorralado en un pasillo. Deja que sea el gato quien se acerque si quiere. Y nunca los dejes solos hasta que lleves semanas de calma total; si el perro tiene un instinto de persecución fuerte, sepáralos cuando no haya nadie en casa, sin verlo como un fracaso.
El territorio del gato, a salvo
Hay tres cosas del gato que el perro no debe poder alcanzar. Sitios en alto repartidos por la casa, para que pueda moverse por arriba sin bajar al suelo. Su comida: los perros adoran la comida de gato, que es más grasa y más proteica, y un gato al que le roban o le interrumpen la comida acaba comiendo mal. Ponla en alto o en una habitación con gatera. Y el arenero: muchos perros comen de la bandeja, algo desagradable y con riesgo de parásitos, y un gato que no se siente seguro en su arenero empieza a hacer sus necesidades fuera. Una gatera o una puerta con un tope que solo deje pasar al gato lo resuelve todo.
Qué perros suelen ir mejor
Los de instinto de persecución bajo y carácter tranquilo: muchas razas de compañía, los retrievers, algunos molosos tranquilos, y muchos galgos, aunque no todos, que en los rescates suelen probar con gatos antes de darlos en adopción. Los terriers son más arriesgados, porque se criaron para cazar animales pequeños; los sabuesos siguen todo lo que se mueve; y los perros de pastoreo pueden intentar arrear al gato, que no le hace ninguna gracia. Dentro de cada raza hay muchísima variación, así que vale más un perro adulto probado con gatos que cualquier lista. Y por el lado del gato, los adultos confiados y que no huyen lo llevan mucho mejor que los gatitos o los muy miedosos.
Cuánto tarda y cómo saber si va bien
De dos semanas a un par de meses, según los dos animales. Va bien cuando el perro deja de fijarse en el gato, cuando el gato baja de sus alturas, come y usa el arenero con normalidad, y cuando se ignoran o se buscan sin tensión. Va mal cuando el perro se queda rígido y clavado mirando al gato, con el cuerpo hacia delante, que es la antesala de la persecución; cuando el gato bufa a menudo, vive escondido o deja de comer o de usar el arenero; o cuando hay carreras. Si después de varias semanas no mejora, retrocede fases y pide ayuda a un veterinario especializado en comportamiento o a un educador.
Gatitos, cachorros y casos especiales
Un cachorro y un gatito que crecen juntos suelen llevarse muy bien, pero cuidado con el tamaño: un cachorro grande que juega bruscamente puede hacer daño a un gatito sin querer, así que hay que supervisar y separar cuando el juego se pasa de frenada. Con un gato mayor o con dolor, como uno con artrosis, un perro joven y pesado puede ser una fuente de estrés constante: dale espacios aún más protegidos. Y si el perro tiene historial de haber atacado a gatos, la convivencia puede no ser posible, o requerir un trabajo profesional largo. En esos casos, la seguridad del gato va primero.
Pueden convivir de sobra, pero no el primer día. Intercambia olores, haz el primer contacto con barrera, premia al perro cuando está tranquilo y dale al gato alturas, comida y un arenero a los que el perro no llegue. Sin prisa y sin dejarlos solos hasta que lleven semanas de calma.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.