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17 de octubre de 2026 · 6 min de lectura

El primer día del gato en casa: qué hacer y qué no

El primer día marca mucho cómo se adapta un gato a su nueva casa. No hace falta hacer grandes cosas: casi todo consiste en tenerlo todo preparado, darle un sitio tranquilo y dejar que sea él quien marque el ritmo. Así se hace.

Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web

Australian Mist
Australian Mist · foto de Regis2007 (CC BY-SA 3.0)

Antes de que llegue

Prepáralo todo antes del día de la llegada. Elige una habitación tranquila, que pueda cerrarse, para los primeros días: un dormitorio poco usado, un despacho. Pon ahí un arenero con la misma arena que usaba, comida, agua lejos del arenero, una cama, un escondite como una caja de cartón con un agujero o el propio transportín abierto, y un rascador. Revisa toda la casa: mallas en ventanas y balcones, plantas tóxicas fuera, especialmente lirios, cables protegidos, hilos y gomas guardados, la lavadora y el lavavajillas cerrados. Ten ya un veterinario elegido. Y pregunta a la protectora o al criador qué pienso come, para no cambiarlo de golpe.

El viaje a casa

El gato tiene que viajar siempre en un transportín, rígido mejor que de tela, y bien cerrado. Nunca suelto en el coche ni en brazos, por muy tranquilo que parezca: un gato asustado puede escaparse en un segundo al abrir una puerta. Pon dentro una toalla o una manta con su olor, si puedes, y cubre el transportín con una tela para que se sienta más resguardado. Habla con calma, evita la música alta y los frenazos, y no abras el transportín durante el viaje. Si llora, es normal: lo está pasando mal, pero se le pasará al llegar a un sitio tranquilo.

La llegada: directo a su habitación

Al llegar, ve directamente a la habitación preparada, cierra la puerta, pon el transportín en el suelo y ábrelo. No lo saques a la fuerza: deja que salga cuando quiera, aunque tarde una hora. Siéntate en el suelo, habla en voz baja y no intentes cogerlo ni acariciarlo si no se acerca. Muchos gatos salen, olfatean un poco y se esconden debajo de la cama o en el escondite: es lo normal. Enséñale dónde está el arenero solo si sale, sin forzarlo. Y no organices visitas ni enseñes el gato a la familia el primer día: cuanta menos gente y ruido, mejor.

Si se esconde, déjalo

Un gato que se esconde los primeros días no es un gato que no te quiera o que vaya a ser huraño: es un gato que se está adaptando a un sitio desconocido de la única forma que sabe. No lo saques del escondite, no muevas los muebles para encontrarlo y no lo persigas. Comprueba que come, bebe y usa el arenero, aunque sea de noche, cuando no hay nadie. Pasa tiempo en la habitación, leyendo o con el móvil, sin pedirle nada. Ofrécele comida rica o juega con una caña cerca del escondite. Poco a poco irá saliendo. Unos gatos tardan horas, otros días, y los más tímidos, alguna semana.

Lo que hay que vigilar

Hay una cosa que no puede esperar: que coma y que haga pis. Un gato que no come nada en veinticuatro o cuarenta y ocho horas debe ir al veterinario, porque los gatos que dejan de comer pueden desarrollar un problema de hígado graso, peligroso. Y un gato, sobre todo un macho, que entra al arenero y no hace pis, o lo hace a gotas, puede tener una obstrucción urinaria, que es una urgencia. Es normal que coma poco el primer día o que haga sus necesidades por la noche; lo que no es normal es que no coma nada en dos días o que no orine. En ese caso, veterinario sin esperar.

Ampliar el territorio, poco a poco

Cuando el gato ya sale con confianza en su habitación, come, juega y se acerca a ti, puedes abrir la puerta y dejar que explore el resto de la casa a su ritmo, sin cerrar la puerta de su habitación, que debe seguir siendo su refugio. Algunos tardan dos días en estar listos, otros dos semanas. Si en casa hay otros animales, este paso es distinto: la presentación tiene que ser gradual, con intercambio de olores y contacto con barrera, antes de que se encuentren. Y si la casa es grande, puedes ir abriendo habitación a habitación. Lo importante es que siempre pueda volver a su sitio seguro.

Los errores más comunes

Dejarlo suelto en toda la casa desde el primer minuto, que lo abruma y hace que se esconda en sitios imposibles. Sacarlo a la fuerza del escondite. Presentarlo de golpe al gato o al perro de casa. Recibirlo con visitas, niños excitados y ruido. Cambiarle el pienso y la arena el primer día. Bañarlo nada más llegar. Dejar ventanas abiertas, aunque sea un momento: los gatos recién llegados intentan escapar con frecuencia. Y esperar que se comporte como un gato que lleva años en casa. Cada uno de estos errores alarga la adaptación; evitarlos la acorta muchísimo.

Las primeras semanas

Durante las primeras semanas, mantén rutinas: comidas a horas fijas, juego a diario, el arenero limpio. Lleva al gato al veterinario en los primeros días o semanas para una revisión, aunque venga revisado, para que tenga un historial y te conozcan. Comprueba que el microchip está a tu nombre en el registro. Si hay que cambiar de pienso, hazlo poco a poco, mezclando durante una semana o más. Y ve conociéndolo: qué caricias le gustan, dónde le gusta dormir, a qué juega. La confianza de un gato se gana con paciencia, pero cuando la da, es para siempre.

El primer contacto con la familia

Cuando el gato ya explore con confianza, llega el momento de que conozca a toda la familia, pero de uno en uno y con calma. Que cada persona se siente en el suelo, le ofrezca la mano quieta para que la huela y deje que sea el gato quien se acerque. Un premio o un rato de juego con la caña ayuda a que asocie a cada persona con algo bueno. Con niños, explícales antes las normas: no cogerlo, no perseguirlo, no gritar cerca de él. Las visitas de fuera de casa, mejor cuando el gato ya lleve una o dos semanas y se mueva con soltura. Y nunca lo obligues a quedarse en brazos: un gato que puede irse siempre vuelve antes.

Si viene de la calle o es muy miedoso

Si el gato es muy tímido, viene de la calle o ha tenido malas experiencias, todo va más despacio. Puede pasar semanas escondido y salir solo de noche. Mantén la habitación como su refugio durante más tiempo, ve a verlo a menudo sin forzar el contacto, háblale con calma y ofrécele comida rica en tu presencia. Los difusores de feromonas felinas pueden ayudar algo a algunos gatos. Si después de varias semanas sigue sin comer bien, no sale nunca o muestra mucho miedo, consulta con tu veterinario, que puede derivarte a un especialista en comportamiento. La paciencia casi siempre tiene premio.

Lo que importa

Una habitación tranquila con todo preparado, viaje en transportín, abrirlo y dejar que salga cuando quiera, y nada de forzar el contacto. Vigila que coma y que haga pis: si no come en dos días o no orina, veterinario. Amplía el territorio poco a poco, y deja que sea el gato quien marque el ritmo.

Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.

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