Mudanza con gato: cómo hacerlo para que lo lleve bien
Para un gato, su casa es su territorio, y una mudanza lo pone patas arriba: olores, rutas y escondites que conocía desaparecen de golpe. Es una de las situaciones más estresantes que puede vivir. Pero con algo de planificación y paciencia, la mayoría de los gatos se adaptan a su nueva casa en unas semanas sin mayores problemas.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Por qué una mudanza es tan dura para un gato
El gato es un animal profundamente territorial. Su casa no es solo el sitio donde vive: es un mapa de olores propios, de rutas conocidas, de sitios en alto desde donde vigilar y de escondites en los que refugiarse. Ese conocimiento detallado del entorno es lo que le da seguridad. En una mudanza, primero ve cómo su territorio se desmonta en cajas, con ruidos y desconocidos entrando y saliendo, y después aterriza en un sitio que no huele a nada conocido. No es raro que un gato reaccione escondiéndose, comiendo menos, maullando más o, en algunos casos, haciendo pis fuera del arenero o marcando. Todo esto es normal en los primeros días, y se puede reducir mucho.
Semanas antes: el transportín
Si tu gato solo ve el transportín cuando va al veterinario, meterle en él el día de la mudanza será una batalla. Empieza semanas antes: deja el transportín abierto en casa, como un mueble más, con una manta y algún premio dentro, para que lo explore y hasta duerma en él. Si va a ser un viaje largo en coche, practica trayectos cortos antes. Saca también las cajas de mudanza con tiempo y ve empaquetando poco a poco, para que los cambios sean graduales y no un caos de un día. Muchos gatos disfrutan explorando las cajas. Mantén sus rutinas de comida y juego lo más estables posible durante todo ese tiempo: en medio del cambio, lo que no cambia le da seguridad.
Revisa la salud y el microchip
Antes de la mudanza, haz una visita al veterinario si hace tiempo que no la haces, sobre todo si el gato es mayor o tiene alguna enfermedad, y lleva al día las vacunas y la desparasitación. Si tu gato es de los que se estresan mucho, coméntalo, porque el veterinario puede valorar algún tipo de ayuda para el día del traslado. Pide una copia de su historial si vas a cambiar de veterinario, y localiza uno nuevo cerca de la casa nueva, y también una urgencia 24 horas. Y algo muy importante: actualiza los datos del microchip con la nueva dirección y tu teléfono. En las primeras semanas en una casa nueva, el riesgo de que un gato se escape y se pierda es mayor.
El día de la mudanza
El día del traslado es el más peligroso: puertas abiertas, gente desconocida, ruidos y muebles moviéndose. Lo más seguro es que el gato no esté en medio. Una opción es dejarle durante todo el día en una habitación cerrada y vacía, que se vaciará la última, con su arenero, agua, comida, una cama y su transportín abierto, y un cartel en la puerta que diga que no se abra. Otra es dejarle ese día en casa de alguien de confianza o en una residencia felina. Lo que no hay que hacer es dejarle suelto por la casa mientras entran y salen los de la mudanza. Cuando llegue el momento, mételo en el transportín, con calma y sin perseguirle, y llévalo tú en el coche, nunca en el camión.
La primera habitación en la casa nueva
Al llegar a la casa nueva, no sueltes al gato por toda la casa. Prepara antes una habitación tranquila que será su base durante los primeros días, con todos sus recursos: arenero con su arena de siempre, agua, comida, su cama, una manta o ropa con su olor y el olor de la casa vieja, un rascador, juguetes y escondites, como cajas de cartón. Comprueba que no tiene huecos por los que pueda colarse, como detrás de electrodomésticos o en falsos techos, y que las ventanas están cerradas. Mételo allí, abre el transportín y deja que salga cuando quiera. Pasa tiempo con él en esa habitación. Algunos gatos exploran en minutos, otros pasan un día escondidos: es normal.
Ampliar el territorio poco a poco
Cuando el gato se muestre tranquilo en su habitación base, explorándola, comiendo y usando el arenero con normalidad, empieza a abrirle el resto de la casa poco a poco, una habitación cada vez, preferiblemente cuando haya calma. Deja siempre abierta la habitación base, para que pueda volver a ella si se asusta. Ayuda mucho llevar su olor por la casa: frota suavemente un paño en sus mejillas y pásalo por las esquinas de los muebles y los marcos de las puertas a la altura del gato, imitando lo que él hace al frotarse. Un difusor de feromonas faciales en la casa nueva, enchufado unos días antes si es posible, puede ayudar como apoyo. En una o dos semanas, la mayoría se sienten en casa.
Revisa la casa con ojos de gato
Una casa nueva tiene peligros que no conoces. Antes de que el gato la explore, revisa ventanas y balcones, y si no tienen red, plantéate ponerla: una casa nueva con un balcón desconocido es una situación de riesgo para las caídas. Busca huecos detrás de muebles de cocina, electrodomésticos o armarios empotrados en los que un gato asustado pueda meterse y quedar atrapado. Comprueba si los anteriores inquilinos tenían animales, porque el gato puede reaccionar a sus olores marcando, y limpia con un limpiador enzimático las zonas sospechosas. Revisa las plantas, sobre todo si hay lirios u otras tóxicas en la casa o el jardín. Y localiza todas las salidas al exterior que puedan quedarse abiertas.
Si tu gato sale al exterior
Un gato con acceso al exterior necesita un cuidado especial tras una mudanza. Hay que mantenerlo dentro de casa durante al menos tres o cuatro semanas, y a veces más, hasta que reconozca la nueva casa como su territorio. Si sale antes, puede perderse o intentar volver a su antigua casa, sobre todo si está cerca: hay muchos casos de gatos que aparecen en su antiguo barrio. Cuando llegue el momento, haz las primeras salidas acompañado, poco antes de su comida, para que tenga un motivo para volver, y en horas tranquilas. Si la mudanza es corta, avisa a tus antiguos vecinos de que pueden verle por allí. Y es un buen momento para plantearse si conviene que siga saliendo.
Señales de que no se está adaptando
Es normal que un gato esté raro durante los primeros días o incluso semanas tras una mudanza: más escondido, más pegajoso, más hablador o con menos apetito. Pero hay señales que merecen atención. Si un gato pasa más de un día sin comer, puede tener un problema serio, sobre todo si tiene sobrepeso. Si no orina, o si es un macho y lo ves esforzarse en el arenero, es una urgencia. Si hace pis fuera del arenero o marca de forma repetida, si se lame en exceso hasta hacerse calvas o si sigue escondido y asustado tras varias semanas, consulta al veterinario. El estrés de una mudanza puede desencadenar problemas como la cistitis idiopática, y tratarlo a tiempo ayuda.
Prepara el transportín semanas antes, actualiza el microchip y el día del traslado deja al gato en una habitación cerrada o fuera de casa. En la casa nueva, empieza por una sola habitación con todos sus recursos y su olor, y amplía el territorio poco a poco. Si sale al exterior, al menos tres o cuatro semanas sin salir.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.