Socializar a un gatito: la ventana que se cierra antes de lo que crees
El periodo en el que un gatito aprende que las personas, los ruidos y los cambios no son peligrosos es corto y muy temprano: buena parte ocurre antes de que llegue a tu casa. Por eso importa tanto de dónde viene. Pero lo que hagas en sus primeros meses contigo también cuenta mucho, y hay que hacerlo bien.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
La ventana sensible: de las dos a las siete semanas
Los gatitos tienen un periodo sensible de socialización muy temprano, aproximadamente entre las dos y las siete u ocho semanas de vida. En ese tiempo, su cerebro está especialmente abierto a aceptar como normal todo lo que encuentra: personas, otros animales, ruidos, olores, manipulaciones. Los estudios clásicos sobre esta etapa comprobaron que los gatitos manipulados con suavidad por varias personas durante esas semanas eran después mucho más confiados con los humanos que los que no lo habían sido. Eso significa que buena parte de la socialización ocurre antes de que el gatito llegue a su casa definitiva, y depende de quién lo cría. Después, el aprendizaje sigue, pero es más lento.
Por qué importa tanto de dónde viene
Un gatito que ha pasado sus primeras semanas en una casa, con su madre y sus hermanos, oyendo la aspiradora y la televisión, siendo cogido con cariño por varias personas, tiene una enorme ventaja sobre uno criado aislado o en la calle sin contacto humano. Por eso, si vas a adoptar o comprar, pregunta cómo se ha criado: si ha estado en casa, con cuánta gente ha tenido contacto, si conoce otros animales. Los gatitos de madres ferales nacidos en la calle pueden socializarse si se rescatan pronto, pero cuanto más tarde, más difícil. La genética también influye: el carácter del padre se transmite en parte, y padres confiados tienden a tener gatitos confiados.
A qué edad adoptarlo
Un gatito no debería separarse de su madre y sus hermanos antes de las ocho semanas, y lo ideal es entre las diez y las doce. En esas semanas con su familia aprende cosas que ninguna persona le puede enseñar: a medir la fuerza de sus mordiscos jugando con sus hermanos, a comunicarse con otros gatos, a usar el arenero imitando a su madre, a calmarse. Los gatitos separados demasiado pronto suelen tener más problemas de comportamiento, como mordiscos fuertes al jugar, miedo o dependencia excesiva. Si encuentras un gatito muy pequeño en la calle, la situación es distinta, y necesitará cuidados especiales. Adoptar dos gatitos juntos es además una excelente idea para su desarrollo social.
Personas: muchas, distintas y amables
En sus primeros meses contigo, sigue presentándole a personas de forma tranquila y positiva: hombres, mujeres, niños, personas con gafas, con gorra, con barba, de distintas edades. La clave es que cada encuentro sea agradable y que el gatito tenga siempre el control: que pueda acercarse si quiere y alejarse si no. Pide a las visitas que se sienten en el suelo y le ofrezcan un juguete o un premio, en vez de cogerle en brazos nada más llegar. Si hay niños, enséñales a acariciarle con suavidad, a no perseguirle y a respetar cuando se va. La calidad importa más que la cantidad: una experiencia mala puede pesar más que diez buenas. Sin forzar nunca.
Ruidos y objetos de la casa
Acostúmbrale poco a poco a los sonidos normales de una casa: la aspiradora, la lavadora, el secador, el timbre, la televisión, las ollas. Empieza con el ruido a distancia y a un volumen bajo, mientras juega o come algo rico, y ve acercándote poco a poco a lo largo de los días. Si se asusta, aléjalo del ruido y vuelve a empezar más suave. También puedes aprovechar para presentarle objetos nuevos: paraguas, bolsas, cajas, una escoba. Un gatito que aprende de pequeño que los ruidos y objetos extraños no son peligrosos será un adulto mucho más tranquilo. Puedes usar grabaciones de sonidos, como tráfico, tormentas o petardos, a volumen muy bajo y subiéndolo despacio.
Manipulación: patas, boca y orejas
Es el momento perfecto para que se acostumbre a cosas que tendrás que hacerle toda la vida: cortarle las uñas, revisarle los dientes y las orejas, cepillarle, darle una pastilla o ponerle un collirio. Haz sesiones muy cortas, cuando esté relajado: tócale una pata un segundo y dale un premio; luego sostén la pata un poco más; luego aprieta suavemente para que salga una uña. Lo mismo con la boca, levantándole un momento el labio, y con las orejas. Siempre con premios, siempre parando antes de que se incomode. Si lo haces bien, tendrás un gato adulto al que podrás cuidar sin dramas, y las visitas al veterinario serán mucho más fáciles para todos.
El transportín, el coche y el veterinario
Una de las cosas más útiles que puedes enseñar a un gatito es que el transportín es un sitio agradable. Déjalo abierto en casa como una cama más, con una manta y algún premio dentro, para que entre y salga a su antojo. Haz viajes cortos en coche que no terminen en el veterinario, y algunas visitas al veterinario solo para saludar, pesarle y recibir un premio, sin pinchazos ni exploraciones. En algunas clínicas que trabajan con gatos aceptan de buen grado estas visitas amables. Un gato que de adulto no teme al transportín ni a la consulta recibe mejor atención veterinaria toda su vida, porque sus dueños no retrasan las visitas por miedo al drama.
Otros animales
Si en casa hay otros gatos o un perro, la presentación debe ser gradual, aunque el gatito sea pequeño. Primero, que se huelan a través de una puerta e intercambiando mantas; después, que se vean a través de una barrera; y solo después, que estén juntos bajo supervisión, siempre con vías de escape y sitios en alto para el gatito. Un perro tranquilo y acostumbrado a gatos puede ser un buen compañero, pero hay que asegurarse de que no le persigue. Si el gatito no vive con otros animales, puede ser útil que conozca, de forma tranquila y controlada, a algún gato o perro amigable de confianza. Siempre con las vacunas al día y sin forzar los encuentros.
Lo que no hay que hacer
Socializar no es exponer al gatito a todo de golpe. Llevarle a sitios llenos de gente, pasarle de mano en mano en una reunión familiar o dejar que los niños le persigan para que se acostumbre puede tener el efecto contrario y generarle miedo. Tampoco hay que forzarle a salir de un escondite ni a aceptar una caricia que no quiere. Jugar con él usando las manos le enseñará que las manos son presas, y castigarle por morder o arañar solo le enseña a desconfiar de ti. La regla de oro es que cada experiencia nueva sea positiva o, como mínimo, neutra, y que el gatito pueda retirarse si se agobia. Paciencia: es mejor ir despacio que deprisa.
Y si ya es un adulto miedoso
Si tu gato ya es adulto y no tuvo una buena socialización, no está todo perdido. Muchos gatos adultos tímidos o miedosos mejoran mucho con paciencia, un entorno con escondites y sitios en alto, rutinas predecibles, mucho juego y un acercamiento basado en dejar que el gato tenga el control. El progreso será más lento que con un gatito y puede que nunca sea un gato de regazo, pero puede llegar a vivir tranquilo y a confiar en su familia. Si el miedo es muy intenso y le impide tener una vida normal, consulta al veterinario, que puede valorar la ayuda de un especialista en etología clínica. Y recuerda que no todos los gatos tienen que ser sociables con todo el mundo.
La ventana sensible del gatito va de las dos a las siete u ocho semanas, por eso importa tanto cómo se ha criado: elige gatitos criados en casa y adóptalos entre las diez y las doce semanas. Después, sigue presentándole personas, ruidos, manipulación, transportín y otros animales poco a poco, siempre con premios y sin forzar.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.