Cuando muere tu gato: el duelo, los trámites y cómo seguir adelante
Perder a un gato duele, a veces muchísimo, y no hay que justificarlo ante nadie. Ha estado contigo quince años, en tu casa, en tu rutina y en los momentos difíciles. Aquí tienes algunas cosas prácticas que conviene saber en esos días, y algunas ideas para atravesar el duelo con un poco menos de peso.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Un duelo de verdad
El dolor por la muerte de un animal de compañía es un duelo real, con tristeza, llanto, falta de energía, insomnio o dificultad para concentrarse, y puede ser tan intenso como el que se siente por una persona cercana. Tiene sentido: tu gato formaba parte de tu día a día, te esperaba al llegar, dormía contigo, y su ausencia se nota en cada rincón de la casa. A veces el entorno no lo entiende y responde con frases como «solo era un gato» o «cómprate otro». Los psicólogos hablan de duelo no reconocido para describir esa pena que la sociedad no valida, y que precisamente por eso puede hacerse más difícil. Tu dolor no necesita permiso.
La culpa
Es una de las emociones más frecuentes tras la muerte de un gato. Pensar si deberías haberte dado cuenta antes, si deberías haber ido al veterinario otra vez, si la decisión de la eutanasia fue precipitada o tardía, si podrías haber evitado el accidente. Es normal hacerse esas preguntas, pero conviene recordar que los gatos esconden muy bien sus enfermedades, que las decisiones se toman con la información que se tiene en cada momento, y que el hecho de que te lo preguntes demuestra cuánto te importaba. Si la culpa te persigue, hablarlo con tu veterinario puede ayudar: suele poder explicarte qué pasó y si había algo que se pudiera haber hecho de otra manera.
Qué hacer con su cuerpo
Si tu gato muere en la clínica o es eutanasiado, el veterinario te preguntará qué quieres hacer, y si muere en casa, puedes llamarle para que te oriente. Las opciones más habituales son la incineración colectiva, en la que no se recuperan las cenizas, que cuesta entre 50 y 120 €; y la incineración individual, en la que recibes sus cenizas en una urna, entre 150 y 350 € según la empresa y la urna elegida. Hay también cementerios de mascotas en algunas ciudades. Si muere en casa y necesitas tiempo, puedes mantener el cuerpo envuelto en una toalla en un sitio fresco unas horas, mientras decides. No hay prisa por tomar todas las decisiones en el momento.
¿Se puede enterrar en el jardín?
Es una pregunta frecuente. En España, los cuerpos de animales están regulados por la normativa sobre subproductos animales, y en general no se pueden enterrar en cualquier terreno. Algunas comunidades autónomas y ayuntamientos permiten el enterramiento de animales de compañía en terrenos privados bajo ciertas condiciones, como la profundidad, la distancia a pozos o cursos de agua, o la naturaleza del suelo, y otros no lo permiten. Antes de hacerlo, pregunta en tu ayuntamiento o a tu veterinario qué rige donde vives. Si lo que deseas es tenerlo cerca, la incineración individual permite guardar sus cenizas o esparcirlas en un lugar significativo, dentro de lo que permita la normativa.
Los trámites
Tras la muerte de tu gato, hay que comunicar la baja en el registro de identificación de animales de compañía de tu comunidad autónoma, donde está dado de alta su microchip. Normalmente lo hace el veterinario si el gato muere o se eutanasia en la clínica; si no, puedes pedírselo a él o hacerlo tú mismo según el procedimiento de tu comunidad. Si tenías seguro de salud o de responsabilidad civil para él, comunícaselo a la aseguradora para dar de baja la póliza. Y si estaba censado en tu ayuntamiento, también conviene comunicar la baja. Son gestiones pequeñas, pero hacerlas evita recibir avisos o recordatorios de vacunas que duelen.
Hablarlo con los niños
Con los niños, lo mejor es la honestidad, adaptada a su edad. Usa palabras claras: «ha muerto», en lugar de «se ha dormido» o «se ha ido», que pueden generar confusión o miedo a dormir. Explícales que su cuerpo dejó de funcionar y que no va a volver, y que estar tristes es normal. Déjales expresar su tristeza y comparte la tuya: ver que los adultos también lloran les ayuda a entender que es una emoción normal. Puede ayudarles participar en algún pequeño ritual de despedida, como hacer un dibujo, escribirle una carta, plantar una flor o elegir una foto para un marco. Es posible que pregunten lo mismo muchas veces: forma parte de su proceso.
Los otros animales de la casa
Si tenías otros gatos o un perro, es posible que noten la ausencia del que se ha ido. Algunos buscan a su compañero por la casa, maúllan más, comen menos, duermen en sus sitios o se vuelven más apegados a ti. Otros apenas parecen notar el cambio. Algunos veterinarios recomiendan, cuando es posible, dejar que el otro animal vea u huela el cuerpo de su compañero, aunque no hay pruebas firmes de que les ayude. Lo que sí ayuda es mantener sus rutinas de comida, juego y descanso lo más estables posible. Si el otro gato deja de comer más de un día o se muestra muy apático durante días, consulta al veterinario.
Pequeños rituales que ayudan
Muchas personas encuentran consuelo en hacer algo para recordar a su gato. Puede ser un álbum de fotos, guardar su collar o un mechón de su pelo, hacer una huella de su pata en arcilla, plantar un árbol o una planta en su memoria, escribirle una carta o donar a una protectora en su nombre los gastos que dedicabas a él, o su comida y sus cosas, si están en buen estado. No hay ritual correcto o incorrecto. Recoger sus cosas puede hacerse cuando sientas que estás preparado, ni antes ni después. Algunas personas necesitan guardarlo todo enseguida, y otras prefieren dejar su cama en su sitio durante un tiempo.
¿Cuándo adoptar otro gato?
No hay una regla. Algunas personas sienten que necesitan otro gato pronto, porque la casa se les hace insoportablemente vacía, y otras necesitan meses o años, o deciden no volver a tener gato. Las dos cosas están bien. Lo único que conviene evitar es adoptar uno buscando un sustituto exacto del que se fue: cada gato es único, y el nuevo tendrá su propio carácter, que no se parecerá al anterior aunque sea de la misma raza o del mismo color. Cuando llegue el momento, adoptar otro gato no es traicionar al anterior, sino una manera de honrar lo que aprendiste con él y de darle una casa a otro que la necesita.
Cuándo pedir ayuda
El duelo es un proceso natural y, con el tiempo, el dolor intenso se transforma en un recuerdo más sereno. Pero si pasados varios meses sigues sin poder hacer tu vida normal, si la tristeza no remite, si te aíslas, no duermes o no comes, o si tienes pensamientos de que la vida no tiene sentido, es importante pedir ayuda. Habla con tu médico de cabecera o con un psicólogo; hay profesionales con experiencia específica en duelo por animales. Si en algún momento tienes pensamientos de hacerte daño, llama al 024, la línea gratuita de atención a la conducta suicida, disponible las 24 horas. Pedir ayuda no es exagerar: es cuidarte.
El duelo por un gato es un duelo real, y la culpa es frecuente y casi siempre injusta. El veterinario te ayudará con la incineración (colectiva, 50–120 €; individual, 150–350 €) y con la baja del microchip. Con los niños, palabras claras. Mantén las rutinas de los otros animales. Y si el dolor no remite en meses, pide ayuda profesional.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.