La eutanasia en gatos: cómo saber cuándo es el momento y qué esperar
Decidir la eutanasia de un gato es una de las decisiones más difíciles que puede tomar una persona que lo quiere. No hay una fórmula exacta, pero sí formas de valorar su calidad de vida, un veterinario que te acompaña y algunas cosas que conviene saber para que esos últimos momentos sean tranquilos para él y para ti.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Una decisión de cuidado
La eutanasia significa, literalmente, «buena muerte». Cuando un gato tiene una enfermedad incurable, un dolor que no se puede controlar o un deterioro que le impide tener una vida digna, ayudarle a morir sin sufrimiento puede ser el último acto de cuidado que le das. No es rendirse ni abandonarle. Muchos veterinarios dicen que es preferible tomar la decisión un poco antes que un poco tarde, cuando el gato todavía tiene momentos buenos, en lugar de esperar a que sufra una crisis. Y casi todas las personas que han pasado por ello dicen lo mismo: lo más difícil es decidir; después, saber que dejó de sufrir trae una cierta paz.
Lo que dice la ley
En España, la Ley 7/2023 de bienestar animal establece que la eutanasia de un animal de compañía solo puede realizarla un veterinario, con un método que evite el sufrimiento y garantice una pérdida de consciencia inmediata, y bajo criterio veterinario, cuando el animal sufre una enfermedad o lesión que le provoca un sufrimiento que no se puede aliviar. La ley estatal no habla de un consentimiento por escrito, pero en la práctica las clínicas te pedirán que firmes uno, y algunas normas autonómicas lo exigen. Esto significa que la decisión no es solo tuya: tu veterinario te acompaña, valora la situación clínica y te ayuda a decidir. Si tienes dudas sobre el diagnóstico o el pronóstico, pedir una segunda opinión es perfectamente razonable.
Cómo valorar su calidad de vida
Hay escalas de calidad de vida que los veterinarios usan para ayudar a los dueños a valorar la situación de forma más objetiva. Se fijan en aspectos como el dolor, el apetito, la hidratación, la higiene, la movilidad, el ánimo y si hay más días buenos que malos. Algunas preguntas que puedes hacerte: ¿come lo suficiente, aunque sea con ayuda? ¿Bebe y orina con normalidad? ¿Puede moverse para llegar al arenero, a la comida, a su sitio favorito? ¿Se asea? ¿Sigue interesándose por ti o por lo que le rodea? ¿Su dolor está controlado? Si la respuesta a varias de estas preguntas es no, y no hay tratamiento que lo mejore, es el momento de hablarlo con tu veterinario.
El calendario de días buenos y malos
Una herramienta sencilla y muy útil es apuntar en un calendario, cada día, si ha sido un día bueno o un día malo para tu gato. Un día bueno puede ser uno en el que come, se mueve, ronronea, toma el sol o busca tu compañía; uno malo, uno en el que no come, se esconde, tiene dolor, vomita o no se levanta. Cuando los días malos empiezan a superar a los buenos, es una señal clara. Este registro ayuda a ver la tendencia con más perspectiva, porque cuando estás muy cerca de la situación, es fácil quedarse con el último día bueno y pensar que mañana será igual, o al revés, dejarse llevar por un día especialmente malo.
El dolor en los gatos no se ve fácilmente
Los gatos son expertos en ocultar el dolor, un instinto que les protegía de los depredadores. Por eso, un gato que no se queja puede estar sufriendo. Las señales de dolor felino suelen ser sutiles: se esconde, deja de asearse o se asea en exceso una zona, duerme en posturas encogidas, con la cabeza baja, deja de saltar, se mueve poco, tiene los ojos entrecerrados, las orejas separadas o la boca tensa, come menos, se vuelve irritable o, al contrario, muy apagado. Investigadores de la Universidad de Montreal desarrollaron una escala de expresiones faciales de dolor en gatos que ayuda a reconocerlo. Pregunta a tu veterinario si el dolor de tu gato está realmente controlado.
Cómo es el proceso
Saber cómo es ayuda a no tener miedo. Lo habitual es que el veterinario aplique primero un sedante o anestésico, que hace que el gato se duerma profundamente en unos minutos, sin enterarse de nada más. Después, cuando está totalmente inconsciente, se le administra el fármaco eutanásico, normalmente por vía intravenosa, que detiene el corazón en poco tiempo. Es un proceso tranquilo y sin dolor. Conviene saber que, después de fallecer, es normal que los ojos queden abiertos, que haya algún movimiento muscular reflejo o una última respiración profunda, o que se vacíe la vejiga. No significa que sufra: son reflejos del cuerpo, cuando el gato ya no está consciente.
¿Estar presente o no?
No hay una respuesta correcta. Muchas personas quieren estar con su gato hasta el final, acariciándole y hablándole, y sienten que eso les ayuda en el duelo. Otras sienten que no podrían soportarlo y prefieren despedirse antes. Las dos opciones son válidas, y ninguna dice nada sobre cuánto querías a tu gato. Si decides estar presente, el veterinario te explicará cada paso y te dará el tiempo que necesites. Si prefieres no estar, despídete con calma antes y confía en que el equipo veterinario le tratará con cariño. Si hay niños, valora según su edad y madurez si participan en la despedida antes, durante o solo después.
En casa o en la clínica
Muchos veterinarios ofrecen la posibilidad de hacer la eutanasia en casa, lo que evita al gato el estrés del transportín y del viaje, y le permite despedirse en su entorno, en su sitio favorito, con su familia. Es una opción muy valorada, sobre todo con gatos que se estresan mucho en la clínica. En la clínica, el proceso cuesta habitualmente entre 60 y 150 €; a domicilio, entre 120 y 300 €, según la zona y la hora. A esto hay que sumar la incineración, colectiva o individual. Pregunta a tu veterinario qué opciones ofrece y, si puedes, decide estos detalles con antelación, para no tener que hacerlo en el último momento.
Prepararse para la despedida
Si la situación lo permite, puedes elegir el día y prepararlo. Algunas personas dedican los últimos días a mimarle con su comida favorita, aunque normalmente no se la dejaran comer, dejarle tomar el sol en su ventana, tenerle en brazos o en la cama. Pueden venir a despedirse las personas importantes para él. Pregunta al veterinario si conviene que esté en ayunas, por la sedación. Ten pensado de antemano qué quieres hacer con su cuerpo, para no tener que decidirlo en el momento. Y date permiso para estar triste: no tienes que ser fuerte ese día. El personal veterinario está acostumbrado a acompañar a las familias en estos momentos.
Después
Es normal sentir una mezcla de tristeza, alivio por que haya dejado de sufrir y culpa por haber tomado la decisión. Todas estas emociones forman parte del duelo. Recuerda que decidiste con la información que tenías, con el consejo de un profesional y pensando en su bienestar. Muchas personas sienten, con el tiempo, que fue la decisión correcta, aunque en el momento les pareciera imposible. Si tienes otros animales, mantén sus rutinas. Y si el dolor se hace muy difícil de llevar, habla con alguien de confianza o con un profesional. Los primeros días son los más duros, pero poco a poco el recuerdo de los buenos años va ganando terreno.
La eutanasia es un acto de cuidado cuando el sufrimiento de tu gato no se puede aliviar. Valora con tu veterinario su calidad de vida, apunta días buenos y malos, y no esperes a una crisis. El proceso empieza con una sedación profunda, es tranquilo y sin dolor, y puede hacerse en casa (120–300 €) o en la clínica (60–150 €).
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.