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Apartado 21 de 21

La despedida

Llega el día en que el tratamiento ya no basta. Saber reconocerlo y prepararlo con el veterinario hace que el final sea tranquilo para tu gato y un poco más llevadero para ti.

Europeo de pelo corto. Quince o veinte años de rutinas compartidas: el duelo por un gato es un duelo de verdad.
Quince o veinte años de rutinas compartidas: el duelo por un gato es un duelo de verdad.Europeo de pelo corto · foto de Manateknik (CC BY-SA 4.0)
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Cómo saber que se acerca

Los gatos esconden el sufrimiento hasta muy tarde, y eso hace más difícil verlo. Algunas señales: deja de comer o come muy poco aunque le ofrezcas lo que más le gusta, se esconde y no busca compañía, deja de acicalarse, pierde peso y músculo, ya no usa el arenero, respira con dificultad o se queda encogido con la cabeza baja y los ojos entrecerrados. Una herramienta útil es puntuar su calidad de vida una vez por semana, por escrito: si come, si bebe, si tiene dolor, si se mueve, si se asea, si sigue interesado por lo que pasa en casa. La costumbre diaria nos ciega al deterioro lento.

Británico de pelo corto. Puntuar su calidad de vida cada semana ayuda a ver lo que la costumbre esconde.
Puntuar su calidad de vida cada semana ayuda a ver lo que la costumbre esconde.Británico de pelo corto · foto de W2k2 (CC BY 4.0)

Hablarlo con el veterinario antes

Es mucho mejor hablar del final con tu veterinario cuando todavía no ha llegado. Pregúntale qué señales debes vigilar en la enfermedad concreta de tu gato, qué opciones hay para controlar el dolor y qué se puede esperar. La eutanasia, cuando llega el momento, es un procedimiento tranquilo: primero se le seda profundamente para que se duerma, y después se administra el fármaco que detiene el corazón sin que se entere. Muchos veterinarios hacen eutanasias a domicilio, algo que muchos gatos agradecen porque se ahorran el transportín y la clínica.

Estar o no estar

Puedes quedarte con él hasta el final, acariciándolo y hablándole, o despedirte antes y esperar fuera. No hay una opción correcta. Hay quien necesita acompañar y quien no podría, y ambas son formas legítimas de querer. Si hay niños en casa, explícales lo que pasa con palabras sencillas y verdaderas; las fórmulas como «se ha ido de viaje» suelen confundir más. Si hay otros gatos, algunos dueños les dejan ver y oler el cuerpo; no hay pruebas firmes de que les ayude, pero tampoco les hace daño.

Siberiano. La última etapa merece tanto cuidado como la primera.
La última etapa merece tanto cuidado como la primera.Siberiano · foto de Joesadlon (CC BY-SA 4.0)

Después: lo práctico

Hay que decidir qué hacer con el cuerpo, y es mejor saberlo antes que elegirlo llorando en un mostrador. Las opciones habituales son la incineración colectiva o la individual con devolución de cenizas, y los precios varían según la zona y el servicio. Si vives en el campo, infórmate de lo que permite la normativa de tu comunidad antes de enterrarlo en un terreno propio. También hay que dar de baja el microchip en el registro de tu comunidad y, si tenía seguro, comunicarlo. Son trámites pequeños que ayudan a cerrar.

El duelo, que es real

Perder a un gato duele como duelen las pérdidas, y mucha gente lo vive con la sensación añadida de que no tiene derecho a estar así por un animal. Lo tiene: han sido quince o veinte años de rutinas compartidas, y la casa se queda en silencio. Si hay otros gatos, es posible que también cambien durante unas semanas: que coman menos, busquen al que falta o maúllen más; mantén sus rutinas y dales atención. No hay un plazo correcto para tener otro gato. Y si el duelo se hace muy largo o te impide seguir con tu vida, pedir ayuda profesional no es exagerar.

En resumen

Habla del final con tu veterinario antes de que llegue y puntúa su calidad de vida por escrito cada semana. La eutanasia bien hecha es tranquila, y puede hacerse en casa. El duelo por un gato es un duelo de verdad.

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