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17 de octubre de 2026 · 6 min de lectura

Artrosis en el gato: el dolor que casi nadie ve

Durante años se pensó que la artrosis era cosa de perros. Hoy se sabe que afecta a la gran mayoría de los gatos de edad avanzada, pero lo esconden tan bien que casi nunca se diagnostica. Si tu gato ya no salta como antes, quizá no sea la edad: quizá le duele.

Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web

Europeo de pelo corto
Europeo de pelo corto · foto de Heikki Siltala (CC BY-SA 3.0)

Mucho más frecuente de lo que se cree

La artrosis o enfermedad articular degenerativa es el desgaste progresivo del cartílago de las articulaciones, con inflamación y dolor. En los estudios con radiografías, una gran mayoría de los gatos de más de doce años tiene signos de artrosis, y también una parte importante de los gatos de mediana edad. Las articulaciones más afectadas son los codos, las caderas, las rodillas, los tarsos y la columna. Influyen la edad, la obesidad, las lesiones antiguas, como fracturas o caídas, y algunas razas: los Scottish Fold sufren una enfermedad del cartílago ligada a la mutación de sus orejas que provoca artrosis grave desde jóvenes, y el Maine Coon y el persa tienen más displasia de cadera.

Por qué casi nunca cojean

El gato reparte el peso entre cuatro patas, es ligero y muy hábil adaptándose, así que en lugar de cojear cambia su forma de moverse y su rutina. Además, como cazador que también es presa, esconder el dolor está en su naturaleza. En la consulta, con el estrés, el gato se queda quieto en la mesa y es muy difícil verle nada. Por eso el diagnóstico de la artrosis felina depende mucho más de lo que tú observas en casa que de lo que el veterinario ve en diez minutos de consulta. Lo que cuentes es la parte más importante.

Las señales en casa

Salta menos o ya no salta a sitios altos; sube en dos tiempos, primero a una silla; baja con cuidado o de lado; duda antes de saltar. Sube y baja escaleras más despacio. Duerme más y juega menos. Se acicala menos, sobre todo el lomo y los cuartos traseros, o se lame mucho sobre una articulación. Hace sus necesidades fuera del arenero porque le cuesta entrar o agacharse. Usa menos el rascador y tiene las uñas largas. Está más irritable cuando lo tocas o lo coges, o se aparta de otros gatos. Existen cuestionarios validados para dueños, como el Feline Musculoskeletal Pain Index, que ayudan a ponerlo en números. Si reconoces varias de estas señales, coméntalo con el veterinario, y si puedes, graba un vídeo del gato subiendo y bajando en casa.

Cómo se diagnostica

Con la historia de lo que ves en casa, la exploración ortopédica, en la que el veterinario palpa y mueve cada articulación buscando dolor, engrosamiento o falta de movilidad, y a veces radiografías. Las radiografías no siempre se corresponden con el dolor: hay gatos con radiografías llamativas y poco dolor, y al revés. Por eso, muchas veces, la prueba más útil es la terapéutica: tratar el dolor durante unas semanas y ver si el gato cambia. Si vuelve a saltar, a jugar o a acicalarse, el diagnóstico está claro. Antes de empezar un tratamiento, en gatos mayores se suele hacer una analítica para ver cómo están los riñones.

Los tratamientos actuales

Hay dos grandes opciones veterinarias, y elegir es cosa del veterinario según la salud del gato. Los antiinflamatorios no esteroideos autorizados para gatos son eficaces, aunque en gatos con enfermedad renal hay que usarlos con precaución y control. Desde 2021 existe en Europa un anticuerpo monoclonal frente al factor de crecimiento nervioso (NGF), autorizado para el dolor de la artrosis felina, que se administra como una inyección mensual en la clínica y que, en los estudios, mejora la movilidad y la actividad en muchos gatos, con buena tolerancia. Se pueden combinar con otras medidas y, en casos complejos, con otros analgésicos. El cambio en algunos gatos es espectacular: vuelven a comportarse como hace años.

Nunca analgésicos de personas

Es la advertencia más importante de este artículo. El paracetamol es mortal para los gatos incluso a dosis pequeñísimas: su hígado no puede eliminarlo y destruye los glóbulos rojos y el propio hígado en horas. El ibuprofeno, el naproxeno, el diclofenaco, la aspirina y otros antiinflamatorios humanos provocan úlceras de estómago y fallo renal en gatos. Tampoco le des los antiinflamatorios de tu perro: aunque algunos principios activos se usan en ambas especies, la presentación y la forma de uso son diferentes. Cualquier medicamento para el dolor de un gato debe prescribirlo un veterinario para ese gato concreto.

El peso: el tratamiento más barato

Cada kilo de más es un peso extra sobre articulaciones ya dañadas, y la grasa produce además sustancias inflamatorias. En un gato obeso con artrosis, adelgazar mejora el dolor y la movilidad de forma notable. Debe hacerse poco a poco, con la dieta y el ritmo que marque el veterinario, porque en gatos adelgazar demasiado rápido puede provocar lipidosis hepática. Los ácidos grasos omega-3 de origen marino, en dietas articulares veterinarias o como suplemento, tienen cierta evidencia de ayudar. Otros suplementos, como la glucosamina o el condroitín, tienen pruebas más débiles en gatos.

Adaptar la casa

Rampas, escalones o muebles intermedios para que llegue a sus sitios altos favoritos sin saltar. Areneros grandes, con un lado bajo o con una entrada recortada, en cada planta de la casa. Comedero y bebedero a una altura cómoda, sin tener que subir a la encimera. Camas mullidas y templadas, en sitios sin corrientes, y mantas térmicas para mascotas en invierno. Alfombras en suelos resbaladizos. Rascadores horizontales o inclinados, además de los verticales. Ayúdale con el cepillado de las zonas a las que no llega y corta sus uñas con frecuencia. Y juego suave, a ras de suelo, para que mantenga el músculo sin forzar.

Cuánto cuesta

Como orientación en España en 2026: consulta con exploración ortopédica, de 40 a 70 €; radiografías, de 60 a 150 €; analítica previa, de 80 a 160 €. El anticuerpo monoclonal mensual suele costar entre 50 y 100 € por inyección según el peso y la clínica. Los antiinflamatorios veterinarios para gatos, de 15 a 40 € al mes, más las analíticas de control. Las adaptaciones de la casa pueden hacerse con muy poco dinero: una caja de almacenaje baja como arenero o un taburete como escalón cumplen igual que productos más caros. El objetivo no es solo que viva más, sino que viva sin dolor.

Lo que importa

La mayoría de los gatos mayores tienen artrosis y casi ninguno cojea: lo que se ve es que salta menos, se acicala menos o hace fuera del arenero. Hoy hay tratamientos eficaces y seguros para gatos, incluida una inyección mensual. Peso adecuado, casa adaptada y nunca analgésicos de personas.

Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.

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