Cómo cuidar a un gato mayor: casa, comida y revisiones
Los gatos viven cada vez más, y hoy no es raro que superen los quince o los dieciocho años. Esa última etapa puede ser de las mejores de su vida si se adaptan algunas cosas: unas son médicas y otras, tan sencillas como bajar el borde del arenero.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Cuándo un gato es mayor
Las guías de etapas vitales de la AAFP y la AAHA consideran a un gato adulto maduro entre los siete y los diez años, y sénior a partir de los diez, aunque cada gato envejece a su ritmo. Un gato de diez años equivale aproximadamente a una persona de unos cincuenta y tantos, y uno de quince, a una persona de unos setenta y tantos. En la herramienta de edad de Michipedia puedes calcular la equivalencia de tu gato. Lo importante no es la cifra exacta, sino que a partir de los siete años empiezan a aparecer las enfermedades típicas del gato mayor, y que muchas de ellas se detectan antes de que den síntomas.
Revisiones: cada seis meses a partir de los diez
Un año en la vida de un gato mayor es mucho tiempo, y las enfermedades avanzan rápido. Por eso se recomiendan revisiones anuales a partir de los siete años y semestrales a partir de los diez. Una buena revisión geriátrica incluye peso y condición corporal y muscular, exploración de boca, ojos, tiroides, corazón y articulaciones, toma de tensión arterial, analítica de sangre con función renal, SDMA, glucosa y hormona tiroidea, y análisis de orina. Con eso se detectan a tiempo la enfermedad renal, el hipertiroidismo, la diabetes, la hipertensión y muchos problemas dentales. Como orientación, una revisión geriátrica completa cuesta entre 120 y 250 € en España en 2026.
La comida: no le des menos
Es un error frecuente pensar que un gato mayor necesita comer menos. Hasta más o menos los diez u once años puede ser así si engorda, pero a partir de los doce, muchos gatos pierden la capacidad de digerir bien las grasas y las proteínas y empiezan a perder peso y masa muscular, aunque coman lo mismo. Necesitan una comida muy digerible, sabrosa y con proteína de calidad suficiente, y a menudo más calorías, no menos. Los piensos para gatos mayores están pensados para eso. Si tu gato tiene una enfermedad como la renal, la dieta la marca el veterinario. Pésalo cada mes: una pérdida de peso lenta y mantenida es una de las primeras señales de enfermedad.
Agua y más agua
Los gatos mayores se deshidratan con facilidad, y una hidratación pobre empeora el riñón y favorece el estreñimiento, que es muy frecuente a estas edades. Incluye comida húmeda en su dieta, añade un poco de agua a la comida, pon varios bebederos anchos en sitios a los que llegue sin subir ni bajar escaleras, prueba una fuente si le gusta. Vigila también si bebe mucho más que antes, porque es la primera señal de varias enfermedades. Y si hace heces duras, secas o pasa días sin hacer, coméntalo con el veterinario.
El arenero, adaptado
Muchos gatos mayores tienen artrosis, aunque no cojeen, y les cuesta pasar por encima de un borde alto o meterse en un arenero cerrado. Si empieza a hacer sus necesidades fuera, antes de pensar en un problema de comportamiento, revisa el arenero. Usa uno grande con un lado bajo, de unos pocos centímetros, o recorta una entrada en uno normal, o usa una bandeja de almacenaje baja. Pon areneros en cada planta de la casa y cerca de donde pasa el tiempo. Mantén una arena fina y suave. Y límpialo a diario: además de higiene, es la mejor forma de detectar cambios en la cantidad de orina o en las heces.
Una casa más fácil
Al gato mayor le siguen gustando los sitios altos, pero llegar a ellos le cuesta más. Coloca escalones, rampas, taburetes o muebles intermedios para que pueda subir al sofá, la cama o su ventana favorita sin saltar. Las camas templadas, en sitios sin corrientes, le ayudan con las articulaciones; muchos agradecen una manta térmica para mascotas o una cama cerca de un radiador. Pon alfombras en suelos resbaladizos. Mantén las rutinas y evita cambios bruscos en la casa, porque los gatos mayores se estresan con más facilidad. Y si hay un gato joven, que el mayor tenga sitios de descanso tranquilos donde no lo molesten.
Aseo, uñas y boca
Con la edad y la artrosis, muchos gatos se acicalan menos, sobre todo el lomo y los cuartos traseros, y el pelo se apelmaza o se ensucia. Cepíllalo con suavidad a menudo: además de ayudarle, te permite notar bultos, delgadez o zonas doloridas. Las uñas de los gatos mayores se vuelven más gruesas y, como usan menos el rascador, pueden crecer tanto que se curvan y se clavan en la almohadilla: revísalas y córtalas cada pocas semanas. Y la boca: casi todos los gatos mayores tienen algún problema dental. Si ves sarro, mal aliento o cambios al comer, pide revisión dental.
Juego y cerebro activos
Un gato mayor sigue necesitando estímulo, aunque juegue menos tiempo y de forma más tranquila. Sesiones cortas de juego con caña a ras de suelo, comederos interactivos o de rompecabezas sencillos, una ventana con vistas, rascadores horizontales y tu compañía. El estímulo mental ayuda a retrasar el deterioro cognitivo, que en gatos existe y se manifiesta con desorientación, cambios en el sueño, maullidos nocturnos y olvidos del arenero. Si notas estos cambios, cuéntaselo al veterinario: antes hay que descartar causas médicas como la hipertensión o el hipertiroidismo, y hay medidas que ayudan.
El dolor, el gran olvidado
El dolor crónico es probablemente el problema más infravalorado de los gatos mayores. La artrosis afecta a la mayoría de los gatos de edad avanzada y casi nunca da cojera: lo que se ve es que salta menos, duerme más, se acicala menos, está más irritable o usa menos el arenero. Muchos dueños lo atribuyen a la edad. Pero hoy hay tratamientos eficaces y seguros para gatos, incluidos algunos de administración mensual, que les cambian la vida. Nunca le des analgésicos de personas: el paracetamol es mortal para los gatos y el ibuprofeno les daña estómago y riñón. Si sospechas que le duele, pide una valoración.
A partir de los siete años, revisión anual con analítica; a partir de los diez, cada seis meses, con tensión arterial. No le reduzcas la comida sin motivo: muchos gatos mayores necesitan más. Arenero de borde bajo, rampas, agua accesible, uñas cortas y atención al dolor, que casi siempre pasa desapercibido.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.