Adoptar un gato mayor: por qué merece la pena y qué tienes que saber
En las protectoras, los gatos mayores son los que más tiempo esperan, y a menudo los que más agradecen una casa. Adoptar un gato de diez, doce o catorce años no es un acto de caridad: es elegir a un compañero tranquilo, con un carácter conocido y que ya sabe vivir en una casa. Tiene algunos costes y algunas renuncias, y conviene conocerlos antes.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Qué se considera un gato mayor
Las asociaciones internacionales de medicina felina consideran que un gato es mayor a partir de los once años, aunque desde los siete se habla ya de adulto maduro y a partir de esa edad se recomiendan revisiones más completas. Con los cuidados actuales, muchos gatos viven hasta los quince o dieciocho años, y algunos pasan de los veinte. Eso significa que un gato adoptado con diez u once años puede tener por delante cinco, siete o incluso más años de buena vida. No es un compromiso corto. En las protectoras, sin embargo, a partir de los siete u ocho años la mayoría de los adoptantes pasan de largo, y estos gatos pueden esperar meses o años.
Las ventajas
Un gato mayor ya tiene su carácter formado: sabes desde el primer día si es cariñoso, independiente, hablador o tranquilo, si se lleva bien con otros gatos o con niños, porque la protectora lo conoce. No hay sorpresas como con un gatito. Suele estar acostumbrado al arenero y al rascador, y no tiene la energía desbordante de un gato joven: no va a escalarte las cortinas ni a atacarte los tobillos a las cuatro de la mañana. Es una opción excelente para personas mayores, para quienes buscan un compañero tranquilo o para familias que no tienen tiempo para educar a un gatito. Y la satisfacción de darle una casa a un gato que quizá nunca la habría tenido es difícil de explicar.
Lo que hay que asumir
Un gato mayor puede tener, o desarrollar pronto, alguna enfermedad crónica propia de la edad, como la enfermedad renal, el hipertiroidismo, la diabetes, la artrosis o problemas dentales. Eso implica revisiones más frecuentes, quizá medicación diaria o una dieta especial, y un gasto veterinario mayor. También implica que el tiempo juntos será, probablemente, más corto que con un gatito, y que antes o después tocará despedirse. Hay que estar preparado para ello. Muchas personas que han adoptado gatos mayores dicen que esos años juntos compensan con creces la despedida, pero es una decisión que conviene tomar con los ojos abiertos.
La revisión inicial
Lo ideal es que en las primeras semanas el gato pase una revisión completa: exploración física, peso, revisión de la boca y de las articulaciones, y una analítica de sangre y orina que incluya la función renal y la tiroides. Si es posible, también la medición de la tensión arterial, porque la hipertensión es frecuente en gatos mayores y pasa desapercibida. Esta revisión cuesta entre 100 y 200 € y te da una foto de su salud y un punto de partida para comparar en el futuro. Si viene de una protectora, pregunta qué pruebas le han hecho ya: muchas hacen analíticas a los gatos mayores antes de darlos en adopción.
Lo que cuesta
La tasa de adopción de un gato mayor suele ser más baja que la de un gatito, y algunas protectoras la reducen mucho o incluso la eliminan para animar a adoptarlos. Normalmente el gato llega con el microchip, las vacunas y la esterilización hechas. Los gastos de mantenimiento son parecidos a los de cualquier gato adulto, salvo en el veterinario: a partir de esta edad lo recomendable es una revisión con analítica al año o cada seis meses, entre 150 y 300 € al año, y si tiene una enfermedad crónica, la medicación y las dietas pueden suponer entre 30 y 120 € al mes. Ten en cuenta que muchas aseguradoras no aceptan gatos nuevos a partir de cierta edad.
La acogida indefinida
Algunas protectoras ofrecen una fórmula pensada para los gatos mayores o con enfermedades crónicas: la acogida indefinida o permanente. El gato vive contigo, en tu casa, pero sigue siendo responsabilidad de la protectora, que se hace cargo total o parcialmente de los gastos veterinarios. Es una buena opción si quieres darle una casa a un gato mayor pero el coste veterinario te preocupa. Pregunta en las protectoras de tu zona si tienen este tipo de programa. Y si no puedes adoptar ni acoger, puedes ayudar apadrinando a un gato mayor, con una aportación mensual que contribuye a sus cuidados mientras espera una familia.
La adaptación
Un gato mayor puede tardar algo más en adaptarse a una casa nueva que uno joven, sobre todo si ha vivido muchos años en el mismo sitio o lleva tiempo en una protectora. Empieza con una habitación tranquila con todo lo que necesita: arenero, comida, agua, cama y un escondite, y deja que explore el resto de la casa a su ritmo. No le agobies con caricias ni visitas los primeros días. Algunos se adaptan en horas y otros necesitan semanas. Si tienes otros animales, la presentación debe ser todavía más gradual, porque un gato mayor tolera peor el estrés y los cambios bruscos, y puede no querer un compañero joven y juguetón.
Una casa adaptada a la edad
Muchos gatos mayores tienen artrosis aunque no cojeen: simplemente saltan menos, suben menos a sitios altos y se mueven con más cuidado. Facilítale la vida con un arenero de borde bajo, fácil de entrar; rampas o escalones para llegar a sus sitios favoritos, como el sofá o la ventana; camas mullidas y cálidas, lejos de corrientes; y comida y agua en sitios accesibles, sin tener que subir ni bajar escaleras. Una fuente de agua o varios cuencos repartidos le animarán a beber, lo que es importante para sus riñones. Y cepíllale con suavidad, porque muchos gatos mayores se asean peor y se les forman nudos o el pelo se les engrasa.
Señales que vigilar
En un gato mayor, cualquier cambio merece atención, porque las enfermedades de la edad se manifiestan de forma sutil. Vigila si bebe y orina más de lo normal, si come más pero adelgaza, si come menos, si pierde peso, si vomita con frecuencia, si tiene mal aliento o le cuesta comer, si duerme mucho más o está inquieto de noche, si maúlla más, si deja de usar el arenero o de saltar a sus sitios, o si se asea menos. Pesarle una vez al mes en casa es una forma sencilla de detectar cambios a tiempo. Ante cualquiera de estas señales, consulta: muchas de estas enfermedades se controlan bien si se detectan pronto.
El tiempo que os quede
Adoptar un gato mayor significa aceptar que el tiempo juntos puede ser más corto. Pero cada uno de esos años es tan valioso como los de un gatito, y para el gato, cambiar una jaula o una casa de acogida por un sofá al sol y una persona propia lo cambia todo. Cuando llegue el momento de la despedida, habrás hecho por él algo que pocos estaban dispuestos a hacer. Si te lo estás pensando, pregunta en tu protectora más cercana por sus gatos mayores: suelen tener varios, con historias que merecen ser escuchadas, y el personal te ayudará a encontrar uno que encaje con tu casa y tu forma de vida.
Un gato de diez u once años puede vivir contigo cinco, siete o más años, con un carácter ya conocido, tranquilo y acostumbrado a una casa. Haz una revisión con analítica al llegar, adapta la casa (arenero de borde bajo, rampas, camas cálidas) y vigila cualquier cambio. Pregunta por la acogida indefinida si te preocupa el gasto veterinario.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.