Mi gato cojea: causas, qué mirar en casa y cuándo es urgente
Los gatos disimulan el dolor tan bien que una cojera visible ya es una señal importante. A veces la causa es banal, como una uña clavada; otras es un absceso que se está formando, una fractura tras una caída o, en el peor de los casos, un trombo que deja las patas traseras paralizadas en minutos.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Cómo cojea un gato
Un gato que cojea puede apoyar la pata con cuidado, apoyarla solo de puntillas o no apoyarla en absoluto. A veces la cojera es más sutil: deja de saltar a sus sitios altos, sube al sofá en dos tiempos, se tumba más, se lame mucho una pata o se aparta cuando le tocas una zona. En gatos mayores es frecuente que no se vea cojera como tal, sino rigidez al levantarse o un andar más lento. Observa desde dónde cojea: si es una pata delantera, el gato baja la cabeza al apoyar la pata sana; si es trasera, mueve la cadera de forma rara. Grabar un vídeo del gato caminando por el pasillo ayuda mucho en la consulta, porque allí muchos gatos se quedan quietos.
Qué mirar en casa (con cuidado)
Si el gato lo permite, revisa la pata con calma, con buena luz y, si hace falta, envuelto en una toalla con otra persona ayudando. Mira las almohadillas por si hay cortes, quemaduras o algo clavado, como una espiga, un cristal o una astilla. Revisa las uñas: en gatos mayores o poco activos crecen tanto que se curvan y se clavan en la almohadilla. Palpa con suavidad buscando zonas calientes, hinchadas o que le duelan, y busca pequeñas heridas punzantes cubiertas de pelo, típicas de una mordedura. Si el gato gruñe, bufa o intenta morder, para: el dolor hace que cualquier gato muerda, y una mordedura de gato a una persona se infecta con mucha facilidad.
La causa más común en gatos que salen: abscesos
En un gato con salida al exterior, una cojera que aparece sin una caída clara suele ser una mordedura de otro gato. Los colmillos inyectan bacterias bajo la piel, la herida se cierra por fuera y a los dos o cuatro días aparece una hinchazón caliente y dolorosa, a veces con fiebre y decaimiento. Si revienta, sale pus de olor fuerte. Hay que llevarlo al veterinario para drenarlo y tratarlo con antibiótico y analgesia veterinarios. Las peleas son además la vía principal de contagio de la inmunodeficiencia felina (FIV), así que tras una mordedura conviene hablar con el veterinario de hacer el test pasadas unas semanas. La castración reduce mucho las peleas y, con ellas, los abscesos.
Caídas, golpes y fracturas
Los gatos no siempre caen de pie, y cuando lo hacen tampoco salen siempre ilesos. Las caídas desde balcones y ventanas, el llamado síndrome del gato paracaidista, producen fracturas de patas, de mandíbula, del paladar y lesiones en el tórax, a veces desde alturas modestas. Un atropello puede romper la pelvis o una pata. En casa, un salto mal calculado o una puerta que se cierra sobre la cola o una pata también pueden lesionar. Si la pata está deformada, cuelga, el gato no la apoya nada o hay una herida abierta con hueso a la vista, es una urgencia. Trasládalo en el transportín, sin intentar entablillar ni colocar el hueso tú.
La urgencia que hay que conocer: el tromboembolismo
Si tu gato de repente no puede mover una o las dos patas traseras, grita de dolor, tiene esas patas frías al tacto y las almohadillas pálidas o azuladas, y quizá respira rápido, probablemente tiene un tromboembolismo arterial: un coágulo que se ha formado en el corazón y se ha alojado al final de la aorta, cortando el riego a las patas. Casi siempre es consecuencia de una enfermedad cardiaca, a menudo una cardiomiopatía hipertrófica que no se había detectado. Es una emergencia médica con un dolor intenso: hay que ir a urgencias inmediatamente. El pronóstico es reservado y depende de la causa y de si afecta a una o a las dos patas.
Artrosis y dolor crónico en gatos mayores
La artrosis está muy infradiagnosticada en gatos: los estudios de radiografías muestran cambios degenerativos en una gran parte de los gatos mayores, pero pocos dueños notan cojera. En lugar de cojear, el gato salta menos y más bajo, usa escalones intermedios, hace pis o caca fuera porque entrar en el arenero le duele, se asea menos la espalda y la zona trasera, duerme más y está más irritable si lo tocas. Hoy existen tratamientos eficaces y seguros para gatos, incluido un anticuerpo monoclonal mensual frente al dolor de la artrosis, además de antiinflamatorios veterinarios, control del peso y adaptaciones en casa. Tienes el tema desarrollado en el artículo sobre la artrosis.
Otras causas
Las uñas encarnadas, que se ven sobre todo en gatos mayores y en gatos polidáctilos con dedos extra. Las quemaduras en las almohadillas tras pisar una vitrocerámica o el asfalto muy caliente. Las picaduras de insecto, que dan hinchazón repentina. Los esguinces y las roturas de ligamentos de la rodilla, menos frecuentes que en perros pero posibles, sobre todo en gatos con sobrepeso. La luxación de rótula, que tiene predisposición en algunas razas como el Devon Rex o el Abisinio. Las infecciones de articulaciones, los tumores óseos y algunos problemas neurológicos completan la lista. Y en gatos de razas como el Scottish Fold, la alteración del cartílago ligada al pliegue de las orejas causa dolor articular crónico.
Qué hará el veterinario y cuánto cuesta
Explorará al gato andando, si se deja, y después palpará cada pata buscando dolor, calor, hinchazón, inestabilidad o heridas, con sedación si el gato no permite la exploración. Las radiografías son la prueba básica para fracturas, luxaciones y artrosis. Si sospecha un trombo, comprobará el pulso de las patas traseras y hará pruebas del corazón. Como orientación en España en 2026: consulta, de 40 a 60 €; radiografías, de 60 a 150 €; sedación, de 40 a 100 €; drenaje de un absceso, de 60 a 200 €; cirugía de una fractura de fémur o tibia, de 800 a 2.000 € según la complejidad; un tromboembolismo con hospitalización, de 600 a más de 2.000 €.
Lo que no debes hacer
No le des analgésicos humanos de ningún tipo: el paracetamol es mortal para los gatos y el ibuprofeno, el naproxeno o el diclofenaco pueden causar úlceras y fallo renal. Ni siquiera los antiinflamatorios del perro sirven para un gato, porque cambian la dosis y algunos principios. No le pongas una venda tú, porque puedes cortar la circulación. No lo fuerces a andar para «ver si se le pasa». Y no esperes una semana a ver si mejora un gato que no apoya nada la pata, que tiene fiebre o que está decaído. En cambio, una cojera muy leve en un gato que por lo demás está bien puede vigilarse un día en reposo antes de consultar.
Prevención
Redes de protección en ventanas y balcones, sin excepciones: es la medida que evita más fracturas felinas en las ciudades españolas. Castración, que reduce peleas y abscesos. Uñas revisadas cada pocas semanas, sobre todo en gatos mayores. Peso ideal, que protege las articulaciones. Un entorno adaptado para el gato mayor: rampas o escalones hasta sus sitios favoritos, arenero de borde bajo, camas cómodas. Y revisiones veterinarias periódicas: en razas con predisposición a la cardiomiopatía, o en cualquier gato con soplo, una ecocardiografía puede detectar el problema cardiaco antes de que produzca un trombo.
En un gato que sale, una cojera sin caída suele ser un absceso por mordedura. Revisa almohadillas y uñas con cuidado, sin forzar. Si de repente no mueve las patas traseras y están frías, es un trombo y es urgencia. Nunca le des analgésicos de personas.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.