Cómo cortar las uñas a tu gato sin que acabe en pelea
Muchos gatos se arreglan solos con el rascador y no necesitan que nadie les corte las uñas. Otros, sobre todo los de interior y los mayores, sí. Hacerlo bien es sencillo si se elige el momento, la herramienta y, sobre todo, se va despacio.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
¿Hace falta cortárselas?
El gato mantiene sus uñas con el rascador: al rascar no las afila, sino que se desprende de las capas externas viejas, que a veces encuentras en la base del rascador como fundas huecas. Un gato con salida al exterior o con buenos rascadores muchas veces no necesita que se las corten. Sí suele hacer falta en gatos de interior que rascan poco, en gatos mayores, cuyas uñas crecen más gruesas y rascan menos, y en los gatos polidáctilos, con dedos de más, cuyas uñas extra no tocan el suelo ni el rascador. También ayuda cortar la punta si tienes un bebé en casa o si el gato se engancha en las alfombras o en la ropa.
El riesgo real de no cortarlas
En un gato mayor o poco activo, la uña puede crecer tanto que se curva y se clava en la almohadilla, provocando dolor, infección y cojera. Es más frecuente de lo que parece y muchos dueños no lo notan hasta que el gato cojea, porque la uña queda escondida entre el pelo. Por eso conviene revisar las uñas de un gato de más de diez años cada dos o tres semanas, mirando especialmente la del espolón, el dedo interior de las patas delanteras, que no toca el suelo y es la que más se encarna. Una revisión rápida evita una visita al veterinario.
Qué herramienta usar
Lo mejor es un cortaúñas específico para gatos, de tipo tijera, pequeño y bien afilado, que cuesta entre 5 y 15 €. Los cortaúñas de guillotina grandes, pensados para perros, son demasiado bastos para las uñas finas del gato y tienden a aplastarlas. Un cortaúñas humano puede servir en gatitos, pero astilla las uñas de los adultos. Ten a mano polvo hemostático o, si no tienes, harina de maíz, por si cortas de más. Y elige un sitio con buena luz, porque ver la zona viva es la clave para no hacer daño.
Dónde cortar: la zona rosa
Las uñas del gato están retraídas en reposo. Para sacarlas, sujeta la pata con suavidad y presiona ligeramente la almohadilla y la parte de arriba del dedo, y la uña asoma. En las uñas claras verás en su interior una zona rosada, que es la parte viva, con vasos sanguíneos y nervios. Hay que cortar solo la punta blanca y curva, dejando al menos dos milímetros de margen con la parte rosa. En gatos de uñas oscuras no se ve, así que corta solo la puntita afilada, poco cada vez. Es mejor cortar poco y repetirlo más a menudo que arriesgarse a llegar a lo vivo, que duele y sangra y hará que el gato recuerde la experiencia.
Acostumbrarle poco a poco
El error habitual es intentar cortar las veinte uñas de golpe a un gato que nunca ha dejado que le toquen las patas. Hay que empezar mucho antes: tocarle las patas cuando está relajado, en el regazo o medio dormido, y darle un premio. Después, presionar suave una almohadilla para que asome la uña, y premio. Después, enseñarle el cortaúñas, dejar que lo huela, hacer clic con él cerca sin cortar, y premio. Y cuando todo eso no le inquiete, cortar una sola uña y terminar. Con gatitos, si se hace desde los primeros meses, se convierte en rutina para siempre.
El momento y la postura
Elige un momento en que tu gato esté tranquilo y somnoliento, por ejemplo después de comer o al despertarse de una siesta, nunca después de un juego intenso ni cuando acaba de llegar de un sitio estresante. Muchos gatos toleran mejor que les sujeten en el regazo, de espaldas a ti, que de frente. Si está nervioso, envolverlo suavemente en una toalla dejando fuera solo la pata que vas a cortar le da sensación de contención y te protege. No lo sujetes con fuerza ni lo inmovilices boca arriba. Si empieza a agitarse, para, dale un premio por lo que haya aguantado y sigue otro día.
Poco a poco: una pata, o una uña
No tienes que hacerlo todo en una sesión. Cortar dos o tres uñas al día durante una semana es perfectamente válido, y mucho mejor que forcejear. Muchos dueños cortan las de una pata delantera un día y las de la otra al siguiente. Las traseras se desgastan más y a menudo no necesitan corte, o solo cada mucho tiempo. Termina siempre la sesión con algo bueno: un premio especial, una barrita cremosa o un rato de juego, para que la asociación sea positiva. Como frecuencia, en gatos de interior suele bastar con cada dos a cuatro semanas.
Si cortas de más
Puede pasar, sobre todo con uñas oscuras. Si la uña sangra, no te asustes: aplica polvo hemostático o harina de maíz sobre la punta y presiona unos segundos con una gasa. Suele parar en un par de minutos. Termina ahí la sesión, dale un premio y deja las demás uñas para otro día. Si la uña sangra mucho tiempo, si se ha roto en la base o si en los días siguientes el dedo se inflama o el gato cojea, que lo vea el veterinario. Y si te pones nervioso, el gato lo nota: en ese caso, es mejor que lo haga el veterinario o alguien con experiencia.
Cuando es mejor delegar
Hay gatos que no lo toleran por mucho que se trabaje, y no pasa nada. En la clínica veterinaria o en una peluquería felina cortan las uñas en pocos minutos por entre 5 y 15 € como servicio suelto, y muchas clínicas lo hacen gratis o casi aprovechando una revisión o una vacuna. Para un gato muy agresivo o muy miedoso, a veces se aprovecha una sedación por otro motivo. Lo importante es que no se convierta en una pelea mensual que estropee tu relación con el gato: si no sale, se delega.
Lo que no se hace: la desungulación
La desungulación, que mal se llama «quitar las uñas», no es cortar las uñas: es amputar la última falange de cada dedo. Provoca dolor crónico, cojeras y cambios de conducta, y no tiene ninguna justificación salvo una enfermedad concreta del dedo. En España está prohibida como intervención no curativa, tanto por el Convenio Europeo de protección de animales de compañía, que España ratificó, como por la ley de bienestar animal de 2023, que prohíbe las mutilaciones. Si el problema son los arañazos al sofá, la solución son buenos rascadores bien colocados, y lo contamos en el artículo sobre el gato que araña el sofá.
Y las fundas de silicona
Existen unas fundas de silicona que se pegan sobre las uñas y evitan que arañen. Pueden ser una solución temporal en casos concretos, como un gato que se rasca una herida, pero no son una forma de evitar cortar las uñas ni de sustituir al rascador. Impiden que el gato saque las uñas con normalidad, pueden molestarle, a algunos les estresan mucho y hay que vigilar que no se las traguen ni se le infecte el dedo. Si te lo planteas, coméntalo antes con el veterinario y obsérvalo bien los primeros días.
Corta solo la punta blanca, lejos de la zona rosa, con un cortaúñas de gato tipo tijera. Acostúmbralo poco a poco, con premios, unas pocas uñas cada vez y en momentos tranquilos. Revisa a menudo las uñas de los gatos mayores, y nunca pienses en la desungulación, prohibida en España.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.