¿Por qué los gatos se esconden cuando están enfermos? Y cómo notarlo a tiempo
Porque, para un animal que también es presa, mostrarse débil es peligroso: en la naturaleza, un gato enfermo a la vista atrae a los depredadores. Por eso ocultan el dolor y buscan un escondite tranquilo y seguro. En casa, que un gato sociable empiece a esconderse es muchas veces la primera señal de que algo va mal, y conviene consultar.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Un instinto de supervivencia
El gato es un depredador, pero también es una presa para animales más grandes, como zorros, aves rapaces o perros. En la naturaleza, un animal que cojea, se mueve despacio o se queja llama la atención de los depredadores y de otros gatos que podrían disputarle el territorio. Por eso el gato ha heredado una tendencia muy fuerte a ocultar el dolor y la debilidad. Cuando se encuentra mal, su instinto le dice que busque un lugar escondido, tranquilo y protegido, donde nadie le moleste, y que se quede quieto hasta recuperarse. Es una estrategia que en la naturaleza le salva la vida y que, en casa, nos complica mucho saber cuándo está enfermo.
Los maestros del disimulo
Los gatos son tan buenos ocultando el malestar que muchas enfermedades se detectan tarde. Es frecuente que un gato llegue a la consulta con una enfermedad renal avanzada, una diabetes o una artrosis importante, y que sus personas digan que hasta hace poco estaba bien. En realidad llevaba tiempo con cambios sutiles que no se veían como síntomas: dormía algo más, saltaba menos al sofá, bebía un poco más o comía más despacio. Los veterinarios felinos insisten en ello: en gatos, no quejarse no significa no sufrir, y la ausencia de síntomas evidentes no garantiza que esté sano.
Cómo expresan el dolor
Aunque disimulan, los gatos sí muestran el dolor si sabemos mirar. En 2019, un equipo de la Universidad de Montreal dirigido por Paulo Steagall publicó en Scientific Reports una escala de expresiones faciales del dolor en gatos, la Feline Grimace Scale, validada con gatos en consulta. Valora cinco gestos: orejas separadas y giradas hacia fuera, ojos entrecerrados, hocico tenso y más ovalado, bigotes rectos y tirantes hacia delante y cabeza agachada por debajo de los hombros. Un gato con varios de estos gestos probablemente tiene dolor. Es una herramienta pensada para veterinarios, pero cualquier persona puede aprender a reconocer esas caras.
Señales de que algo va mal
Además de esconderse, hay cambios que deben hacerte sospechar: come menos o deja de comer, bebe y orina más de lo normal, hace sus necesidades fuera del arenero, deja de acicalarse y el pelo se ve sucio o apelmazado, o al contrario se lame en exceso una zona, duerme en sitios distintos de los habituales, ya no sube a los muebles altos, está más irritable o no quiere que le toquen, maúlla de forma distinta, adelgaza o pierde interés por el juego. Ninguna de estas señales por sí sola es una urgencia, pero cualquier cambio de conducta que dure más de un par de días merece una consulta.
Cuándo esconderse es una urgencia
Hay situaciones en las que no hay que esperar. Si tu gato está escondido y además no come nada desde hace más de 24 horas, respira con la boca abierta o con esfuerzo, tiene las encías pálidas, vomita repetidamente, no puede orinar o va al arenero muchas veces sin hacer nada, no apoya una pata, se cayó de altura, puede haber comido algo tóxico o está tan débil que no se levanta, llama al veterinario o acude a urgencias. En los machos, la obstrucción urinaria es una urgencia de horas. Y en los gatos, no comer durante días es peligroso por sí mismo, porque puede provocar lipidosis hepática.
Cómo sacarlo de su escondite
Si necesitas revisar a un gato escondido o llevarlo al veterinario, hazlo con calma. Evita perseguirlo por la casa, porque aumentará su estrés y puede hacerse daño o arañarte. Cierra las puertas de la habitación para limitar sus opciones, prepara el transportín abierto con una manta que huela a casa y acércate despacio, hablándole en voz baja. Envolverlo en una toalla grande ayuda a manejarlo sin que se escape. Un transportín que se abre por arriba facilita meterlo y sacarlo sin forcejeos. Si el gato está muy dolorido, toca lo menos posible la zona que le duele y sostenlo por el cuerpo, no por las patas.
Escondites que también son normales
No todo escondite significa enfermedad. Los gatos se esconden cuando llegan visitas, con ruidos fuertes como petardos o tormentas, durante una mudanza o una obra, cuando llega un nuevo animal a casa y, en general, ante cualquier cambio que les estresa. Un gato que acaba de llegar de la protectora puede pasar días escondido mientras se adapta. Y muchos gatos simplemente tienen escondites favoritos donde duermen la siesta. La diferencia está en el cambio: un gato que habitualmente está por la casa y de repente se oculta durante horas o días, sin un motivo claro, merece que le prestes atención.
La mejor prevención: las revisiones
Como los gatos ocultan la enfermedad, la mejor herramienta es no esperar a los síntomas. Una revisión veterinaria al año en gatos adultos, y cada seis meses a partir de los diez o doce años, con análisis de sangre, orina y tensión arterial en los mayores, detecta problemas como la enfermedad renal, el hipertiroidismo, la diabetes o la hipertensión mucho antes de que el gato los muestre. Pesarle cada mes en casa también ayuda, porque la pérdida de peso es a menudo la primera pista. Y conocer bien sus rutinas normales, cuánto come, cuánto bebe, dónde duerme y cómo usa el arenero, es lo que te permitirá darte cuenta de que algo ha cambiado. Muchos veterinarios recomiendan apuntar esos cambios, aunque parezcan pequeños, y llevarlos anotados a la consulta: a veces la pista clave está en un detalle que el gato no enseñará delante del veterinario.
Los gatos se esconden cuando están enfermos por instinto: mostrar debilidad es peligroso para un animal que también es presa, así que ocultan el dolor. Por eso un gato sociable que empieza a esconderse, come menos o cambia sus rutinas puede estar enfermo. Aprende a ver la cara de dolor, no esperes si deja de comer más de 24 horas y haz revisiones periódicas.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.