Mi gato no come: por qué no se puede esperar como con un perro
Un perro puede saltarse un par de comidas sin mayor problema. Un gato no. Cuando un gato deja de comer, su hígado empieza a acumular grasa, y en pocos días el ayuno se convierte en una enfermedad en sí misma, con independencia de lo que lo causó. Por eso este es un síntoma que no se deja para la semana que viene.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
La lipidosis hepática: el motivo de la prisa
Cuando un gato no recibe suficientes calorías, su cuerpo moviliza grasa de las reservas hacia el hígado para obtener energía. El hígado felino está mal preparado para procesar esa avalancha: la grasa se acumula dentro de las células hepáticas, el órgano deja de funcionar bien, aparecen náuseas que quitan aún más el apetito y el círculo se cierra. Es la lipidosis hepática, la enfermedad de hígado más frecuente en gatos. Puede empezar tras solo unos días de comer muy poco, y el riesgo es mucho mayor en gatos con sobrepeso. Bien tratada a tiempo, la mayoría de los gatos se recupera; tratada tarde, puede ser mortal. Por eso la regla es sencilla: un gato que no come nada durante 24 horas, o que come muy poco durante dos o tres días, tiene que ir al veterinario.
No comer casi nunca es capricho
Los gatos pueden ser selectivos con la comida, pero un gato que rechaza su comida de siempre durante más de una o dos tomas suele tener un motivo. Las causas más frecuentes son las náuseas (por un problema digestivo, renal, hepático o pancreático), el dolor (dientes, boca, articulaciones, una herida, una cistitis), la fiebre por una infección, la nariz tapada por un catarro felino (si no huele la comida, no la come), el estrés (una mudanza, un gato nuevo, una visita, una obra en casa) y, en gatos mayores, la enfermedad renal y el hipertiroidismo en fase avanzada. Que un gato coma premios pero no su comida no descarta nada: muchas veces es la náusea la que le hace rechazar lo habitual.
Mira la boca y la nariz
Si el gato se acerca a la comida con interés, la huele, incluso coge un bocado y lo suelta, o mastica de un solo lado, babea o se toca la boca con la pata, sospecha de la boca: reabsorciones dentarias, gingivoestomatitis, un diente roto, una úlcera o un cuerpo extraño, por ejemplo un hilo enganchado debajo de la lengua. Si estornuda, tiene mocos o los ojos llorosos y ha dejado de comer, lo más probable es que no huela: calentar ligeramente la comida húmeda para que desprenda más olor y limpiarle la nariz con suero fisiológico ayuda, pero aun así necesita consulta si lleva un día sin comer.
Cuándo es urgencia directa
Ve al veterinario sin esperar si además de no comer vomita repetidamente, tiene diarrea intensa, está muy apagado o escondido sin moverse, respira con la boca abierta o con dificultad, tiene las encías, la piel de las orejas o el blanco de los ojos amarillentos (ictericia, un signo de afectación del hígado), está deshidratado o babea mucho. En machos que además van al arenero sin orinar, sospecha de obstrucción urinaria, que es una emergencia vital. Y si es un gato con sobrepeso, diabético, con enfermedad renal o es un gatito, no esperes ni las 24 horas: el margen es menor.
Qué puedes hacer mientras
Si el gato está animado y solo ha comido menos en una toma, puedes intentar tentarlo unas horas: comida húmeda templada a la temperatura del cuerpo, una lata de una textura distinta (paté, trocitos, mousse), un plato plano y limpio donde no le rocen los bigotes, en un sitio tranquilo y lejos del arenero, y tu compañía si es de los que comen mejor acompañados. Retira lo que no coma en media hora y ofrece algo fresco más tarde. Pesa al gato si tienes báscula: saber si ha perdido peso ayuda mucho al veterinario. Pero no conviertas esto en tres días de «a ver si con esto»: si no come en un día, llama.
Lo que no hay que hacer
No le fuerces a comer metiéndole comida en la boca con una jeringuilla salvo que te lo indique el veterinario y te enseñe cómo: además del riesgo de que la aspire a los pulmones, un gato forzado puede desarrollar aversión a esa comida y rechazarla después. No le cambies la comida cada pocas horas: en un gato con náuseas, asociar un alimento nuevo al malestar crea aversiones duraderas. No le des medicamentos de personas para el estómago o para el dolor; el paracetamol es mortal para los gatos. Y no dejes que adelgace en silencio un gato con sobrepeso pensando que le viene bien: perder peso por no comer es exactamente cómo se desencadena la lipidosis.
Qué hará el veterinario
Exploración completa, con atención especial a la boca, la temperatura, la hidratación, el color de las mucosas y la palpación abdominal, y peso comparado con el anterior. Lo habitual es pedir analítica de sangre con función hepática y renal, glucosa y, en mayores, hormona tiroidea; a menudo también análisis de orina y ecografía abdominal. Mientras se busca la causa, tratará las náuseas y el dolor y puede recetar un estimulante del apetito veterinario. Si el gato lleva varios días sin comer o ya tiene lipidosis, la medida más eficaz es colocar una sonda de alimentación, normalmente en el esófago a través del cuello, para darle comida líquida varias veces al día. Suena aparatoso, pero los gatos la toleran sorprendentemente bien y suele ser lo que les salva.
La sonda de alimentación, sin miedo
La sonda esofágica se coloca con una anestesia corta, sale por un lado del cuello y se protege con un vendaje suave. A través de ella se administra una dieta de recuperación triturada y la medicación, sin estrés para el gato ni peleas con jeringuillas. El gato puede seguir comiendo por la boca si quiere, y se retira cuando vuelve a comer solo de forma constante, lo que en la lipidosis puede tardar varias semanas. Muchas familias aprenden a usarla en casa tras uno o dos días de hospitalización. Es uno de los tratamientos con mejor relación entre esfuerzo y resultado de la medicina felina.
Cuánto puede costar
Una consulta, entre 40 y 60 €; con analítica y ecografía, entre 200 y 350 €. Si hay que hospitalizar con sueroterapia, cuenta con 80 a 200 € por día. Un tratamiento completo de lipidosis hepática con sonda, hospitalización inicial, analíticas de control y dieta de recuperación puede ir de 800 a 2.500 € según la duración y la clínica. Cuanto antes se consulta, más barato y con mejor pronóstico: un gato que llega al segundo día de no comer suele necesitar mucho menos que uno que llega al quinto.
Prevención: lo que depende de ti
Conoce cuánto come tu gato. En casas con varios gatos y comedero compartido, es muy fácil que uno deje de comer y nadie lo note durante días: los comederos con microchip o las tomas separadas lo evitan. Pésalo una vez al mes con una báscula de bebé o pesándote tú con él en brazos y restando. Si tiene que perder peso, hazlo de forma gradual y con la dieta que indique el veterinario, nunca reduciendo la comida de golpe. Introduce los cambios de comida poco a poco y evita estrenar comida en días de estrés como un viaje o una mudanza. Y revisa la boca en cada visita: el dolor dental es una causa de inapetencia muy infravalorada.
En un gato, no comer es una urgencia relativa: 24 horas sin comer nada, o dos o tres días comiendo muy poco, ya justifican ir al veterinario, sobre todo si tiene sobrepeso. No lo fuerces con jeringuilla por tu cuenta y no esperes a que se le pase: la lipidosis hepática se previene llegando pronto.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.