Gato y bebé en casa: cómo prepararlo todo
Un bebé en camino es uno de los motivos más habituales de abandono de gatos, casi siempre por miedos que no tienen base. Con algo de preparación, gato y bebé conviven perfectamente. Lo que hay que hacer antes, el día que llega y los meses siguientes.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Los mitos que conviene olvidar
«El gato le roba el aliento al bebé»: es una leyenda sin ningún fundamento. «El gato tendrá celos y atacará al bebé»: los gatos no funcionan así, aunque sí pueden estresarse con los cambios. «Con el embarazo hay que deshacerse del gato por la toxoplasmosis»: no, basta con unas precauciones sencillas que explicamos en otro artículo. El riesgo real de un gato con un bebé es mucho más prosaico: que se tumbe en la cuna o en el capazo buscando calor, o que un bebé que gatea le tire del rabo y reciba un arañazo. Ambas cosas se evitan con normas claras y supervisión.
Prepara los cambios con meses de antelación
Al gato lo que más le estresa no es el bebé, sino los cambios bruscos en su casa y en su rutina. Por eso conviene hacerlos poco a poco y antes de que llegue: montar la habitación del bebé con semanas de margen, cambiar de sitio el arenero o el comedero si hace falta, no de golpe el último día. Si vas a cerrar ciertas habitaciones al gato, empieza a hacerlo antes. Si sus horarios de comida y juego van a cambiar, ajústalos ya. Así, cuando llegue el bebé, la casa ya será la nueva casa, y el gato solo tendrá que acostumbrarse a una novedad, no a diez.
Sonidos y olores nuevos
Un llanto de bebé es un sonido intenso y nuevo para un gato. Puedes ponerle grabaciones de llanto a volumen bajo mientras le das algo que le guste, subiendo poco a poco a lo largo de semanas. Usa ya las cremas y toallitas de bebé que vayas a utilizar, para que el olor le sea familiar. Deja que inspeccione la cuna, el carrito o la hamaca mientras están vacíos, y luego enséñale que ahí no se sube, sin castigos: ofreciéndole un sitio mejor, más alto y más cómodo, cerca. Los difusores de feromonas felinas pueden ayudar a algunos gatos a llevar mejor los cambios.
La cuna, zona sin gato
Un gato no hace daño a un bebé a propósito, pero puede tumbarse junto a él buscando calor, y un bebé no puede apartarse. Por eso el bebé no debe dormir con el gato en la cuna ni en la cama, y lo más sencillo es que el gato no tenga acceso a la habitación donde duerme el bebé cuando nadie vigila: una puerta cerrada o una puerta con mosquitera para que puedas oír. Existen redes para cunas y capazos. Enseña al gato desde antes que esos muebles no son suyos, y dale alternativas mejores. Cuando el bebé esté despierto y con un adulto, el gato puede estar presente sin problema.
El día que llega el bebé
Antes de que entre el bebé en casa, alguien puede llevar una prenda con su olor para que el gato la huela tranquilo. Cuando lleguéis, saluda al gato como siempre, con calma, sin el bebé en brazos, y dale un rato de atención. Luego deja que se acerque al bebé si quiere, a su ritmo, con un adulto sujetando al bebé, y prémialo con algo rico si está tranquilo. Si prefiere irse, déjalo: muchos gatos observan desde lejos durante días antes de acercarse. Nunca obligues al gato a oler al bebé ni lo acerques en brazos. Y no lo regañes si bufa: es un aviso de que necesita distancia.
Que el gato no pierda su sitio
Con un recién nacido el tiempo desaparece, y el gato es el primero que lo nota. Intenta mantener sus rutinas básicas: comida a sus horas, arenero limpio a diario y, aunque sea, diez minutos de juego al día. Si es posible, que otra persona de la casa se encargue de él. Un gato al que se le cambia todo y se le ignora puede reaccionar con estrés: dejar de usar el arenero, hacerse heridas de tanto lamerse o esconderse. Mantén también sus refugios en alto y un sitio tranquilo para él. A menudo los gatos acaban adorando al bebé, durmiendo cerca de su habitación o vigilándolo desde lejos.
Higiene: lo justo y necesario
Un gato sano, de interior, vacunado y desparasitado, no supone un riesgo sanitario relevante para un bebé si se cumplen unas normas básicas. Lavarse las manos después de tocar al gato y antes de coger al bebé. El arenero lejos de la habitación del bebé y de la cocina, y limpiado a diario, durante el embarazo mejor por otra persona o con guantes. Desparasitación regular del gato como indique el veterinario. Mantener al gato fuera de la mesa del cambiador y de las superficies donde se preparan biberones. Y si el gato sale a la calle, revisar con el veterinario si conviene alguna precaución extra.
Cuando el bebé empieza a gatear
La fase delicada no es el recién nacido, sino el bebé que se mueve. Entre los ocho meses y los dos años, el niño querrá agarrar al gato, tirarle de la cola o del pelo y perseguirlo, sin entender que le hace daño. Aquí es cuando más importa la supervisión constante y que el gato tenga vías de escape en alto y una habitación donde el niño no pueda entrar. El comedero y el arenero, fuera de su alcance: a los bebés les encanta la arena y el pienso. Y en cuanto el niño entienda, enséñale las normas: acariciar suave, no coger, dejarle en paz cuando se va.
Si el gato sale a la calle
Con un bebé en casa, un gato con acceso al exterior merece algo más de atención. Puede traer pulgas, garrapatas o parásitos internos, así que la desparasitación debe ser regular y a rajatabla, como te indique el veterinario. Si caza, puede traer presas a casa, y conviene que las sobras no acaben al alcance del bebé. Y si comparte calle con otros gatos, mantén al día las vacunas y los test de leucemia e inmunodeficiencia. No es necesario que deje de salir por el bebé, pero sí es buen momento para valorar si un balcón con malla o un catio pueden darle lo que le da la calle con menos riesgos para todos.
Si surgen problemas
Si el gato empieza a orinar fuera del arenero, deja de comer, se esconde de forma permanente o bufa con frecuencia, no es venganza ni celos: es estrés, y a veces es un problema de salud que coincide en el tiempo. Lleva primero al gato al veterinario para descartar enfermedades, y si está sano, pide orientación a un veterinario especializado en comportamiento. Casi siempre hay solución con cambios en el entorno y algo de paciencia. Lo que no hace falta, en la inmensa mayoría de los casos, es separarse del gato: con información y una buena preparación, la llegada de un bebé es solo un capítulo más de la vida del gato.
El gato no le roba el aliento al bebé ni tiene celos: lo que le estresa son los cambios bruscos. Prepara la casa con meses de antelación, mantén sus rutinas, deja la cuna como zona sin gato y supervisa siempre, sobre todo cuando el bebé empiece a gatear.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.