Mi gato hace pis fuera del arenero: primero el veterinario, luego el arenero
Es el problema de comportamiento por el que más gatos se abandonan, y casi nunca es lo que parece. Un gato no hace pis fuera por venganza ni por rabieta. O le duele algo, o algo del arenero no le gusta, o algo en casa le estresa. Y en ese orden hay que mirarlo.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Lo primero de todo: al veterinario
Antes de cambiar la arena o mover el arenero, el gato tiene que pasar por el veterinario. Una parte muy grande de los gatos que orinan fuera tienen un problema médico: cistitis idiopática, cristales o cálculos en la orina, infección urinaria, enfermedad renal, diabetes o hipertiroidismo, que hacen orinar más cantidad y con más urgencia, o artrosis, que hace que entrar en un arenero de borde alto duela. Si orinar le escuece, el gato asocia el dolor con el arenero y busca otro sitio, a menudo superficies blandas como camas, alfombras o ropa. Por mucho que cambies el arenero, si hay dolor no se arreglará. Lleva una muestra de orina si puedes y cuenta desde cuándo pasa y dónde.
La urgencia que no puede esperar
Hay una situación en la que no se espera ni a mañana: un gato, sobre todo macho, que entra y sale del arenero una y otra vez, hace fuerza y apenas saca unas gotas o nada, maúlla al intentarlo, se lame mucho los genitales o está apagado y vomita. Eso puede ser una obstrucción de la uretra, que impide vaciar la vejiga y en uno o dos días puede ser mortal por el daño renal y las alteraciones del potasio. Muchos dueños lo confunden con estreñimiento. Si ves a tu gato esforzarse en el arenero sin resultado, llama al veterinario o ve a una urgencia ya. Es una de las urgencias más frecuentes y más graves de la medicina felina, y tiene buen pronóstico si se trata a tiempo.
Pis fuera no es lo mismo que marcar
Conviene distinguir dos cosas que se parecen. Cuando el gato orina en cuclillas sobre una superficie horizontal, como el suelo, una alfombra o la cama, y deja un charco de tamaño normal, casi siempre es un problema de eliminación: no quiere o no puede usar el arenero. Cuando lo hace de pie, con la cola levantada y temblando, contra una superficie vertical como una pared, una cortina o un mueble, y deja una cantidad pequeña, es marcaje con orina, un mensaje territorial que tiene otras causas y otras soluciones. Las dos pueden darse a la vez, y las dos merecen visita al veterinario, pero saber cuál ves te orienta mucho sobre qué hay que cambiar.
El arenero, sospechoso habitual
Si el veterinario descarta problemas médicos, el siguiente sospechoso es el propio arenero. Lo que más rechazan los gatos: que esté sucio, porque su olfato es muchísimo más sensible que el nuestro; que sea pequeño, cuando lo recomendable es que mida al menos una vez y media lo que el gato desde la nariz hasta el inicio de la cola; que tenga bordes altos para un gato mayor o con artrosis; que esté tapado y concentre olores; o que tenga bolsas de plástico en las que se enganchan las uñas. También es frecuente que no haya suficientes: la regla es un arenero por gato más uno, en sitios distintos, no todos juntos en el mismo rincón, porque para el gato dos areneros pegados cuentan como uno.
La arena y el sitio
Muchos gatos rechazan una arena nueva, sobre todo las perfumadas, que a nosotros nos huelen a limpio y a ellos les resultan agresivas. La que más aceptan en general es una arena aglomerante de grano fino y sin perfume, con unos 3 a 5 centímetros de profundidad. Si cambiaste de arena justo antes de que empezara el problema, vuelve a la de antes. En cuanto al sitio, el arenero tiene que estar en un lugar tranquilo pero accesible, lejos de la comida y del agua, y nunca junto a la lavadora, la caldera o una puerta que se abre de golpe. Si un susto le pilló en el arenero, puede evitar ese sitio durante mucho tiempo. Y en una casa de varias plantas, al menos uno por planta.
El estrés y los otros gatos
En las casas con varios gatos, el problema muchas veces no es el arenero en sí, sino el camino hasta él. Si un gato vigila o bloquea el pasillo que lleva a los areneros, el otro dejará de ir, aunque estén impecables. A veces la tensión entre gatos es tan sutil que los dueños no la ven: miradas fijas, uno que se aparta cuando llega el otro, uno que ya no sube a ciertos sitios. Repartir los areneros por varias zonas, con más de una salida para no quedar acorralado, suele bastar. Otras causas de estrés que disparan el pis fuera son las mudanzas, las obras, la llegada de un bebé, un perro o un gato nuevo, o gatos del exterior que se ven o se huelen desde la ventana.
Cómo limpiar para que no repita
Un gato vuelve a orinar donde huele a su orina, así que limpiar bien es parte del tratamiento. Los productos con amoniaco y la lejía son mala idea: la orina contiene amoniaco y esos olores pueden invitarle a volver a marcar. Lo que funciona son los limpiadores enzimáticos, que descomponen los restos orgánicos de la orina en vez de taparlos; se venden en tiendas de animales por entre 8 y 20 euros. Retira primero todo lo que puedas con papel, aplica el enzimático en abundancia, de modo que llegue tan hondo como llegó la orina, y deja que actúe y seque solo. En colchones y sofás puede hacer falta repetir. Mientras tanto, conviene impedir el acceso a esa zona o cambiar su uso, por ejemplo poniendo ahí comida o un juguete.
Lo que nunca hay que hacer
Restregarle el hocico en el pis, reñirle o castigarle no solo no funciona, sino que lo empeora. El gato no relaciona el castigo con haber orinado fuera, sino contigo y con el momento, y como el estrés es una de las causas principales del problema, añadir miedo es echar gasolina al fuego. Además, puede aprender a esconderse para orinar, lo que hace el problema más difícil de encontrar y de limpiar. Tampoco sirve encerrarle en una habitación pequeña de forma indefinida como castigo. Lo que sí puede ayudar, de forma temporal y con todos sus recursos, es una habitación tranquila con un arenero muy atractivo, para que vuelva a coger la costumbre de usarlo.
Cuándo pedir ayuda profesional
Si con el veterinario descartando causas médicas, con los areneros bien puestos y la arena correcta el problema sigue, merece la pena consultar a un veterinario con formación en etología clínica. Hará un análisis de la casa, de los gatos y de las rutinas que a menudo saca a la luz cosas que desde dentro no se ven, y puede valorar si hace falta medicación como apoyo. Cuanto antes se aborde, mejor: un gato que lleva meses orinando en un sitio tiene la costumbre muy asentada. Y es importante no tirar la toalla, porque la gran mayoría de estos casos se resuelven o mejoran mucho cuando se encuentra la causa. Es un problema con solución, no un defecto del gato.
Un gato que hace pis fuera no se está vengando: o le duele algo, o el arenero no le gusta, o algo le estresa. Primero el veterinario, siempre, y si es un macho que hace fuerza sin sacar orina, urgencia ya. Después, areneros limpios y grandes, uno por gato más uno en sitios distintos, arena sin perfume, limpiador enzimático y nada de castigos.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.