Cómo elegir arenero y arena para tu gato (y cuántos necesitas)
El arenero parece un detalle menor y es una de las cosas que más condicionan la convivencia con un gato. Si le gusta, no volverás a pensar en él. Si no, puede acabar orinando en tu cama. Esto es lo que funciona, según lo que los gatos eligen cuando les dan a elegir.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Cuántos: uno por gato, más uno
La recomendación de las sociedades de medicina felina es sencilla: un arenero por cada gato de la casa, más uno extra. Con un gato, dos; con dos gatos, tres. Parece exagerado, pero tiene lógica: muchos gatos prefieren orinar en un sitio y defecar en otro, y en las casas con varios gatos evita que uno controle el acceso a un recurso vital. Hay un matiz que se suele pasar por alto: dos areneros juntos en el mismo rincón cuentan como uno, porque para el gato son un único sitio. Tienen que estar en lugares distintos, a ser posible en zonas diferentes de la casa. En pisos pequeños con un solo gato, dos areneros bien separados ya marcan una diferencia.
Tamaño: casi todos los que se venden son pequeños
Un gato necesita poder entrar, girar sobre sí mismo, escarbar y colocarse sin tocar los bordes. Como referencia, el arenero debería medir de largo al menos una vez y media lo que mide el gato desde la nariz hasta el inicio de la cola, lo que en un gato medio son unos 50 o 60 centímetros. Muchos de los areneros estándar de tienda se quedan cortos, y con razas grandes como el Maine Coon o el Bosque de Noruega, muy cortos. Una alternativa barata y excelente son las cajas de almacenaje de plástico grandes, de las que se usan para guardar ropa debajo de la cama, que cuestan entre 8 y 20 euros y ofrecen más espacio que areneros de precio mucho mayor.
¿Tapado o abierto?
Los areneros cerrados nos gustan a nosotros porque esconden la vista y parte del olor, pero para el gato tienen inconvenientes: concentran los olores dentro, tienen una sola salida, lo que en una casa con varios gatos puede hacer que se sienta acorralado, y a los gatos grandes les obligan a agacharse. Los estudios en los que se ha dejado elegir a los gatos no muestran una preferencia general por uno u otro, sino que depende de cada gato. La conclusión práctica: si tu gato usa sin problema un arenero tapado y lo limpias a diario, no hace falta cambiarlo. Si tienes dudas, o si hay problemas, ofrece uno abierto. Y si es tapado, quita la puerta basculante, que a muchos les molesta.
Los modelos especiales
Los areneros de entrada superior evitan que la arena se esparza, pero obligan a saltar dentro de un espacio cerrado y son mala idea para gatitos, gatos mayores o con artrosis. Los autolimpiables eléctricos cuestan de 150 a más de 500 euros, y a algunos gatos el ruido y el movimiento los asustan hasta dejar de usarlos; además, al recogerlo todo, te impiden ver si hay cambios en la orina, que es una pista de salud valiosa. Para gatos mayores, lo importante es un borde de entrada bajo, de 5 a 8 centímetros, o una caja grande a la que le hayas recortado una abertura en un lateral. Las bandejas con rejilla y sin arena solo tienen sentido cuando el veterinario necesita recoger orina.
La arena: lo que eligen ellos
Cuando se les deja elegir, la mayoría de los gatos prefieren una arena aglomerante de grano fino, parecida a la arena natural, y sin perfume. Las arenas perfumadas y los ambientadores junto al arenero son una de las causas más tontas de rechazo: lo que a nosotros huele a limpio a ellos les resulta intenso. Las de sílice absorben muy bien el olor, pero a algunos gatos no les gusta el tacto de los cristales. Las vegetales, de maíz, madera, tofu o papel, son más ligeras y algunas se pueden tirar al contenedor orgánico; funcionan bien con muchos gatos, aunque conviene probar. Lo que nunca hay que hacer es cambiar de arena de golpe: si quieres cambiar, mezcla poco a poco la nueva con la de siempre durante una o dos semanas.
Cuánta arena y cada cuánto limpiar
Con unos 3 a 5 centímetros de profundidad suele bastar; más no es mejor, y hay gatos a los que una capa muy profunda les incomoda. Lo importante es retirar los restos al menos una vez al día, mejor dos, y rellenar lo que se va gastando. La arena aglomerante se cambia entera y se lava el arenero con agua caliente y un jabón suave, sin olor, más o menos cada dos a cuatro semanas, según los gatos y la arena. La no aglomerante necesita un cambio completo mucho más a menudo, cada pocos días. Evita la lejía y el amoniaco para lavar el arenero, o aclara muy bien. Recoger a diario tiene una ventaja extra: es el momento en que notarás si orina más, menos o con sangre.
Cuánto cuesta en España
Un arenero abierto de buen tamaño cuesta entre 10 y 30 euros, y uno tapado grande entre 25 y 60. La arena es el gasto continuo: una aglomerante mineral de calidad razonable sale por unos 6 a 15 euros al mes para un gato, las vegetales algo más, de 10 a 20, y las de sílice de 10 a 18. Con varios gatos, multiplica. Una pala buena con un mango firme cuesta menos de 10 euros y hay cubos con bolsa y cierre hermético para los restos por 20 o 40. Merece la pena no ahorrar en el tamaño del arenero ni en el número: comparado con lo que cuesta limpiar o tirar un colchón meado, es el dinero mejor invertido de la casa.
Dónde ponerlo
El sitio ideal es tranquilo, de fácil acceso y con buena vía de escape: que el gato pueda ver quién se acerca y salir sin quedarse arrinconado. Lejos de la comida y el agua, porque los gatos no comen donde hacen sus necesidades. No junto a la lavadora, la secadora o la caldera, que hacen ruidos repentinos, ni en un pasillo con mucho paso. Si en casa hay perro, un sitio al que el perro no pueda llegar, porque un perro que mete el hocico en el arenero o que asusta al gato a la salida es causa frecuente de problemas. En una casa de varias plantas, uno por planta. Y si tienes que mover el arenero, hazlo poco a poco o pon el nuevo antes de quitar el viejo.
Las señales de que algo no le gusta
El gato avisa antes de dejar de usar el arenero, si sabes mirar. Que haga sus cosas con las patas en el borde sin pisar la arena, que salga corriendo en cuanto termina, que no escarbe para tapar o escarbe fuera, en la pared o el suelo, que tarde en entrar o se quede mirando desde la puerta: todo eso indica que algo del arenero le incomoda, sea el tamaño, la limpieza, la arena o el sitio. Si además orina con más frecuencia, en poca cantidad, con esfuerzo o con sangre, eso ya no es una cuestión de preferencias: es un motivo para ir al veterinario. Y si un macho hace fuerza sin sacar nada, es una urgencia.
Un arenero por gato más uno, en sitios distintos y tranquilos, lejos de la comida. Grande (una vez y media lo que mide el gato), con arena aglomerante fina y sin perfume, unos 3 a 5 cm de capa y limpio a diario. Tapado o abierto da igual si tu gato lo usa bien. Y nada de cambios bruscos de arena ni de sitio.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.