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18 de octubre de 2026 · 7 min de lectura

Gato con otras mascotas: perros, conejos, roedores, pájaros y peces

Un gato puede convivir con muchas especies, pero no con todas en las mismas condiciones. Con un perro puede ser su mejor amigo; con un hámster, un periquito o un pez, sigue siendo un cazador, por mucho que lleve años sin cazar nada. La clave está en saber qué se puede esperar de cada combinación y en no fiarse nunca del todo del instinto.

Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web

Asiático
Asiático · foto de Matt Buck from London, United Kingdom (CC BY-SA 2.0)

El gato sigue siendo un depredador

Aunque viva en un piso y coma pienso, el gato conserva intacto su instinto de caza. Los animales pequeños, rápidos y que se mueven a saltitos o revolotean, como los roedores, los pájaros o los peces, son presas naturales, y el impulso de perseguirlos y atraparlos no depende del hambre. Muchos gatos conviven años con un hámster sin tocarlo, pero eso suele deberse a que no han tenido oportunidad, no a que hayan aprendido a respetarlo. Por eso, con las presas naturales del gato, la regla es que nunca deben estar juntos sin supervisión, y lo ideal es que no estén juntos nunca. Con otras especies, como los perros, la relación puede ser de igual a igual.

Con perros

Gatos y perros pueden convivir muy bien, y muchos se hacen grandes amigos, sobre todo si se conocen de jóvenes. La clave es el carácter del perro: uno tranquilo, educado y sin un instinto de persecución muy marcado es un buen compañero; uno con mucho impulso de caza, como algunos lebreles o terriers, puede ser un riesgo serio. La presentación tiene que ser gradual, con el perro sujeto al principio, y el gato siempre debe tener vías de escape y sitios en alto donde el perro no llegue. Sus recursos, como el arenero y la comida, deben estar fuera del alcance del perro, que suele comerse el pienso del gato y hasta lo que hay en el arenero.

Con conejos

La convivencia entre gatos y conejos es posible, especialmente si el conejo es grande y seguro de sí mismo, y si se han criado juntos o se presentan con mucha calma. Hay casas donde comparten sofá sin problema. Pero un conejo pequeño o un gazapo es una presa para muchos gatos, y aunque el gato no quiera hacerle daño, un juego brusco puede acabar mal. Además, el conejo es un animal muy sensible al estrés: que un gato le acose o le mire fijamente a través de la jaula puede enfermarle. Supervisa siempre los ratos juntos, dale al conejo un refugio donde el gato no pueda entrar, y si ves que el gato le acecha o el conejo vive escondido, sepáralos.

Con roedores y hurones

Hámsters, ratones, ratas, jerbos, cobayas y chinchillas son presas naturales del gato, y no deberían estar nunca juntos. Su jaula debe ser resistente, con cierres que el gato no pueda abrir con la pata, colocada en alto o en una habitación donde el gato no entre. Ten en cuenta que, aunque el gato no llegue a tocarlos, tenerlo vigilando la jaula cada día es una fuente de estrés crónico para un animal pequeño. Los hurones son otra cosa: también son depredadores, y en algunas casas conviven con gatos jugando como iguales. Aun así, requieren una presentación muy gradual, porque sus juegos pueden ser bruscos y ambos pueden hacerse daño.

Con pájaros

Los pájaros, desde un periquito hasta un loro, son presas muy atractivas para el gato. La jaula debe ser sólida, estable, difícil de volcar y colocada donde el gato no pueda subirse encima ni llegar con la pata a través de los barrotes. Nunca dejes al pájaro suelto por casa si el gato está presente, aunque parezca indiferente. Los loros grandes pueden defenderse y hacer daño a un gato con el pico, pero eso no hace la convivencia más segura, sino más peligrosa para los dos. Ten en cuenta también que la presencia constante de un depredador cerca de la jaula estresa mucho al pájaro, que puede dejar de comer o arrancarse las plumas.

Un arañazo pequeño puede ser grave

La boca y las uñas del gato albergan bacterias, entre ellas Pasteurella multocida, que en un animal pequeño pueden causar infecciones muy graves y rápidas. Un pájaro, un conejo o un roedor que ha recibido un arañazo o un mordisco de un gato, aunque parezca superficial y no sangre, puede morir en uno o dos días por una infección si no recibe tratamiento. Por eso, si tu gato atrapa o hiere a otro animal de la casa, por pequeña que parezca la herida, llévalo al veterinario cuanto antes, preferiblemente uno que trate animales exóticos. Es uno de esos casos en los que esperar a ver cómo evoluciona puede ser fatal.

Con peces y reptiles

Un acuario es un espectáculo para muchos gatos, que pueden pasarse horas mirando. Asegúrate de que tiene una tapa firme que el gato no pueda mover ni levantar, y de que está bien sujeto para que no lo vuelque al saltar encima. Cuidado también con los cables y los calentadores. En el caso de los reptiles, como tortugas, lagartos o serpientes, el terrario debe estar bien cerrado. Una serpiente grande puede ser un peligro para el gato, y una pequeña, una presa. Los reptiles pueden portar salmonela, así que lávate las manos después de manipularlos y no dejes que el gato beba de su agua ni entre en el terrario.

Cómo hacer la presentación

Con otras especies, igual que con otros gatos, la clave es ir despacio. Empieza con el intercambio de olores, con mantas o juguetes. Después, que se vean a distancia, con el gato tranquilo y ocupado, por ejemplo comiendo o jugando, y premia la calma. Si el gato se queda mirando fijamente, se agazapa, mueve la cola de lado a lado o se prepara para saltar, está en modo caza: interrumpe la situación con tranquilidad, aleja al gato y vuelve a intentarlo otro día a más distancia. No castigues al gato por cazar: es su naturaleza. Lo que tienes que hacer es gestionar la situación para que no tenga la oportunidad.

La organización de la casa

Si convives con un gato y animales pequeños, lo más seguro es tenerlos en habitaciones diferentes, con la puerta cerrada cuando no estás en casa. Si no es posible, que las jaulas y los terrarios sean a prueba de gato, con cierres seguros y en sitios estables. Asegúrate de que el gato tiene sus propias zonas de descanso, rascadores y escondites, y suficiente juego y estimulación para canalizar su instinto cazador. Un gato cansado y bien estimulado tiene menos interés en el hámster. Y nunca dejes a los niños solos a cargo de la supervisión: es fácil que, sin querer, dejen una jaula abierta o al animal pequeño al alcance del gato.

Antes de traer un animal nuevo

Si ya tienes un gato y estás pensando en añadir otra especie a la familia, piensa primero en el gato. Un gato con un instinto de caza muy marcado, que acecha a los pájaros por la ventana o caza todo lo que entra en casa, no es un buen compañero para un roedor o un pájaro, por mucho cuidado que tengas. Un gato miedoso puede pasarlo muy mal con la llegada de un perro joven y enérgico. Valora también tu casa: si no puedes tener habitaciones separadas, quizá no sea buena idea. Y si ya tienes otro animal y quieres adoptar un gato, pregunta en la protectora: muchas saben si un gato concreto ha convivido con perros, conejos u otros animales.

Lo que importa

Con perros y, a veces, con conejos grandes o hurones, la convivencia es posible con una presentación gradual. Roedores, pájaros y peces son presas: nunca juntos, jaulas a prueba de gato y habitaciones separadas. Si tu gato araña o muerde a un animal pequeño, aunque parezca nada, al veterinario cuanto antes: las bacterias de su boca pueden matarlo en horas.

Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.

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