Golpe de calor en gatos: cómo reconocerlo y qué hacer
Los gatos toleran el calor mejor que los perros y buscan solos el sitio más fresco de la casa. Por eso el golpe de calor felino casi siempre ocurre cuando no pueden elegir: encerrados en una habitación, en un coche, en un transportín al sol. Y un gato que jadea, en verano, es una señal que no se puede ignorar.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Cómo se refresca un gato
El gato suda muy poco, solo por las almohadillas, y su principal forma de perder calor es buscar sombra, tumbarse estirado sobre superficies frescas como la baldosa, reducir la actividad y acicalarse: la saliva que se extiende por el pelo se evapora y enfría. Jadear, en cambio, es algo que un gato hace muy poco, solo tras un esfuerzo intenso o un susto, y durante poco tiempo. Por eso, en un gato, jadear con la boca abierta en reposo es siempre una señal de alarma: o está sobrecalentado o tiene un problema respiratorio o cardíaco. Si lo ves así, no lo atribuyas a que hace calor sin más.
Dónde ocurre
En la mayoría de los casos, el gato no ha podido escapar del calor. Habitaciones cerradas orientadas al sur, buhardillas, galerías acristaladas y terrazas cerradas sin sombra en pleno verano. Coches aparcados, aunque sea poco rato: con 25 grados fuera, el interior supera los 40 en menos de veinte minutos. Transportines al sol durante un viaje o en la espera de la clínica. Secadoras y lavadoras, donde algunos gatos se meten a dormir. Y casas donde se ha cortado la luz o el aire acondicionado en una ola de calor. También puede pasar tras un esfuerzo intenso en un día muy caluroso, en gatos con acceso al exterior.
Qué gatos corren más riesgo
Los de cara chata, como el persa, el exótico y el himalayo, porque sus vías respiratorias funcionan peor y se refrigeran mal. Los gatos con sobrepeso. Los gatos con enfermedades del corazón, como la cardiomiopatía hipertrófica, o respiratorias, como el asma. Los gatitos y los gatos mayores, que regulan peor la temperatura y beben menos. Los de pelo muy largo y denso si no se cepillan, porque el pelo apelmazado no deja circular el aire. Y los que tienen enfermedad renal, que se deshidratan con facilidad. Si tu gato está en alguno de estos grupos, en verano necesita una vigilancia extra.
Las señales, en orden
Primero, inquietud, búsqueda de sitios frescos, mucho acicalado y respiración más rápida. Después, jadeo con la boca abierta, babeo, encías y lengua de color rojo intenso, pulso rápido. Si sigue, tambaleo, debilidad, vómitos o diarrea, desorientación y, en la fase grave, colapso, convulsiones o pérdida de consciencia. La temperatura normal de un gato está entre unos 38 y 39,2 grados; por encima de 40 hay que actuar y por encima de 41 es una urgencia grave. Igual que en los perros, un gato que ha sufrido un golpe de calor fuerte puede parecer que se recupera y empeorar uno o dos días después por daño renal, hepático o de la coagulación.
Primeros auxilios: los diez primeros minutos
Sácalo del calor de inmediato y llévalo a una habitación fresca o con aire acondicionado. Moja su pelo con agua fresca del grifo, no helada, sobre todo en la barriga, las ingles, las axilas, el cuello y las almohadillas; un paño húmedo que vas renovando funciona bien con los gatos que no toleran el agua. Pon un ventilador cerca para que el agua se evapore, que es lo que enfría. Ofrécele agua para beber si está consciente, sin forzarlo. Llama al veterinario mientras lo haces y ve hacia la clínica con el transportín abierto o ventilado y el aire del coche encendido. Si tienes termómetro, deja de enfriar activamente cuando baje de 39,5 para no provocar el efecto contrario.
Lo que no hay que hacer
No lo sumerjas en agua helada ni le pongas hielo directamente: el frío intenso contrae los vasos de la piel por donde tiene que salir el calor y puede provocar temblores, que generan más calor. No lo envuelvas en una toalla mojada y lo dejes así: en pocos minutos la toalla se calienta y actúa como una manta. No le des ningún medicamento, y menos antitérmicos de personas: el paracetamol es mortal para los gatos y el ibuprofeno les daña el riñón y el estómago. Y no te quedes en casa esperando a ver si mejora: el tratamiento con suero intravenoso y el control de los órganos se hacen en la clínica.
Qué hará el veterinario y cuánto cuesta
Enfriamiento controlado, oxígeno si respira con dificultad, sueroterapia intravenosa y analíticas para valorar riñones, hígado, glucosa y coagulación, que se repiten en las siguientes horas. Un gato con golpe de calor grave suele quedar hospitalizado uno a tres días. Como orientación en España en 2026, la urgencia con estabilización inicial puede rondar los 150 a 400 €, y la hospitalización con analíticas seriadas, de 400 a 1.200 € o más según la gravedad y la clínica. Los casos leves, detectados pronto, se resuelven con mucho menos.
La casa en verano
Deja siempre al gato acceso a varias habitaciones, incluidas las más frescas, con las puertas abiertas o sujetas para que no se cierren con una corriente. Baja persianas en las horas de sol. Agua fresca en varios puntos, cambiada a diario; muchos gatos beben más de una fuente o de cuencos anchos. La comida húmeda ayuda a que se hidraten. Una baldosa, una alfombrilla refrescante o una toalla húmeda sobre el suelo le dan opciones para tumbarse. Si te vas de vacaciones o pasas el día fuera en plena ola de calor, deja el aire acondicionado programado o pide a alguien que pase a ver al gato. Y revisa la lavadora y la secadora antes de ponerlas.
Balcones, viajes y transportines
Un balcón al sol en julio no es un sitio para dejar al gato sin sombra y sin agua, y además en verano, con ventanas abiertas, aumentan mucho las caídas: las mallas de seguridad son la solución para las dos cosas. Para viajar, elige horas frescas, no dejes nunca al gato solo en el coche, ni siquiera un momento, y no pongas el transportín al sol ni en el maletero. En la espera de la clínica o de la estación, busca sombra. Y en pelos largos, el cepillado frecuente retira el subpelo muerto y ayuda a que el aire circule; rapar a un gato por el calor no suele ser necesario y le quita protección frente al sol.
Un gato que jadea con la boca abierta en verano está en apuros. Enfríalo con agua fresca y aire, nunca con hielo, y ve al veterinario aunque parezca que mejora. La prevención es sencilla: que siempre pueda elegir un sitio fresco, agua abundante y nunca, ni un minuto, en un coche cerrado.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.