Diabetes en gatos: síntomas, tratamiento y la posibilidad de remisión
La diabetes es una de las enfermedades hormonales más frecuentes en gatos. Suena a pinchazos para siempre, y en muchos gatos lo es, pero con un diagnóstico temprano, el tratamiento adecuado y una dieta baja en carbohidratos, una parte importante de ellos deja de necesitar insulina.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Qué es y a qué gatos afecta
La diabetes felina se parece mucho a la diabetes tipo 2 de las personas: el páncreas produce insulina, pero el cuerpo responde mal a ella, y con el tiempo las células del páncreas que la fabrican se agotan. El factor de riesgo más importante es la obesidad, que reduce la sensibilidad a la insulina. También tienen más riesgo los machos, los gatos de mediana edad y mayores, los sedentarios y de interior, y algunas razas, como el burmés. Algunos medicamentos, como los corticoides de larga duración y los progestágenos usados para cortar el celo, pueden desencadenarla, y otras enfermedades como la pancreatitis o la acromegalia también.
Los síntomas
Los clásicos son beber mucho, orinar mucho, con bolas de arena más grandes o más numerosas, comer con más apetito y, a pesar de eso, adelgazar. Algunos gatos desarrollan una neuropatía diabética que les hace caminar apoyando los corvejones, con las patas traseras más bajas, como si caminaran sobre los talones; también pueden tener debilidad en las patas o dificultad para saltar. El pelo puede verse descuidado. Si la diabetes no se trata, puede evolucionar a una cetoacidosis diabética, una urgencia grave con vómitos, falta de apetito, deshidratación, apatía y, a veces, aliento con olor a acetona o fruta pasada.
Cómo se diagnostica
Con análisis de sangre y orina. La glucosa alta en sangre por sí sola no basta, porque en gatos el estrés de la consulta puede subirla mucho de forma transitoria. Por eso se mide también la fructosamina, que refleja la glucosa media de las últimas una o dos semanas, y se busca glucosa en la orina. Se revisa además la función renal y hepática, la hormona tiroidea en gatos mayores y, en la orina, si hay infección, que es frecuente en diabéticos, o cuerpos cetónicos, que indicarían cetoacidosis. El diagnóstico se confirma juntando los síntomas con estos resultados.
La remisión: el objetivo realista
A diferencia de los perros, una parte importante de los gatos diabéticos puede entrar en remisión, es decir, dejar de necesitar tratamiento manteniendo una glucosa normal, a veces durante años. Las guías de la ISFM indican que las probabilidades son mayores cuando el tratamiento empieza pronto tras el diagnóstico, se consigue un buen control de la glucosa en las primeras semanas y meses, se usa una dieta baja en carbohidratos, el gato pierde el sobrepeso y se evitan los medicamentos que empeoran la diabetes. Las cifras de remisión varían mucho entre estudios, desde menos de un tercio hasta la mayoría de los gatos en los protocolos más intensivos. Pregunta a tu veterinario: la remisión es un objetivo que hay que perseguir desde el primer día.
El tratamiento con insulina
La mayoría de los gatos diabéticos se tratan con insulina inyectada bajo la piel, normalmente dos veces al día, coincidiendo con las comidas. Puede asustar, pero la aguja es muy fina, la inyección se pone en la piel suelta del cuello o del costado y la mayoría de los gatos ni la notan, sobre todo si se acompaña de comida o un premio. El veterinario elegirá el tipo de insulina, la cantidad inicial y cómo ajustarla; la dosis nunca se cambia por tu cuenta. Aprenderás a guardar la insulina en la nevera, a no agitarla si así lo indica el fabricante, a usar jeringas específicas para su concentración y a apuntar cada dosis. Los primeros días cuestan; en pocas semanas se vuelve una rutina de un minuto.
Un tratamiento oral para algunos gatos
En los últimos años se han autorizado en Europa medicamentos orales para la diabetes felina, de la familia de los inhibidores del cotransportador SGLT2, que hacen que el gato elimine el exceso de glucosa por la orina y se dan una vez al día. Son una opción para algunos gatos recién diagnosticados que todavía producen insulina y no tienen cetonas, y pueden evitar los pinchazos. No sirven para todos los gatos y tienen riesgos propios, como un tipo de cetoacidosis que puede pasar desapercibida, así que requieren una buena selección y controles cercanos, sobre todo al principio. Es una decisión que se toma con el veterinario después de la analítica inicial.
La dieta y el peso
La dieta es parte del tratamiento. Las dietas veterinarias para gatos diabéticos son ricas en proteína y bajas en carbohidratos, y ayudan a controlar la glucosa y a conseguir la remisión. La comida húmeda suele tener menos carbohidratos que el pienso seco. Las comidas deben ser regulares, a las mismas horas y coincidiendo con la insulina, y sin premios fuera de lo previsto. Si el gato tiene sobrepeso, adelgazar poco a poco es fundamental, siempre con el ritmo que marque el veterinario, porque en gatos perder peso deprisa puede provocar lipidosis hepática.
La hipoglucemia: lo que hay que saber reconocer
Si el gato recibe más insulina de la que necesita, no come tras la inyección o entra en remisión sin que se haya ajustado la dosis, el azúcar puede bajar demasiado. Las señales son debilidad, tambaleo, desorientación, temblores, comportamiento extraño, y en casos graves, convulsiones o pérdida de consciencia. Es una urgencia: frota un poco de miel o sirope en sus encías, sin meterle líquido en la boca si no traga bien, y ve al veterinario de inmediato. Si dudas de si le has puesto la insulina, no repitas la dosis: es más seguro saltarse una que poner dos. Y si el gato no come, no le pongas la insulina sin consultar.
Controles en casa y en la clínica
Las revisiones son frecuentes al principio, para ajustar la dosis con curvas de glucosa, que consisten en medir la glucosa varias veces a lo largo del día, y con la fructosamina. Cada vez más familias miden la glucosa en casa con un glucómetro veterinario, con una gota de sangre de la oreja, o con sensores de glucosa continua que se pegan en la piel y duran unos días; en casa los valores son más fiables porque el gato no está estresado. Vigila también cuánto bebe, cuánto orina, su peso y su apetito: si empieza a beber menos, puede que esté entrando en remisión y haya que bajar la dosis.
Cuánto cuesta
Como orientación en España en 2026: el diagnóstico inicial con analítica, fructosamina y orina, de 150 a 300 €; la insulina, de 30 a 70 € al mes según el tipo y la cantidad, más las jeringas; el tratamiento oral, en un rango parecido o algo superior; una curva de glucosa en la clínica, de 60 a 150 €; un sensor de glucosa continua, de 50 a 80 € cada uno; la dieta para diabéticos, de 30 a 70 € al mes. Una cetoacidosis diabética con hospitalización puede costar de 800 a 2.500 €. Un gato bien controlado es mucho más barato, y más feliz, que uno que entra y sale de urgencias.
La diabetes felina se parece a la tipo 2 y está muy ligada a la obesidad. Beber, orinar y comer mucho mientras adelgaza son las señales clásicas. Con tratamiento temprano, buen control, dieta baja en carbohidratos y pérdida de peso gradual, una parte importante de los gatos alcanza la remisión.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.