El parto de la gata: qué es normal y cuándo hay que llamar al veterinario
La inmensa mayoría de las gatas paren solas, de noche y sin ayuda, y lo mejor que puedes hacer es estar cerca, en silencio, sin tocar nada. Pero un parto atascado es una urgencia, y hay que saber distinguir una pausa normal de un problema. Aquí tienes las fases, lo que debes tener preparado y las señales de que hay que llamar.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Cuando el parto se acerca
En los últimos días la gata suele buscar sitio con insistencia: revisa armarios, rasca mantas, se mete en cajas. Es el comportamiento de anidamiento. Entre 12 y 24 horas antes del parto muchas dejan de comer, se lamen con frecuencia la zona genital, están inquietas, jadean un poco o ronronean mucho, y algunas buscan a su persona favorita sin separarse de ella mientras otras se esconden. La bajada de temperatura corporal que se usa en perras para anticipar el parto es mucho menos fiable en gatas, así que no te obsesiones con el termómetro. Si sabes por la radiografía cuántos gatitos vienen, ya tienes el dato más útil para el día del parto.
Primera fase: la dilatación
Es la fase más larga y la menos visible. El cuello del útero se dilata y empiezan contracciones que desde fuera casi no se ven. La gata está inquieta, entra y sale del nido, se tumba y se levanta, puede jadear, maullar o vomitar algo. Suele durar entre 6 y 12 horas, y en gatas primerizas puede llegar a 24 o incluso más. Mientras la gata esté tranquila entre ratos de inquietud, no tenga flujo anormal y no empuje con fuerza, es normal. Lo que tienes que hacer en esta fase es poco: que tenga el nido preparado, la habitación en penumbra, sin ruido, sin visitas y sin niños ni otros animales entrando y saliendo.
Segunda fase: nacen los gatitos
Ahora las contracciones se ven: la gata empuja tumbada de lado o en cuclillas, y aparece la bolsa con el primer gatito. Lo normal es que nazca en menos de una hora desde que empiezan las contracciones fuertes, a menudo en pocos minutos. Pueden salir de cabeza o de patas traseras, y las dos cosas son normales. La madre rompe la bolsa, lame al gatito con energía para limpiarle la nariz y hacerle respirar, y corta el cordón con los dientes. Los siguientes llegan con intervalos de entre diez minutos y una hora, aunque a veces hay pausas más largas. Cada gatito suele pesar entre 90 y 110 gramos y debería ponerse a mamar en la primera hora: el calostro le da las defensas de su madre.
Tercera fase: las placentas
Tras cada gatito sale su placenta, normalmente a los pocos minutos, a veces junto con el siguiente. Es normal que la gata se las coma: es un comportamiento instintivo, que limpia el nido y no le hace daño, aunque no hace falta dejar que se las coma todas si son muchas. Intenta contarlas discretamente: debería haber una por gatito, y una placenta retenida puede dar problemas los días siguientes. Después del parto es normal que tenga un flujo rojizo o marrón, sin mal olor, que va disminuyendo durante una a tres semanas. Lo que no es normal es un sangrado abundante de color rojo vivo, un flujo con mal olor o fiebre: eso es motivo de consulta.
El parto interrumpido
Las gatas tienen una particularidad que desconcierta: pueden parir unos gatitos, descansar tranquilamente durante muchas horas, incluso uno o dos días, amamantando y comiendo con normalidad, y luego parir el resto. Se llama parto interrumpido y es fisiológico. La clave para distinguirlo de un problema es el estado de la gata: si está relajada, ronronea, cuida a los gatitos, come y no empuja, es una pausa normal. Si está inquieta, empuja sin resultado, jadea con angustia o está decaída, no lo es. Ante la duda, sobre todo si sabes que quedan gatitos dentro, una llamada al veterinario no cuesta nada y puede evitar perder gatitos o algo peor.
Lo que debes tener a mano
Prepara con antelación unas cuantas toallas limpias y secas, empapadores, guantes desechables, una báscula de cocina para pesar a los gatitos, hilo dental sin sabor o hilo de algodón y unas tijeras limpias por si hay que atar y cortar algún cordón, una bolsa de agua caliente o una esterilla térmica, y una lata de leche maternizada para gatitos por si alguno no mama bien. Ten también el transportín de la gata preparado y el teléfono de tu veterinario y de la clínica de urgencias más cercana apuntados donde los veas. Y una libreta: anotar la hora a la que nace cada gatito, su peso y cuándo sale cada placenta te ayudará mucho si tienes que llamar.
Cuándo ayudar tú
Casi nunca. Pero hay dos situaciones en las que conviene intervenir. Si la madre no rompe la bolsa en uno o dos minutos, sobre todo en primerizas o en gatitos que nacen muy seguidos, rómpela tú con los dedos por la zona de la cara, limpia la nariz y la boca y frota al gatito con una toalla, con firmeza y en sentido contrario al pelo, hasta que respire y llore. Si la madre no corta el cordón, átalo con hilo a uno o dos centímetros de la barriga del gatito y corta por el lado de la placenta. Luego devuélvelo enseguida a la madre. Lo que no debes hacer es tirar de un gatito atascado ni dar a la gata ningún medicamento para acelerar el parto: eso es cosa del veterinario.
Señales de que hay que ir a urgencias
Llama o ve sin esperar si la gata lleva media hora empujando con fuerza sin que salga ningún gatito; si un gatito asoma y en diez o quince minutos no termina de salir; si pasan más de dos horas entre gatitos con la gata empujando o claramente angustiada, y sabes que quedan más; si antes del primer gatito sale un flujo verde oscuro o negruzco, que puede indicar que una placenta se ha desprendido; si hay sangrado abundante de rojo vivo; si la gata está muy débil, tiembla o tiene fiebre; o si pasa de los 70 días de gestación sin parir. Una consulta de urgencias cuesta entre 60 y 150 € según la hora, y una cesárea entre 400 y 900 € en horario normal, bastante más de madrugada.
Las primeras horas después
Cuando la gata termina, normalmente se queda tumbada en el nido, ronroneando y con los gatitos mamando. Es el momento de cambiar con cuidado las toallas sucias, sin sacarla del nido, y dejarla en paz. Ofrécele agua y comida cerca; muchas no comen hasta pasadas unas horas. Comprueba discretamente que todos los gatitos maman y que ninguno se queda apartado o frío. Pesarlos ese mismo día te da una referencia para los siguientes: deberían ganar peso desde el segundo o tercer día. Es mejor que en esta primera semana las visitas a la habitación sean pocas y breves, porque una madre que se siente molestada puede cambiar de sitio a los gatitos o descuidarlos.
Problemas de la madre en las semanas siguientes
Vigila sus mamas: si alguna está caliente, dura, enrojecida o dolorida, o la leche tiene un color raro, puede ser una mastitis, que necesita tratamiento veterinario. Otra urgencia, menos frecuente pero grave, es la eclampsia, una bajada de calcio en sangre que suele aparecer entre la segunda y la cuarta semana de lactancia, sobre todo en camadas grandes: la gata está inquieta, jadea, tiembla, camina rígida y puede llegar a convulsionar. Si ves algo así, al veterinario de inmediato. Y si la gata deja de comer, está apática, tiene fiebre o un flujo con mal olor en los días siguientes al parto, también hay que consultar: puede haber una infección del útero.
La gata suele parir sola: nido tranquilo, silencio y observar sin tocar. Los gatitos nacen cada diez minutos a una hora y pueden darse pausas largas si la gata está tranquila. A urgencias si empuja media hora sin resultado, si un gatito se atasca, si sale flujo verde oscuro antes del primero o si sangra mucho.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.