Gatitos recién nacidos: cómo cuidarlos y qué es normal cada semana
Si la madre está sana y cuida bien de su camada, casi todo el trabajo lo hace ella. Lo tuyo es darle tranquilidad y buena comida, mantener el nido limpio y templado, y sobre todo vigilar: un gatito recién nacido puede empeorar en cuestión de horas, y la báscula de cocina es la herramienta que antes avisa.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
La primera semana
Un gatito nace con los ojos y los oídos cerrados, sin dientes y sin capacidad para regular su propia temperatura. Pesa entre 90 y 110 gramos, pasa casi todo el día durmiendo o mamando y se orienta hacia su madre por el olor y el calor. Duerme haciendo pequeños movimientos y sacudidas: son normales y forman parte de su desarrollo. El resto del cordón umbilical se seca y se cae solo en los primeros días; no hay que tocarlo ni tirar de él. Su madre lo lame constantemente, y no solo para limpiarlo: al lamerle la barriga y la zona genital le estimula para hacer pis y caca, algo que los gatitos no pueden hacer solos durante las primeras tres semanas.
De la segunda a la cuarta semana
Entre los siete y los catorce días abren los ojos, que en todos los gatitos son azules al principio; el color definitivo aparece semanas después. Hacia las dos semanas se abren los conductos de los oídos y empiezan a reaccionar a los sonidos. A las tres semanas se ponen de pie, dan sus primeros pasos tambaleantes y empiezan a salir de dientes. En la cuarta semana ya caminan con soltura, juegan con los hermanos, se acercan al plato de la madre y algunos empiezan a interesarse por el arenero. Es también cuando arranca su periodo sensible de socialización, en el que la manipulación suave y breve por varias personas les hará confiar en los humanos toda la vida.
El peso, la señal más fiable
Pesa a cada gatito una vez al día, a la misma hora, con una báscula de cocina. Para distinguirlos, si son parecidos, puedes ponerles un poco de esmalte de uñas no tóxico en una uña o un hilo de lana flojo como collar que vigilarás a diario. Un gatito sano gana entre 10 y 15 gramos al día y suele duplicar su peso de nacimiento en una o dos semanas. Es normal que el primer día pierda un poco, pero a partir del segundo o tercero tiene que subir. Un gatito que se estanca dos días seguidos o pierde peso es un gatito que necesita veterinario, aunque parezca estar bien: en recién nacidos, la báscula avisa mucho antes que cualquier síntoma.
El calor del nido
Los gatitos no regulan bien su temperatura hasta las tres o cuatro semanas, y el frío es una de las principales causas de muerte en los primeros días. Con la madre presente, ella les da calor, pero la habitación debe estar templada, en torno a 24 a 27 grados, sin corrientes de aire, y el nido aislado del suelo frío. Si añades una fuente de calor, que sea suave y solo en una parte de la caja, para que puedan alejarse si tienen demasiado calor. Un gatito que se queda separado del grupo y está frío al tacto, sobre todo en la boca y las almohadillas, necesita que lo calientes poco a poco antes de nada, y nunca hay que darle de comer mientras esté frío.
Lo que necesita la madre
La lactancia es el momento de mayor gasto energético en la vida de una gata: con una camada grande puede necesitar dos o tres veces lo que comía antes. Mantenla con pienso de gatito de buena calidad a libre disposición, algo de comida húmeda, agua fresca siempre y el arenero cerca del nido, porque no querrá alejarse. No la molestes más de lo necesario: entra a la habitación lo justo para limpiar, reponer y pesar, y procura que otros animales y las visitas no se acerquen la primera semana. Si una madre se siente amenazada puede trasladar a los gatitos de sitio una y otra vez, o descuidarlos. Si los cambia de sitio una vez, ayúdala llevando allí el nido.
La higiene del nido
Cambia las toallas o los empapadores cuando estén sucios, mejor cuando la madre salga a comer, y sin usar productos de olor fuerte, que pueden desorientarla. No bañes a los gatitos: si alguno se ensucia, límpialo con un paño húmedo en agua tibia y sécalo muy bien enseguida. Revisa que tengan los ojos limpios, que ninguno tenga diarrea, que la zona del ombligo no esté roja o hinchada y que ninguno tenga pulgas, porque en recién nacidos una infestación fuerte puede provocar anemia. Si ves pulgas, no uses ningún antiparasitario de adulto: consulta al veterinario, que te dirá qué es seguro a esa edad y cómo tratar también a la madre y al entorno.
Señales de alarma
Llévalo al veterinario el mismo día si un gatito llora sin parar o, al contrario, está flojo y no se mueve; si no mama o se suelta enseguida; si está frío y no remonta; si pierde peso o no gana; si tiene diarrea, que en un animal tan pequeño deshidrata en horas; si respira con ruido o le sale leche por la nariz; si tiene los párpados hinchados con pus antes de abrir los ojos; o si la madre lo aparta una y otra vez del grupo. A veces un gatito se va apagando sin motivo aparente en sus primeras semanas; los veterinarios lo llaman síndrome del gatito débil, y la única opción de salvarlo es actuar muy pronto. Ante la duda, no esperes al día siguiente.
Cuando la camada es grande o la madre no basta
Con seis u ocho gatitos, la madre puede no tener leche para todos, y los más pequeños se quedan sin pezón. Si alguno no gana peso, ponlo a mamar tú en los pezones de atrás, que suelen tener más leche, y si no basta, complementa con biberón de leche maternizada para gatitos, nunca de vaca, sin separarlo de la madre. En algunas razas, como el británico o el devon rex, existe un problema llamado isoeritrólisis neonatal: si la madre es de grupo sanguíneo B y los gatitos A, su calostro puede destruir los glóbulos rojos de los gatitos. Por eso los criadores serios conocen el grupo sanguíneo de sus gatos; si tienes dudas, coméntalo con el veterinario antes del parto.
Veterinario, desparasitación y vacunas
Una revisión de la madre y la camada en los primeros días ayuda a detectar a tiempo paladares hendidos, hernias o gatitos que no van bien. La primera desparasitación interna suele hacerse a partir de las dos o tres semanas y se repite según la pauta del veterinario, con productos adecuados para su peso. Las vacunas empiezan hacia las ocho semanas, porque antes las defensas que reciben de la madre a través del calostro interfieren con ellas. Si la madre no estaba vacunada o no sabes su historial, el veterinario puede adelantar algo la primera. Antes de que los gatitos se vayan a su nueva casa deben estar identificados con microchip, como exige la ley.
Manipularlos sí, pero poco y bien
En la primera semana conviene tocarlos lo mínimo: pesarlos, comprobar que están bien y devolverlos. A partir de la segunda semana, coger a cada gatito unos minutos al día, con suavidad y por varias personas tranquilas, es una de las mejores cosas que puedes hacer por su futuro, porque estás aprovechando su ventana de socialización. Sostenlo bien apoyado, nunca por el pellejo, déjale olerte, acaríciale y devuélvelo con su madre antes de que proteste. Los niños pueden participar sentados en el suelo y siempre con un adulto. Así, cuando lleguen a sus nuevas casas, serán gatitos que asocian las manos humanas con algo agradable.
Con una madre sana, tu papel es vigilar: pesa a cada gatito a diario (deben ganar 10–15 g al día), mantén el nido templado y limpio, alimenta bien a la madre y no la molestes. Un gatito que no gana peso, está frío, no mama o tiene diarrea necesita veterinario ese mismo día.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.