Mi gata está embarazada: cómo saberlo, cuánto dura y qué necesita
Una gata que ha salido en celo o se ha escapado unas horas puede volver preñada sin que nadie lo note durante semanas. La gestación felina es corta, unas nueve semanas, y en general la gata se apaña muy bien sola. Tu papel es confirmar el embarazo con el veterinario, alimentarla bien, prepararle un sitio tranquilo para el parto y pensar desde ya qué va a pasar con los gatitos.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Las primeras señales
Lo primero que suele notarse es que la gata deja de tener celos: si antes llamaba cada dos o tres semanas y de repente está tranquila, puede ser que esté preñada. Hacia la tercera semana los pezones se vuelven más rosados y algo más grandes, sobre todo en gatas primerizas; es la señal casera más fiable. Muchas comen más, algunas vomitan algún día suelto al principio y otras se vuelven más cariñosas o más dormilonas. La barriga no se nota hasta la quinta semana, más o menos, y en gatas con sobrepeso o con camadas pequeñas puede pasar desapercibida casi hasta el final. Ninguna de estas señales confirma nada por sí sola: un falso embarazo o un problema hormonal pueden dar cambios parecidos.
Cómo se confirma
El veterinario puede confirmarlo de tres maneras. A partir de la tercera semana, un veterinario con experiencia puede palpar los fetos con cuidado, aunque no siempre es concluyente. La ecografía es la prueba de referencia: desde los quince o veinte días de gestación ya se ven las vesículas y hacia los veinticinco días se ven latir los corazones, lo que confirma que los fetos están vivos. Suele costar entre 40 y 80 €. La radiografía no sirve al principio, pero a partir del día 42 o 45, cuando los esqueletos ya se han mineralizado, permite contar los gatitos con bastante exactitud. Saber cuántos vienen es muy útil el día del parto: si sabes que son cinco y han nacido cuatro, sabes que hay que seguir esperando o llamar.
Cuánto dura y cuántos gatitos vienen
La gestación de la gata dura unos 63 a 66 días, unas nueve semanas, con un margen normal de algunos días por cada lado. Como la gata ovula al ser montada, no siempre se sabe el día exacto de la cubrición, así que las fechas son aproximadas. La camada media es de cuatro gatitos, aunque puede ir de uno a ocho o más; las gatas primerizas y las muy jóvenes suelen tener camadas más pequeñas. Una curiosidad que tiene consecuencias: en una misma camada puede haber gatitos de padres distintos, porque la gata puede ser cubierta por varios machos durante el mismo celo. Si la gestación pasa de los 70 días sin señales de parto, hay que ir al veterinario sin esperar más.
La comida durante el embarazo
La gata gestante necesita más energía y más proteína, y la necesidad sube de forma progresiva a lo largo de las nueve semanas, no solo al final. Lo más sencillo es pasarla poco a poco a un pienso de gatito de buena calidad, que está pensado para crecimiento, y mantenerlo durante toda la lactancia. En el último tercio conviene dejarle comida a libre disposición o repartida en muchas tomas pequeñas, porque los gatitos ocupan sitio y le cuesta comer mucho de una vez. Agua fresca siempre, y algo de comida húmeda ayuda a que beba más. No le des suplementos por tu cuenta, ni de calcio ni de vitaminas: un pienso completo de gatito ya lleva lo necesario, y el exceso de algunos suplementos puede ser contraproducente.
La visita al veterinario
Una revisión al confirmar el embarazo es buena idea, sobre todo si no sabes su historial. El veterinario comprobará su estado general y su peso, valorará si conviene hacerle el test de leucemia e inmunodeficiencia felina, que se transmiten a los gatitos, y elegirá un desparasitante compatible con la gestación, porque muchos de los habituales no lo son. Durante el embarazo no se le deben dar medicamentos ni antiparasitarios externos sin consultar, y las vacunas se suelen aplazar. Pregúntale también qué clínica de urgencias te queda más cerca y apunta el teléfono: los partos tienen la costumbre de llegar de madrugada o en domingo, y es mejor no tener que buscarlo en ese momento.
Prepararle un nido
Una o dos semanas antes de la fecha prevista, prepárale un sitio para parir: una caja de cartón amplia o un transportín grande sin puerta, con toallas viejas o empapadores que puedas cambiar, en una habitación tranquila, templada y sin corrientes, lejos del paso de la casa y de otros animales. Ponle cerca su comida, su agua y un arenero, porque los primeros días no querrá alejarse de los gatitos. Enséñaselo, pero no la obligues a usarlo: muchas gatas eligen otro sitio, como el fondo de un armario o debajo de una cama, y si es seguro lo mejor es adaptarse a su elección y llevar allí las toallas. Lo que busca es un rincón oscuro, cerrado y donde nadie la moleste.
Lo que dice la ley
Desde la Ley 7/2023 de bienestar animal, los gatos deben estar esterilizados antes de los seis meses, salvo los reproductores inscritos a nombre de un criador registrado, y la cría queda reservada a esos criadores. Dicho esto, una gata que se queda preñada por un descuido, una ventana abierta o una escapada en pleno celo, es algo que pasa a menudo y que tiene arreglo. Lo sensato es hablarlo con tu veterinario, llevar bien la gestación, buscar para los gatitos familias responsables, entregarlos identificados con microchip y con la edad adecuada, y esterilizar a la madre en cuanto termine la lactancia. La esterilización también se puede hacer durante la gestación; es una decisión que se toma con el veterinario, valorando el caso concreto.
Si te encuentras una gata preñada
Si en la calle o en tu urbanización hay una gata con la barriga cada vez más grande, lo primero es saber si es de alguien o si forma parte de una colonia. Muchos ayuntamientos gestionan colonias felinas con voluntarios, y son quienes mejor pueden ayudar: avísales o contacta con una protectora de la zona. Si la gata es sociable y se deja coger, una opción es acogerla en casa para que dé a luz en un sitio seguro, con una visita al veterinario cuanto antes. Si es una gata feral que huye de las personas, no intentes atraparla por tu cuenta: una gata asustada a punto de parir se estresa mucho, y las protectoras tienen jaulas trampa y experiencia para hacerlo bien. Mientras tanto, comida y agua en un sitio fijo ayudan a que no se aleje.
Si te encuentras una camada
Si lo que encuentras son gatitos pequeños sin la madre a la vista, no los cojas enseguida. Lo más probable es que ella haya salido a comer y vuelva; separarlos sin necesidad es lo peor que les puede pasar, porque ningún cuidado humano iguala al de su madre. Obsérvalos desde lejos durante dos o tres horas, sin acercarte, porque si te ve cerca puede no volver. Si están limpios, redondos y tranquilos, durmiendo juntos, la madre está cuidándolos. Si están fríos, sucios, llorando sin parar, en un sitio peligroso o la madre no aparece en varias horas, entonces sí: abrígalos, llévalos al veterinario o a una protectora y lee cómo se cría un gatito huérfano, porque el calor es lo primero.
Señales de alarma durante la gestación
Llama al veterinario si notas flujo vaginal con sangre, verdoso o con mal olor antes de la fecha prevista, si la gata tiene fiebre, está apática o deja de comer durante más de un día, si vomita de forma repetida, si pierde peso en lugar de ganarlo o si pasa de los 70 días sin parir. Tampoco es normal que tenga contracciones o empuje antes de tiempo. Un aborto o una reabsorción de fetos pueden pasar sin que se note mucho por fuera, y algunas infecciones tienen tratamiento si se cogen a tiempo. La mayoría de las gestaciones transcurren sin ningún problema, pero precisamente porque la gata disimula tan bien, conviene estar atento a cualquier cambio de comportamiento.
Y después del parto
Una gata puede volver a entrar en celo pocas semanas después de parir, incluso mientras amamanta, y quedarse preñada de nuevo. Por eso, hasta que se esterilice, conviene que no salga y que no tenga acceso a ningún macho entero. El momento habitual para esterilizarla es cuando los gatitos ya están destetados y la lactancia ha terminado, en torno a las ocho semanas tras el parto, aunque tu veterinario te dirá cuándo en su caso. En una hembra la esterilización cuesta entre 120 y 250 €. Y no hace falta que tenga una camada antes de esterilizarla: es un mito sin base que no le aporta nada a su salud ni a su carácter.
La gestación dura unas nueve semanas y se confirma con ecografía desde la tercera. Pasa a la gata a pienso de gatito, prepárale un nido tranquilo y ten a mano el teléfono de urgencias. La ley obliga a esterilizar a los gatos salvo reproductores de criadores registrados: si ha sido un descuido, busca buenas familias para los gatitos y esteriliza a la madre tras la lactancia.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.