Vacaciones sin el gato: cuidador en casa, residencia felina o casa de alguien
Con los perros, la duda es entre residencia y cuidador. Con los gatos, la balanza se inclina casi siempre hacia el mismo lado: el gato es territorial y lo que peor lleva no es que te vayas, sino que le saquen de su casa. Aun así, hay casos en los que una buena residencia felina es la mejor opción.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Por qué el gato prefiere quedarse en casa
Para un gato, su casa no es solo el sitio donde vive: es su territorio, un mapa de olores, rutas, escondites y puntos altos que conoce de memoria y que le da seguridad. Sacarle de ahí para llevarle a un sitio desconocido, con olores de otros gatos y ruidos nuevos, es para muchos gatos una de las experiencias más estresantes que hay. Por eso la opción que mejor llevan la mayoría es quedarse en casa con alguien que vaya a verlos. Echarán de menos a sus personas, pero conservan su entorno, su arenero, su ventana y su rutina. La excepción son los gatos con necesidades médicas que requieren supervisión constante, o los que viven en casas donde nadie puede entrar durante tu ausencia.
El cuidador a domicilio
Un cuidador que va a casa una o dos veces al día limpia el arenero, pone comida y agua fresca, administra la medicación si hace falta, juega un rato con el gato y comprueba que está bien. Puede ser un familiar, un vecino o un profesional. Para un gato sano y adulto, una visita al día es el mínimo; dos es mejor, sobre todo si el gato es joven, muy sociable o necesita medicación. Si la ausencia es larga, que el cuidador pase un rato tranquilo con el gato, aunque solo sea sentado en el sofá, marca una diferencia en los gatos que echan de menos la compañía. Hay cuidadores que se quedan a dormir, una opción útil para gatos muy dependientes o para ausencias de varias semanas.
Cuánto cuesta en España
Un cuidador profesional de gatos suele cobrar entre 12 y 20 euros por visita de 30 a 45 minutos, con precios algo más altos en grandes ciudades y en temporada alta, y suplementos por medicación, por varios gatos o por visitas extra. Que se quede a dormir sale entre 30 y 50 euros la noche. Una residencia felina cuesta entre 12 y 25 euros por día y gato, con descuentos para hermanos que comparten habitación y suplementos en agosto, Semana Santa o Navidad. Para dos semanas de vacaciones con un gato, hablamos de entre 170 y 350 euros, según la opción y el número de visitas. Sea cual sea, conviene contar con un margen para una posible visita al veterinario.
Cómo elegir a un cuidador
Aquí no hay instalaciones que visitar, sino una persona que va a tener las llaves de tu casa y la responsabilidad de tu gato. Pide referencias y llámalas. Haz una visita previa con el gato presente y observa cómo se acerca a él: un buen cuidador de gatos no lo coge en brazos nada más llegar, deja que el gato se acerque a su ritmo. Pregúntale qué haría si el gato no aparece, si no come o si no hay pis en el arenero. Acuerda por escrito el número de visitas, la duración y el precio, y pide una foto o un mensaje cada día. Y deja autorización por escrito para que pueda llevar al gato al veterinario, con un límite de gasto si lo prefieres.
Cuándo una residencia felina es la mejor opción
Hay situaciones en las que una buena residencia felina tiene ventajas: gatos con medicación varias veces al día o con enfermedades que requieren vigilancia, gatos diabéticos que necesitan su insulina a horas fijas, viajes muy largos o casas en las que no hay nadie de confianza que pueda entrar. También para gatos muy sociables y confiados que llevan bien los cambios. Lo importante es que sea una residencia solo para gatos o, al menos, con una zona felina totalmente separada de los perros: el olor y los ladridos de perros a unos metros convierten la estancia en un suplicio. Una residencia que mezcla gatos y perros en el mismo espacio no es una residencia felina.
Qué preguntar y qué mirar en una residencia
Pide ver las instalaciones donde estará tu gato, no solo la recepción. Cada gato o cada grupo de gatos de la misma familia debe tener su propio espacio, sin mezclarse con gatos de otras casas. El espacio debe tener un escondite, un sitio en alto para subirse, el arenero separado de la comida y una cama. Pregunta qué vacunas exigen, porque una residencia que no pide la vacunación al día de todos los gatos es una mala señal, y si requieren desparasitación o pruebas de leucemia felina. Pregunta qué veterinario tienen, qué hacen si un gato no come y cada cuánto avisan. Y fíjate en el olor y en los gatos que ya están allí: si los ves tranquilos, es buena señal.
El peligro de que no coma
Muchos gatos comen poco o nada el primer día en un sitio nuevo, y eso es comprensible. Pero en un gato, no comer durante varios días es peligroso, sobre todo si tiene sobrepeso: puede desarrollar una lipidosis hepática, una enfermedad grave del hígado. Por eso, sea en una residencia o con un cuidador, tiene que haber alguien que controle si come y que te avise si pasan más de 24 a 48 horas sin hacerlo, y un veterinario al que acudir. Llevar su comida de siempre, nada de cambios de pienso durante tu ausencia, y algo de comida húmeda muy apetecible ayuda. Y si tu gato es de los que dejan de comer con cualquier cambio, es un argumento más para que se quede en casa.
Qué dejar preparado
Comida de sobra, de la misma que come siempre, medida por días y con margen de varios días por si te retrasas. Su arena habitual, porque un cambio de arena es motivo frecuente de rechazo del arenero. Si va a una residencia, su transportín, una manta o cama con olor de casa y algún juguete. La medicación en su envase, con las pautas escritas. La cartilla con las vacunas y el número de microchip. Y una hoja con tus teléfonos, el de una persona de contacto que esté localizable, el de tu veterinario y el de una urgencia 24 horas, más sus costumbres: cuánto come, dónde le gusta esconderse, qué le asusta y qué es normal en él. Cuanto más concreta, mejor.
La casa de un familiar o un amigo
Llevar al gato a casa de otra persona tiene los inconvenientes de la residencia, porque es un territorio nuevo, y ninguna de sus ventajas, porque esa casa no está preparada para gatos. Puede funcionar con gatos muy confiados o que ya conocen esa casa, pero en general es la opción menos recomendable. Si lo haces, que el gato tenga una habitación para él solo con todo lo necesario y la puerta cerrada los primeros días, y revisa ventanas, balcones y plantas tóxicas. Si en esa casa hay perro u otro gato, que no se encuentren: no es el momento de hacer presentaciones. Y que no le dejen salir al exterior en ningún caso, porque un gato en un sitio que no conoce se pierde con facilidad.
La vuelta a casa
Si tu gato ha estado en una residencia, es normal que a la vuelta esté algo raro: puede esconderse, estar distante o, al contrario, muy pegajoso, y puede que reciba con bufidos a otro gato de la casa, porque vuelve oliendo diferente. Dale tiempo y espacio, no le fuerces y, si hay varios gatos, haz una reintroducción suave, dejando que se huelan a través de una puerta antes de juntarlos. Si se ha quedado en casa, puede que te ignore un rato como si le hubieras ofendido y luego no se despegue de ti. Lo que no es normal es que no coma, que haga pis fuera del arenero de forma repetida o que esté apagado: en esos casos, al veterinario.
La mayoría de los gatos llevan mejor quedarse en casa con un cuidador que les visite una o dos veces al día (12 a 20 € por visita) que irse a otro sitio. Una residencia felina (12 a 25 €/día) tiene sentido para gatos con medicación o viajes largos, siempre que sea solo para gatos y cada familia tenga su espacio. Y alguien debe vigilar que coma.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.