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Apartado 16 de 21

Elegir veterinario y que la visita no sea un drama

Un gato estresado en la consulta esconde síntomas y se explora peor. Una clínica que sabe tratar gatos y un transportín al que esté acostumbrado cambian por completo la visita.

Británico de pelo corto. Un gato tranquilo en la consulta se explora mejor y esconde menos síntomas.
Un gato tranquilo en la consulta se explora mejor y esconde menos síntomas.Británico de pelo corto · foto de George E. Koronaios (CC BY-SA 4.0)
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Qué buscar en una clínica

Más que la más cercana o la más barata, busca una clínica que trate muchos gatos y lo demuestre: una sala de espera separada de los perros o al menos una zona elevada para dejar el transportín, consultas tranquilas, personal que maneja al gato con calma, sin sujetarlo a la fuerza más de lo necesario, y que te explique lo que hace. Existe una acreditación internacional, la de Clínica Amiga de los Gatos de la Sociedad Internacional de Medicina Felina, con niveles bronce, plata y oro, y algunas clínicas españolas la tienen. No es imprescindible, pero es una buena pista.

Ragdoll. Un transportín rígido que se abra por arriba facilita mucho la exploración.
Un transportín rígido que se abra por arriba facilita mucho la exploración.Ragdoll · foto de Arjunmz (CC BY 4.0)

Las urgencias, antes de necesitarlas

Pregunta en tu clínica qué hacen fuera de horario y localiza la urgencia veterinaria 24 horas más cercana, con su teléfono guardado en el móvil. Los problemas urinarios de los machos, las caídas, las intoxicaciones con lirios o paracetamol y la dificultad para respirar no esperan a la mañana siguiente. Una consulta de urgencias de noche o en festivo suele costar entre 80 y 150 € solo por ver al gato, antes de pruebas y tratamiento. Saberlo de antemano evita perder tiempo buscando a las tres de la madrugada.

El transportín, un aliado

La mayoría de los gatos odia el transportín porque solo lo ve para ir al veterinario. Déjalo abierto en casa todo el año, con una manta suya dentro, y dale ahí de vez en cuando un premio o la comida. Elige uno rígido que se abra también por arriba y cuya parte superior se pueda quitar: así el veterinario puede explorarlo dentro sin sacarlo a tirones. En el viaje, cúbrelo con una toalla, llévalo sujeto y no balanceándolo, y en la sala de espera ponlo en alto, lejos de los perros.

Siamés. Ten localizada la urgencia 24 horas antes de necesitarla.
Ten localizada la urgencia 24 horas antes de necesitarla.Siamés · foto de Rodrigo Padula (CC BY-SA 3.0)

Si tu gato lo pasa muy mal

Hay gatos que llegan a la consulta tan asustados que es imposible explorarlos bien. En esos casos, coméntalo con tu veterinario: puede valorar una medicación previa para reducir la ansiedad, que se da en casa unas horas antes, pedir que se os atienda a primera hora o directamente sin esperar, o hacer algunas revisiones a domicilio. Nunca le des por tu cuenta un tranquilizante ni un medicamento de personas. Un gato menos estresado es más fácil de explorar, y la visita se convierte en algo que aguanta, no en un trauma que empeora cada vez.

Después de la visita

Cuando vuelves a casa con un gato y hay otro esperando, a veces el que se quedó bufa o ataca al que llega: huele a clínica y no lo reconoce. Para evitarlo, deja al recién llegado un rato en una habitación aparte, que se acicale y recupere su olor, y frota a los dos con la misma manta antes de juntarlos. Apunta lo que te han dicho, las vacunas que tocan y la próxima cita. Y pregunta lo que no entiendas en la consulta, no en un foro: un buen veterinario prefiere explicar dos veces a que se haga mal en casa.

En resumen

Una clínica que trate bien a los gatos, la urgencia 24 horas localizada, un transportín rígido que se abra por arriba y que viva abierto en casa, y nada de medicamentos por tu cuenta. Si tu gato lo pasa fatal, díselo al veterinario: hay opciones.

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