Persas, cara chata y razas con mutaciones
Persas, exóticos e himalayos de tipo extremo, Scottish Fold o Munchkin. Son gatos encantadores con problemas de salud que vienen de cómo se han seleccionado.
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Qué pasa en una cara chata
En los persas, exóticos e himalayos de tipo más extremo el hocico se ha acortado tanto que la nariz queda casi a la altura de los ojos. Eso trae consecuencias: orificios nasales estrechos que dificultan respirar, sobre todo con calor o esfuerzo, lagrimeo constante porque los conductos que drenan las lágrimas están deformados, manchas y dermatitis en los pliegues de la cara, dientes apiñados y dificultad para coger la comida del cuenco. Es lo que los veterinarios llaman síndrome braquicefálico felino. No todos los persas lo sufren igual: los de tipo más tradicional, con algo de hocico, tienen muchos menos problemas.
Riñón y corazón
El persa y las razas emparentadas tienen además una enfermedad hereditaria, la poliquistosis renal, en la que se forman quistes en los riñones que acaban causando insuficiencia renal. Existe un test genético, y un criador serio solo cría con padres negativos y te enseña el resultado. Algunas de estas líneas también tienen más casos de cardiomiopatía hipertrófica, que se vigila con ecografía cardiaca. Antes de comprar un gatito de estas razas, pide los resultados de los dos padres por escrito; si el criador no los tiene o no quiere enseñarlos, ya tienes la respuesta.
El cuidado diario de un persa
Un persa no es un gato de poco mantenimiento. Su pelo largo y fino se enreda con facilidad y necesita cepillado diario; si se deja, se forman nudos pegados a la piel que duelen y a veces solo se quitan rapando en la peluquería. Hay que limpiarle a diario la zona de los ojos con una gasa húmeda para evitar irritaciones, vigilar la zona de la cola, donde se ensucia, y elegir un comedero plano y ancho que le permita comer sin hundir la cara. Con el calor, sombra, agua y un sitio fresco: le cuesta más refrigerarse respirando.
Orejas dobladas y patas cortas
El Scottish Fold tiene las orejas dobladas por una mutación que afecta al cartílago de todo el cuerpo, no solo al de las orejas. Todos los gatos con las orejas dobladas tienen en algún grado una alteración de huesos y articulaciones, la osteocondrodisplasia, que puede causar artrosis y dolor desde jóvenes; en algunos países se ha prohibido o restringido su cría. El Munchkin debe sus patas cortas a otra mutación, y en el Manx la falta de cola se asocia a malformaciones de la columna en algunos gatos. Son animales que merecen todo el cariño, pero conviene saber lo que hay detrás antes de buscar uno.
Si ya tienes uno o lo quieres
Si ya vive contigo, lo importante es una revisión veterinaria que valore su respiración, sus ojos, su boca, su riñón y su corazón, y un plan de cuidados a su medida. Un gato con orejas dobladas que se mueve poco o no salta quizá no es tranquilo: puede tener dolor, y la artrosis se trata. Si lo estás buscando, prioriza los ejemplares de tipo moderado, con hocico visible y orificios nasales abiertos, de criadores registrados con pruebas de salud. Y piensa en la adopción: muchas protectoras tienen persas y cruces de persa esperando, a menudo entregados porque no se podía con el cepillado.
Si te gusta un persa o un exótico, elige uno de tipo moderado, con padres libres de poliquistosis renal y con hocico visible, y cuenta con cepillado y limpieza de ojos a diario. Las orejas dobladas siempre vienen con un problema de cartílago y articulaciones.