Persa
También conocido como: Gato persa · Persian · Persa chinchilla · Persa cara chata · Doll face






Fotos: Reba Spike (CC BY 2.0) · Stéphane Gallay from Laconnex, Switzerland (CC BY 2.0) · Nickolas Titkov from Moscow, Russian Federation (CC BY-SA 2.0) · Pixoos (CC BY-SA 4.0), vía Wikimedia Commons.
Ficha
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* Camada y coste son estimaciones orientativas a partir del tamaño y de las necesidades de cepillado y salud de la raza, no cifras medidas de ejemplares concretos.
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Variedades
La familia del persa: mismo tipo, distinto manto
Cómo es
Los primeros gatos de pelo largo llegaron a Europa desde Persia y Turquía en el siglo XVII, y en la Inglaterra victoriana se convirtieron en la raza estrella: ya se exhibieron en el Crystal Palace en 1871. Durante el siglo XX, la cría para exposición, sobre todo en EE. UU., fue achatando su cara hasta el tipo extremo actual, con la nariz a la altura de los ojos. Hay que decirlo claro: esa cara chata es braquicefalia y trae problemas de respiración, lagrimeo, dientes y partos. Existen persas de tipo tradicional, con algo más de nariz, que lo pasan bastante mejor. De carácter es plácido, silencioso y de rutinas, y prefiere el sofá a las estanterías.
Carácter
Cuidados
Su pelo no es opcional: necesita cepillado diario con peine metálico para que no se formen nudos, que acaban pegados a la piel y hay que rapar. Muchos necesitan baño y secado cada 4–8 semanas, y limpieza diaria de las lágrimas con una gasa húmeda para evitar dermatitis en los pliegues. Higiene de la zona trasera para que no se ensucie. Es muy casero: piso perfecto, pero sin calor excesivo, que lleva fatal.
Salud
Poliquistosis renal (PKD, gen PKD1, con prueba genética: exígela), cardiomiopatía hipertrófica, atrofia de retina en algunas líneas y los problemas del tipo braquicéfalo: narinas estrechas, epífora (lagrimeo), dientes apiñados, úlceras corneales y partos difíciles. Elige ejemplares con la nariz visible y las narinas abiertas.
Cómo es de gatito
Un gatito de Persa no debería separarse de su madre antes de las doce o trece semanas, que es lo que piden las principales asociaciones felinas: en ese tiempo aprende de ella y de sus hermanos a controlar el mordisco, a usar el arenero y a relacionarse con otros gatos. Crece deprisa: a los seis meses ya tiene casi su tamaño, y el cuerpo y el carácter terminan de asentarse hacia el año y medio.
El periodo sensible de socialización del gato es muy temprano, más o menos entre la segunda y la séptima semana de vida, así que buena parte se juega en casa del criador o de la casa de acogida. Un gatito que en ese tiempo ha sido manipulado a diario por personas distintas suele ser un adulto mucho más confiado. Al llegar a casa, tú sigues sumando experiencias buenas y sin agobio: visitas tranquilas, el transportín abierto como un mueble más, el cepillo y que le toquen las patas. Lo que no conozca ahora le costará más después.
De gatito juega como todos, pero de adulto será un gato tranquilo (1 sobre 5). Aprovecha esta etapa para que se acostumbre a jugar a diario: es la mejor prevención contra el sobrepeso, que en los gatos caseros y poco activos llega solo.
No es de los que aprenden por complacer (2 sobre 5): sesiones de un par de minutos, premios muy buenos y nada de castigos, que en un gato solo enseñan a desconfiar. Lo esencial (arenero, rascador y transportín) se consigue igual con constancia.
Antes de que llegue: un arenero por gato y uno más, lejos de la comida; rascadores en los sitios de paso; y ventanas y balcones con red, porque un gatito no calcula las alturas. En la primera semana, visita al veterinario para la revisión, la desparasitación y la pauta de vacunas.
Un día normal con un Persa
Un día normal con un Persa adulto no gira en torno a paseos, sino a ratos de juego: dos o tres sesiones de diez a quince minutos que imiten una caza completa (acechar, perseguir, atrapar) y que terminen con algo de comida. En total, unos 10 minutos al día, y el resto lo organiza él: siestas, ronda de vigilancia por la casa y un buen rato mirando por la ventana.
Es un gato tranquilo (1 sobre 5) y lo normal es que pase buena parte del día durmiendo, que en un gato adulto pueden ser más de doce horas. Aun así, el juego diario importa: es lo que le mantiene en su peso y lo que evita que el aburrimiento acabe en comer de más.
Es de voz suave (1 sobre 5). Precisamente por eso, si un día empieza a maullar mucho más de lo normal, tómatelo como una señal: dolor, estrés o, en las gatas sin esterilizar, el celo.
Aguanta bien quedarse solo (4 sobre 5) durante una jornada normal de trabajo, con agua, arenero limpio y algo con lo que entretenerse. Un fin de semana entero, no: alguien tiene que pasar a verlo.
En cuidados, pide bastante: cepillado casi diario con peine metálico para que no se formen nudos, sobre todo en axilas, tripa y detrás de las orejas. Un nudo que se deja crecer acaba en la peluquería felina, y a veces en rapado.
Y lo que no se ve pero lo decide todo: el arenero se limpia a diario y la arena se cambia entera cada una o dos semanas. Es lo que más evita que un gato deje de usarlo.
Qué darle de comer
Un Persa adulto y esterilizado de unos 5 kg necesita alrededor de 281 kilocalorías al día, que con un pienso seco corriente son unos 72 gramos, mejor repartidos en varias tomas pequeñas, que es como come un gato. En dinero, la comida le va a costar del orden de 230 € al año. Son cifras de partida: quien manda es su cuerpo, y tienes que notarle las costillas al pasar la mano sin apretar.
El gato es carnívoro estricto: necesita proteína animal y taurina, y no se adapta a dietas vegetarianas ni a la comida de perro. Además bebe poco por naturaleza, así que incluir comida húmeda y poner una fuente o varios cuencos de agua lejos del comedero ayuda a su riñón y a sus vías urinarias, algo que en esta raza no es un detalle: su ficha de salud ya apunta problemas en esa zona.
Como gato de cara chata, le cuesta coger las croquetas de un plato hondo. Le van mejor las croquetas de forma adaptada a su mandíbula y un comedero plano y ancho, y conviene limpiarle la cara después de comer, porque se le queda comida en los pliegues.
Es una raza tranquila (1 sobre 5) que engorda con facilidad, y tras la esterilización las necesidades bajan bastante. Pesa la ración con una báscula en vez de dejar el comedero siempre lleno, y usa comederos de rompecabezas para que coma más despacio y se mueva. Un gato obeso tiene muchas más papeletas para la diabetes y la artrosis.
Nada de leche de vaca (la mayoría de gatos adultos no tolera la lactosa), ni cebolla, ajo, uvas o chocolate. Los premios cuentan como comida y no deberían pasar de una décima parte de lo que come al día.
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Qué esperar en cada etapa
Vacunas, desparasitaciones, el cambio de dientes hacia los cuatro o cinco meses y las normas de casa. Es también cuando se acostumbra al transportín, al cepillo y a que le revisen la boca y las uñas, y eso te ahorrará muchos malos ratos en los 14 años que vienen. La esterilización se suele hacer antes del primer celo, que puede llegar hacia los cuatro o seis meses.
La adolescencia: más energía, más pruebas de límites y, en los machos sin castrar, marcaje con orina. Tras la esterilización las necesidades de energía bajan, así que es el momento de ajustar la ración antes de que aparezcan los kilos de más. En el Persa, a los dos años ya es el gato que va a ser.
Su mejor momento. Revisión anual con vacunas según su estilo de vida, control de peso y una mirada a la boca, porque el sarro y la gingivitis empiezan aquí. A partir de los siete u ocho años, analítica de sangre y orina en la revisión: es la forma de pillar a tiempo lo que el gato esconde, y en esta raza el riñón es lo primero que hay que vigilar.
Entra en la etapa senior. El gato disimula el dolor, así que los primeros signos no son quejas: deja de subir a los sitios altos, salta en dos tiempos, se acicala menos o hace sus cosas fuera del arenero porque le cuesta entrar. Casi siempre es artrosis, y se trata. Conviene pasar a dos revisiones al año con analítica (riñón, tiroides y tensión), un arenero de bordes bajos y rampas o escalones hacia sus sitios favoritos.
La esperanza de vida del Persa está entre los 12 y los 15 años. Está en la media felina. Lo que más la alarga es lo mismo en cualquier gato: peso controlado, dientes cuidados, revisiones con analítica y, si sale, que sea de forma segura.
Si vas a comprar uno
Si decides comprar en vez de adoptar, de dónde venga el gatito importa más que el pedigrí. Las preguntas que valen para cualquier raza: ¿puedo ver a la madre y a la camada en casa? ¿Qué pruebas de salud tienen los padres, y me las enseñas? ¿Cuántas camadas tienes al año y de cuántas razas? ¿A qué edad entregas? ¿Qué pasa si no puedo quedármelo? Si esquiva alguna, mala señal. Y desconfía de los «Persa sin pedigrí» muy baratos: en gatos es muy habitual que sean mestizos que se le parecen.
En el Persa en concreto, pide la prueba genética de poliquistosis renal (PKD) y ecocardiografía de los reproductores para descartar cardiomiopatía hipertrófica. Un criador serio las tiene y las enseña sin que se las pidas; si te dice que «no hacen falta porque sus gatos están sanos», ya sabes bastante.
Elige ejemplares de cara menos extrema, con la nariz visible y las narinas abiertas: es lo que más va a cambiar su calidad de vida, mucho más que el color o el pedigrí.
Es una raza con una carga hereditaria importante (2 sobre 5 en salud), así que aquí elegir criador cambia por completo lo que vas a vivir y lo que vas a pagar en veterinario durante los 12–15 años que vive. No es un detalle: es la decisión.
Y lo que dice la ley en España: con la Ley 7/2023 de bienestar animal, los gatos ya no se venden en tiendas, solo directamente desde criadores registrados. Pide el número de registro, el microchip y la cartilla con vacunas y desparasitaciones, y el pedigrí de una asociación reconocida si te lo venden como Persa. Lo que cada comunidad exige además lo tienes en la página de normativa.
Con qué se confunde
Curiosidades
La reina Victoria tuvo persas azules, y eso disparó la moda de la raza en Inglaterra.
El persa ha intervenido en la creación del exótico, el himalayo, el burmilla y el británico actual.
El tipo «doll face» (cara de muñeca) conserva el perfil antiguo, con nariz, y respira mejor.
Antes de que se generalizara la prueba genética, algunos estudios hallaron PKD en cerca de un tercio de los persas.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos años vive un Persa?
Un Persa vive de media entre 12 y 15 años, en la línea de la media felina. En el Persa, elegir bien el criador y hacer revisiones pesa bastante en esa cifra.
¿Cuánto pesa un Persa adulto?
Un Persa adulto pesa 3,5–6,5 kg, las hembras en la parte baja y los machos en la alta, y mide unos 25–30 cm a la cruz. Es un gato de tamaño medio, en la línea del gato doméstico corriente.
¿Cuánto juego necesita un Persa?
Unos 10 min de juego al día, mejor en dos o tres sesiones cortas que en una larga. Con eso el Persa va sobrado: es de los gatos más tranquilos que hay, y el juego le sirve sobre todo para no coger peso.
¿Suelta mucho pelo el Persa?
El Persa tiene el pelo largo, espeso y fino, con mucho subpelo. Suelta muchísimo, sobre todo en las mudas: si el pelo en el sofá va a molestar, no es la raza. Necesita cepillado casi diario: si se descuida, los nudos acaban en peluquería felina o en rapado.
¿Es el Persa un buen gato para piso?
Sí, el Persa es de los gatos que mejor llevan la vida de piso. Eso sí, ventanas y balcones con red: las caídas desde altura son una de las urgencias más frecuentes en gatos de ciudad.
¿Se lleva bien el Persa con los niños?
El Persa convive con niños sin problema si se respetan sus normas: no cogerlo a la fuerza, dejarle sitios altos para retirarse y no molestarlo mientras come o duerme.
¿Se lleva bien el Persa con los perros?
Depende del perro y de cómo se hagan las presentaciones. El Persa convive con perros tranquilos si tiene sitios altos donde estar a salvo.
¿Se lleva bien el Persa con otros gatos?
El Persa suele llevarse bien con otros gatos, sobre todo si son de un carácter parecido.
¿Maúlla mucho el Persa?
No. El Persa es de los gatos más silenciosos: maúlla poco y bajito. Por eso, si un día empieza a maullar mucho, merece atención.
¿Puede quedarse solo en casa un Persa?
Sí: el Persa lleva bien quedarse solo una jornada de trabajo, con agua, comida y arenero limpio. Más de un día seguido, nunca sin que alguien pase a verlo.
¿Es el Persa un buen gato para primerizos?
Al Persa le cuesta aprender normas: hace falta paciencia, premios y nada de castigos. Como primer gato se hace cuesta arriba.
¿Es hipoalergénico el Persa?
No. El Persa no se considera hipoalergénico, y además suelta bastante pelo, que reparte el alérgeno por la casa. En realidad ningún gato lo es: la proteína Fel d 1, que causa la mayoría de alergias, está en la saliva y la piel de todos los gatos.
¿Qué enfermedades tiene el Persa?
Poliquistosis renal (PKD, gen PKD1, con prueba genética: exígela), cardiomiopatía hipertrófica, atrofia de retina en algunas líneas y los problemas del tipo braquicéfalo: narinas estrechas, epífora (lagrimeo), dientes apiñados, úlceras corneales y partos difíciles. Elige ejemplares con la nariz visible y las narinas abiertas. En resumen, el Persa tiene una carga hereditaria apreciable: las pruebas de los padres marcan la diferencia.
¿Cuánto cuesta mantener un Persa?
Con nuestro cálculo, el mismo de la calculadora, mantener un Persa cuesta 1070 – 1480 € al año, unos 105 € al mes de media, contando comida, arena, veterinario de rutina y el resto de gastos habituales. Si los nudos se te van de las manos, suma alguna visita a la peluquería felina. Y como es una raza con problemas hereditarios, el seguro o el colchón para sustos pesan más que en otras. El precio del gatito es aparte; lo que de verdad cuesta son los 15 años siguientes.
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En protectoras y casas de acogida hay sobre todo gatos comunes, pero también llegan gatos de raza o con mucho de Persa, a menudo adultos con el carácter ya hecho. Antes de comprar, merece la pena mirar.





