Burmilla
También conocido como: Burmilla de pelo corto · Asian Shaded · Burmilla de pelo largo · Tiffanie






Fotos: Sheila Bormann, Bumillas of Chattahoochee (CC BY-SA 3.0 de) · Matt Buck from London, United Kingdom (CC BY-SA 2.0) · Nickolas Titkov from Moscow, Russian Federation (CC BY-SA 2.0), vía Wikimedia Commons.
Ficha
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* Camada y coste son estimaciones orientativas a partir del tamaño y de las necesidades de cepillado y salud de la raza, no cifras medidas de ejemplares concretos.
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Cómo es
Salió de un descuido en 1981, en Reino Unido: Sanquist, un persa chinchilla que esperaba su castración, coincidió con Fabergé, una burmesa lila de la baronesa Miranda von Kirchberg, y nacieron cuatro gatitas de pelo corto plateado sombreado. Gustaron tanto que se creó un programa de cría, y la FIFe reconoció la raza en 1994. El Burmilla tiene el cuerpo del burmés europeo, un manto plateado o dorado con las puntas del pelo coloreadas y ojos verdes rodeados por un trazo oscuro, como si llevara eyeliner. De carácter combina la calma del persa con la curiosidad del burmés: cariñoso, juguetón sin ser frenético y fácil de llevar.
Carácter
Cuidados
Cepillado semanal: tiene algo más de subpelo que el burmés y suelta un poco más en las mudas. Juego diario, un buen rascador y compañía razonable; tolera mejor que otros orientales una casa en la que se trabaja fuera, aunque prefiere no pasar solo el día entero. Controla el peso y la boca, y vigila los ojos, que en algunos ejemplares lagrimean un poco.
Salud
Por su ancestro persa conviene exigir la prueba de poliquistosis renal (PKD) a los padres, y por la parte burmesa se ha descrito hipopotasemia, también con prueba. Por lo demás suele ser un gato sano. A partir de los siete años, análisis periódicos para vigilar el riñón, como en cualquier gato de esa edad.
Cómo es de gatito
Un gatito de Burmilla no debería separarse de su madre antes de las doce o trece semanas, que es lo que piden las principales asociaciones felinas: en ese tiempo aprende de ella y de sus hermanos a controlar el mordisco, a usar el arenero y a relacionarse con otros gatos. Crece deprisa: a los seis meses ya tiene casi su tamaño, y el cuerpo y el carácter terminan de asentarse hacia el año y medio.
El periodo sensible de socialización del gato es muy temprano, más o menos entre la segunda y la séptima semana de vida, así que buena parte se juega en casa del criador o de la casa de acogida. Un gatito que en ese tiempo ha sido manipulado a diario por personas distintas suele ser un adulto mucho más confiado. Al llegar a casa, tú sigues sumando experiencias buenas y sin agobio: visitas tranquilas, el transportín abierto como un mueble más, el cepillo y que le toquen las patas. Lo que no conozca ahora le costará más después.
Su actividad de adulto es media (3 sobre 5), así que de gatito tendrá rachas de juego intenso seguidas de siestas largas. Las dos cosas son normales.
Aprende con facilidad (4 sobre 5): con clicker y premios pequeños puede aprender a venir cuando lo llamas, a entrar solo en el transportín e incluso a ir con arnés. Empieza ahora, que de gatito todo cuesta menos.
Antes de que llegue: un arenero por gato y uno más, lejos de la comida; rascadores en los sitios de paso; y ventanas y balcones con red, porque un gatito no calcula las alturas. En la primera semana, visita al veterinario para la revisión, la desparasitación y la pauta de vacunas.
Un día normal con un Burmilla
Un día normal con un Burmilla adulto no gira en torno a paseos, sino a ratos de juego: dos o tres sesiones de diez a quince minutos que imiten una caza completa (acechar, perseguir, atrapar) y que terminen con algo de comida. En total, unos 20 minutos al día, y el resto lo organiza él: siestas, ronda de vigilancia por la casa y un buen rato mirando por la ventana.
Con una actividad media (3 sobre 5), le basta con eso y con tener dónde trepar y afilarse las uñas. Lo que más agradece no es la cantidad de juego, sino que sea a diario y a horas parecidas.
Es de voz suave (2 sobre 5). Precisamente por eso, si un día empieza a maullar mucho más de lo normal, tómatelo como una señal: dolor, estrés o, en las gatas sin esterilizar, el celo.
El pelo se mantiene casi solo: una pasada a la semana con guante de goma o cepillo suave basta.
Y lo que no se ve pero lo decide todo: el arenero se limpia a diario y la arena se cambia entera cada una o dos semanas. Es lo que más evita que un gato deje de usarlo.
Qué darle de comer
Un Burmilla adulto y esterilizado de unos 4,3 kg necesita alrededor de 249 kilocalorías al día, que con un pienso seco corriente son unos 64 gramos, mejor repartidos en varias tomas pequeñas, que es como come un gato. En dinero, la comida le va a costar del orden de 230 € al año. Son cifras de partida: quien manda es su cuerpo, y tienes que notarle las costillas al pasar la mano sin apretar.
El gato es carnívoro estricto: necesita proteína animal y taurina, y no se adapta a dietas vegetarianas ni a la comida de perro. Además bebe poco por naturaleza, así que incluir comida húmeda y poner una fuente o varios cuencos de agua lejos del comedero ayuda a su riñón y a sus vías urinarias, algo que en esta raza no es un detalle: su ficha de salud ya apunta problemas en esa zona.
Nada de leche de vaca (la mayoría de gatos adultos no tolera la lactosa), ni cebolla, ajo, uvas o chocolate. Los premios cuentan como comida y no deberían pasar de una décima parte de lo que come al día.
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Qué esperar en cada etapa
Vacunas, desparasitaciones, el cambio de dientes hacia los cuatro o cinco meses y las normas de casa. Es también cuando se acostumbra al transportín, al cepillo y a que le revisen la boca y las uñas, y eso te ahorrará muchos malos ratos en los 14 años que vienen. La esterilización se suele hacer antes del primer celo, que puede llegar hacia los cuatro o seis meses; las razas orientales, como esta, suelen estar entre las más precoces.
La adolescencia: más energía, más pruebas de límites y, en los machos sin castrar, marcaje con orina. Tras la esterilización las necesidades de energía bajan, así que es el momento de ajustar la ración antes de que aparezcan los kilos de más. En el Burmilla, a los dos años ya es el gato que va a ser.
Su mejor momento. Revisión anual con vacunas según su estilo de vida, control de peso y una mirada a la boca, porque el sarro y la gingivitis empiezan aquí. A partir de los siete u ocho años, analítica de sangre y orina en la revisión: es la forma de pillar a tiempo lo que el gato esconde, y en esta raza el riñón es lo primero que hay que vigilar.
Entra en la etapa senior. El gato disimula el dolor, así que los primeros signos no son quejas: deja de subir a los sitios altos, salta en dos tiempos, se acicala menos o hace sus cosas fuera del arenero porque le cuesta entrar. Casi siempre es artrosis, y se trata. Conviene pasar a dos revisiones al año con analítica (riñón, tiroides y tensión), un arenero de bordes bajos y rampas o escalones hacia sus sitios favoritos.
La esperanza de vida del Burmilla está entre los 12 y los 15 años. Está en la media felina. Lo que más la alarga es lo mismo en cualquier gato: peso controlado, dientes cuidados, revisiones con analítica y, si sale, que sea de forma segura.
Si vas a comprar uno
Si decides comprar en vez de adoptar, de dónde venga el gatito importa más que el pedigrí. Las preguntas que valen para cualquier raza: ¿puedo ver a la madre y a la camada en casa? ¿Qué pruebas de salud tienen los padres, y me las enseñas? ¿Cuántas camadas tienes al año y de cuántas razas? ¿A qué edad entregas? ¿Qué pasa si no puedo quedármelo? Si esquiva alguna, mala señal. Y desconfía de los «Burmilla sin pedigrí» muy baratos: en gatos es muy habitual que sean mestizos que se le parecen.
En el Burmilla en concreto, pide la prueba genética de poliquistosis renal (PKD) y la prueba de hipopotasemia. Un criador serio las tiene y las enseña sin que se las pidas; si te dice que «no hacen falta porque sus gatos están sanos», ya sabes bastante.
Su salud media está en 3 sobre 5, en la parte media de la tabla: las pruebas de los padres marcan la diferencia.
Y lo que dice la ley en España: con la Ley 7/2023 de bienestar animal, los gatos ya no se venden en tiendas, solo directamente desde criadores registrados. Pide el número de registro, el microchip y la cartilla con vacunas y desparasitaciones, y el pedigrí de una asociación reconocida si te lo venden como Burmilla. Lo que cada comunidad exige además lo tienes en la página de normativa.
Con qué se confunde
Curiosidades
Sus cuatro primeras gatitas se llamaron Galatea, Gemma, Gabriela y Gisella.
Su nombre mezcla Burmese y Chinchilla, las razas de sus padres.
En el GCCF forma parte del grupo Asian, junto al Bombay británico y al Tiffanie, la versión de pelo semilargo.
El contorno oscuro de ojos, nariz y labios es uno de los rasgos que más se valoran en exposición.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos años vive un Burmilla?
Un Burmilla vive de media entre 12 y 15 años, en la línea de la media felina. El Burmilla tiene una salud corriente: con revisiones anuales y el peso controlado suele llegar bien.
¿Cuánto pesa un Burmilla adulto?
Un Burmilla adulto pesa 3–5,5 kg, las hembras en la parte baja y los machos en la alta, y mide unos 23–28 cm a la cruz. Es un gato de tamaño medio, en la línea del gato doméstico corriente.
¿Cuánto juego necesita un Burmilla?
Unos 20 min de juego al día, mejor en dos o tres sesiones cortas que en una larga. Al Burmilla le basta con eso, con un rascador para trepar y una ventana con vistas.
¿Suelta mucho pelo el Burmilla?
El Burmilla tiene el pelo corto, suave y algo denso (hay variedad de pelo semilargo). Suelta poco: apenas se nota en casa. Con una pasada semanal de guante de goma basta.
¿Es el Burmilla un buen gato para piso?
Sí, el Burmilla es de los gatos que mejor llevan la vida de piso. Eso sí, ventanas y balcones con red: las caídas desde altura son una de las urgencias más frecuentes en gatos de ciudad.
¿Se lleva bien el Burmilla con los niños?
El Burmilla es de las razas más pacientes con los niños: tolerante, juguetón y poco arisco. Aun así, un gato siempre necesita poder retirarse cuando ha tenido bastante.
¿Se lleva bien el Burmilla con los perros?
El Burmilla suele llevarse bien con perros educados si las presentaciones se hacen poco a poco.
¿Se lleva bien el Burmilla con otros gatos?
El Burmilla suele llevarse bien con otros gatos, sobre todo si son de un carácter parecido.
¿Maúlla mucho el Burmilla?
Poco. El Burmilla tiene la voz suave y la usa sobre todo para pedir.
¿Puede quedarse solo en casa un Burmilla?
Sí, durante una jornada normal, si tiene rutina, juguetes y un rato de juego contigo al volver. El Burmilla no es de los más dependientes, pero tampoco de los más independientes. Más de un día seguido, nunca sin que alguien pase a verlo.
¿Es hipoalergénico el Burmilla?
No. El Burmilla no se considera hipoalergénico. En realidad ningún gato lo es: la proteína Fel d 1, que causa la mayoría de alergias, está en la saliva y la piel de todos los gatos.
¿Qué enfermedades tiene el Burmilla?
Por su ancestro persa conviene exigir la prueba de poliquistosis renal (PKD) a los padres, y por la parte burmesa se ha descrito hipopotasemia, también con prueba. Por lo demás suele ser un gato sano. A partir de los siete años, análisis periódicos para vigilar el riñón, como en cualquier gato de esa edad. En resumen, la salud del Burmilla está en la media: revisión anual y analítica a partir de los siete u ocho años.
¿Cuánto cuesta mantener un Burmilla?
Con nuestro cálculo, el mismo de la calculadora, mantener un Burmilla cuesta 860 – 1190 € al año, unos 85 € al mes de media, contando comida, arena, veterinario de rutina y el resto de gastos habituales. El precio del gatito es aparte; lo que de verdad cuesta son los 15 años siguientes.
Para seguir leyendo
Adoptar en vez de comprar
En protectoras y casas de acogida hay sobre todo gatos comunes, pero también llegan gatos de raza o con mucho de Burmilla, a menudo adultos con el carácter ya hecho. Antes de comprar, merece la pena mirar.





