Cómo dar una pastilla a un gato sin acabar arañado
Dar una pastilla a un gato tiene fama de deporte de riesgo, y con razón. Pero con la técnica adecuada, un poco de preparación y algunos trucos, la mayoría de los gatos acaba tragándosela sin dramas. Y hay un detalle que casi nadie conoce y que es importante para su salud: el agua de después.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Antes de empezar
Pregunta al veterinario tres cosas cuando te receten la medicación: si la pastilla se puede dar con comida, si se puede partir o triturar y si existe en otra presentación, como líquido, pasta o comprimido masticable con sabor. Algunas pastillas tienen recubrimientos o son de liberación prolongada y no deben partirse ni triturarse; otras son muy amargas y, trituradas, el gato las rechaza y babea. Prepara la dosis antes de ir a por el gato, con la pastilla ya partida si hace falta, y ten listo lo que vayas a usar. Cuanto menos dure todo, mejor. Y no lo persigas por la casa: espera a que esté tranquilo y acércate con calma.
Opción uno: esconderla
Es lo más fácil si la pastilla se puede dar con comida. Hay premios blandos con un hueco, pensados para envolver pastillas, que muchos gatos aceptan. También puedes usar una pequeña bola de paté de su comida húmeda, un poco de queso cremoso o de pasta de premio para gatos. El truco: dale primero una bola sin pastilla, después la de la pastilla y enseguida otra sin pastilla, para que la coma con la misma confianza. Que la bola sea pequeña, para que la trague de un bocado y no la mastique. No escondas la pastilla en toda la ración de comida: si la detecta, puede rechazar la comida entera, y no sabrás si la ha tomado. Ni en leche, que les sienta mal a muchos gatos.
Opción dos: la técnica directa
Con el gato sentado en una superficie estable o en tu regazo, mirando hacia fuera, sujeta su cabeza desde arriba con la mano no dominante, con el pulgar y el índice apoyados en los pómulos, justo detrás de los colmillos. Inclina suavemente la cabeza hacia atrás, apuntando la nariz al techo: la boca tiende a abrirse sola. Con la otra mano, sujetando la pastilla entre el pulgar y el índice, usa el dedo corazón para bajar la mandíbula presionando sobre los dientes de delante. Deja caer la pastilla lo más al fondo posible de la lengua, en el centro. Cierra la boca, mantén la cabeza ligeramente levantada y frota suavemente la garganta o sóplale en la nariz para que trague. Si se relame, suele haberla tragado.
Siempre, agua o comida después
Este es el detalle importante. En gatos, las pastillas tragadas sin líquido tienden a quedarse paradas en el esófago durante minutos, y algunas, como ciertos antibióticos, pueden provocar una inflamación del esófago que, con el tiempo, lo estrecha y causa problemas para tragar. Por eso, después de cualquier pastilla dada directamente, ofrece justo después unos mililitros de agua con una jeringuilla sin aguja, introducida por el lateral de la boca y despacio, o un poco de comida húmeda o un premio blando. Si untas la pastilla con un poco de mantequilla o paté antes de darla, también se desliza mejor. Es un paso de diez segundos que evita un problema serio.
El burrito: si es de los que se defienden
Con gatos nerviosos o que arañan, envolverlos en una toalla ayuda a que se sientan contenidos y a protegerte. Extiende una toalla, pon al gato en el centro, envuélvelo ajustando bien alrededor del cuello sin apretar, de forma que solo quede fuera la cabeza, y sujeta el envoltorio contra tu cuerpo. Así tienes las dos manos libres para la técnica directa. Si es posible, que una segunda persona sujete al gato mientras tú le das la pastilla. Hazlo en un sitio tranquilo, sin prisa y sin gritar. Si el gato está muy estresado, para y vuelve a intentarlo más tarde, porque un gato aterrorizado puede hacerse daño o hacértelo a ti.
El lanzapastillas
Es un pequeño aplicador de plástico con un émbolo y una punta blanda donde se sujeta la pastilla. Permite dejarla al fondo de la lengua sin meter los dedos en la boca, lo que es más seguro con gatos que muerden. Se usa igual que la técnica directa: abres la boca, colocas la punta al fondo, presionas el émbolo y cierras. Hay que hacerlo con cuidado, sin empujar con fuerza hacia la garganta. Algunos tienen además un compartimento para dar el agua después. Son baratos, de unos pocos euros, y se encuentran en clínicas y tiendas de animales.
Alternativas que puedes pedir
Si después de intentarlo el gato no se deja, no te rindas sin hablar con el veterinario: suele haber alternativas. Algunos medicamentos existen en líquido, en pasta o en comprimidos con sabor que muchos gatos comen solos. Para otros, las farmacias pueden preparar una fórmula magistral con receta veterinaria: un líquido con sabor a pescado o pollo, cápsulas más pequeñas o, en algunos casos, un gel que se aplica en la piel de la oreja, aunque esta última vía no sirve para todos los fármacos. Hay medicamentos inyectables de larga duración que evitan semanas de pastillas. Y a veces se puede cambiar a otro fármaco que se dé una vez al día en lugar de dos.
Lo que no hay que hacer
No disuelvas una pastilla en el bebedero: no sabes cuánta toma, y puede dejar de beber. No mezcles pastillas trituradas con toda la comida si no te lo han indicado. No la tires a la boca de lejos ni la empujes con fuerza a la garganta. No le soples ni le tapes la nariz bruscamente. No le des el medicamento de otro animal ni el tuyo: el paracetamol es mortal para los gatos, y muchos fármacos humanos son peligrosos para ellos. Y si un gato escupe la pastilla, comprueba cuánto ha tomado antes de darle otra: si dudas, pregunta al veterinario antes de repetir la dosis.
Entrenarlo desde pequeño
Un gato que de vez en cuando recibe un premio en la boca, al que se toca la cara y los labios con calma y se le abre la boca un momento seguido de una recompensa, aceptará mucho mejor una pastilla cuando la necesite. Unos minutos de práctica cada pocos días con un gatito, o con un adulto paciente, y unos premios muy apetecibles, cambian por completo la experiencia de un tratamiento largo. Termina siempre con algo agradable: un premio, una caricia o una sesión de juego. Para el gato, la pastilla tiene que ser lo que precede a lo bueno.
Pregunta antes si la pastilla puede darse con comida o partirse y si existe en otro formato. Escóndela en una pequeña bola de comida blanda, o usa la técnica directa con la cabeza hacia arriba y la pastilla al fondo de la lengua. Y siempre agua o comida después: una pastilla parada en el esófago puede dañarlo.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.