Burmés
También conocido como: Burmese · Gato burmés · Burmés americano · Burmés europeo






Fotos: JanekJankowski (CC BY-SA 4.0) · ollie harridge from manchester, uk (CC BY 2.0) · Mydaydream89 (CC0) · Nickolas Titkov from Moscow, Russian Federation (CC BY-SA 2.0), vía Wikimedia Commons.
Ficha
Calcular lo que te costaría a ti, con tu situación →
* Camada y coste son estimaciones orientativas a partir del tamaño y de las necesidades de cepillado y salud de la raza, no cifras medidas de ejemplares concretos.
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Cómo es
Toda la raza parte de Wong Mau, una gata marrón que el médico Joseph Thompson llevó de Birmania a San Francisco en 1930. Se cruzó con siameses y de ahí salió el burmés, que la CFA reconoció en 1936. Con los años se separó en dos tipos: el americano, de cabeza redonda y hocico corto, y el europeo, más esbelto y de cara algo más larga. Pesa más de lo que aparenta, de ahí su apodo de «ladrillo envuelto en seda». Es de los gatos más sociables que existen: busca a la gente, recibe a las visitas, se lleva bien con perros y niños y juega toda la vida. Su punto débil es la soledad.
Carácter
Cuidados
El pelo se mantiene con una pasada de guante o gamuza a la semana y brilla solo. Lo que necesita es compañía y juego: le encanta buscar juguetes, los circuitos y estar en brazos. Si pasa muchas horas solo lo pasa mal; otro gato sociable ayuda. Es glotón y musculoso: pesa la ración y evita el comedero libre, porque la obesidad agrava su riesgo de diabetes. Mejor interior o salida segura, porque confía demasiado en los extraños.
Salud
Hipopotasemia del burmés (debilidad muscular episódica, gen WNK4, con prueba), más riesgo de diabetes tipo 2, sobre todo en líneas europeas y australianas, y síndrome de dolor orofacial (FOPS). En algunas líneas americanas existe el defecto craneofacial del burmés, letal en los gatitos que lo heredan doble, con prueba genética. Exige las pruebas de los padres.
Cómo es de gatito
Un gatito de Burmés no debería separarse de su madre antes de las doce o trece semanas, que es lo que piden las principales asociaciones felinas: en ese tiempo aprende de ella y de sus hermanos a controlar el mordisco, a usar el arenero y a relacionarse con otros gatos. Crece deprisa: a los seis meses ya tiene casi su tamaño, y el cuerpo y el carácter terminan de asentarse hacia el año y medio.
El periodo sensible de socialización del gato es muy temprano, más o menos entre la segunda y la séptima semana de vida, así que buena parte se juega en casa del criador o de la casa de acogida. Un gatito que en ese tiempo ha sido manipulado a diario por personas distintas suele ser un adulto mucho más confiado. Al llegar a casa, tú sigues sumando experiencias buenas y sin agobio: visitas tranquilas, el transportín abierto como un mueble más, el cepillo y que le toquen las patas. Si en casa hay perro, es el mejor momento para presentarlos: el Burmés es de las razas que mejor conviven con ellos (5 sobre 5).
Es un gatito de mucha actividad (4 sobre 5 de adulto): trepa cortinas, persigue tobillos y de madrugada organiza carreras. No es mala educación, es caza sin presa. Con 30 minutos de juego al día en sesiones cortas con una caña, y un rascador alto desde el primer día, se canaliza. Lo que no funciona es jugar con las manos: lo que aprenda ahora lo hará de adulto con 4,8 kilos.
Aprende con facilidad (4 sobre 5): con clicker y premios pequeños puede aprender a venir cuando lo llamas, a entrar solo en el transportín e incluso a ir con arnés. Empieza ahora, que de gatito todo cuesta menos.
Antes de que llegue: un arenero por gato y uno más, lejos de la comida; rascadores en los sitios de paso; y ventanas y balcones con red, porque un gatito no calcula las alturas. En la primera semana, visita al veterinario para la revisión, la desparasitación y la pauta de vacunas.
Un día normal con un Burmés
Un día normal con un Burmés adulto no gira en torno a paseos, sino a ratos de juego: dos o tres sesiones de diez a quince minutos que imiten una caza completa (acechar, perseguir, atrapar) y que terminen con algo de comida. En total, unos 30 minutos al día, y el resto lo organiza él: siestas, ronda de vigilancia por la casa y un buen rato mirando por la ventana.
En una raza de actividad 4 sobre 5, ese juego no es opcional: un Burmés que se aburre lo hace notar tirando cosas de las estanterías, atacando tobillos o despertándote de madrugada. Ayudan los rascadores altos, las repisas para trepar, una ventana con vistas (y con red) y los comederos de rompecabezas, que convierten la comida en un problema que resolver.
Lleva mal la soledad (2 sobre 5). Si pasáis fuera toda la jornada, la solución que mejor funciona en esta raza no son más juguetes, sino un segundo gato de energía parecida, presentado con calma.
El pelo se mantiene casi solo: una pasada a la semana con guante de goma o cepillo suave basta.
Y lo que no se ve pero lo decide todo: el arenero se limpia a diario y la arena se cambia entera cada una o dos semanas. Es lo que más evita que un gato deje de usarlo.
Qué darle de comer
Un Burmés adulto y esterilizado de unos 4,8 kg necesita alrededor de 270 kilocalorías al día, que con un pienso seco corriente son unos 69 gramos, mejor repartidos en varias tomas pequeñas, que es como come un gato. En dinero, la comida le va a costar del orden de 230 € al año. Son cifras de partida: quien manda es su cuerpo, y tienes que notarle las costillas al pasar la mano sin apretar.
El gato es carnívoro estricto: necesita proteína animal y taurina, y no se adapta a dietas vegetarianas ni a la comida de perro. Además bebe poco por naturaleza, así que incluir comida húmeda y poner una fuente o varios cuencos de agua lejos del comedero ayuda a su riñón y a sus vías urinarias.
Es una raza que engorda con facilidad, y tras la esterilización las necesidades bajan bastante. Pesa la ración con una báscula en vez de dejar el comedero siempre lleno, y usa comederos de rompecabezas para que coma más despacio y se mueva. Un gato obeso tiene muchas más papeletas para la diabetes y la artrosis.
Nada de leche de vaca (la mayoría de gatos adultos no tolera la lactosa), ni cebolla, ajo, uvas o chocolate. Los premios cuentan como comida y no deberían pasar de una décima parte de lo que come al día.
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Qué esperar en cada etapa
Vacunas, desparasitaciones, el cambio de dientes hacia los cuatro o cinco meses y las normas de casa. Es también cuando se acostumbra al transportín, al cepillo y a que le revisen la boca y las uñas, y eso te ahorrará muchos malos ratos en los 14 años que vienen. La esterilización se suele hacer antes del primer celo, que puede llegar hacia los cuatro o seis meses; las razas orientales, como esta, suelen estar entre las más precoces.
La adolescencia: más energía, más pruebas de límites y, en los machos sin castrar, marcaje con orina. Tras la esterilización las necesidades de energía bajan, así que es el momento de ajustar la ración antes de que aparezcan los kilos de más. En el Burmés, a los dos años ya es el gato que va a ser.
Su mejor momento. Revisión anual con vacunas según su estilo de vida, control de peso y una mirada a la boca, porque el sarro y la gingivitis empiezan aquí. A partir de los siete u ocho años, analítica de sangre y orina en la revisión: es la forma de pillar a tiempo lo que el gato esconde.
Entra en la etapa senior. El gato disimula el dolor, así que los primeros signos no son quejas: deja de subir a los sitios altos, salta en dos tiempos, se acicala menos o hace sus cosas fuera del arenero porque le cuesta entrar. Casi siempre es artrosis, y se trata. Conviene pasar a dos revisiones al año con analítica (riñón, tiroides y tensión), un arenero de bordes bajos y rampas o escalones hacia sus sitios favoritos.
La esperanza de vida del Burmés está entre los 12 y los 16 años. Está en la media felina. Lo que más la alarga es lo mismo en cualquier gato: peso controlado, dientes cuidados, revisiones con analítica y, si sale, que sea de forma segura.
Si vas a comprar uno
Si decides comprar en vez de adoptar, de dónde venga el gatito importa más que el pedigrí. Las preguntas que valen para cualquier raza: ¿puedo ver a la madre y a la camada en casa? ¿Qué pruebas de salud tienen los padres, y me las enseñas? ¿Cuántas camadas tienes al año y de cuántas razas? ¿A qué edad entregas? ¿Qué pasa si no puedo quedármelo? Si esquiva alguna, mala señal. Y desconfía de los «Burmés sin pedigrí» muy baratos: en gatos es muy habitual que sean mestizos que se le parecen.
En el Burmés en concreto, pide la prueba de hipopotasemia y la prueba del defecto craneofacial del burmés. Un criador serio las tiene y las enseña sin que se las pidas; si te dice que «no hacen falta porque sus gatos están sanos», ya sabes bastante.
Su salud media está en 3 sobre 5, en la parte media de la tabla: las pruebas de los padres marcan la diferencia.
Y lo que dice la ley en España: con la Ley 7/2023 de bienestar animal, los gatos ya no se venden en tiendas, solo directamente desde criadores registrados. Pide el número de registro, el microchip y la cartilla con vacunas y desparasitaciones, y el pedigrí de una asociación reconocida si te lo venden como Burmés. Lo que cada comunidad exige además lo tienes en la página de normativa.
Con qué se confunde
Curiosidades
Los análisis genéticos sugieren que Wong Mau era en realidad un cruce de burmés y siamés, es decir, lo que hoy sería un tonquinés.
La CFA le retiró el reconocimiento en 1947 por exceso de cruces con siameses y no se lo devolvió hasta los años cincuenta.
El burmés americano y el europeo se tratan como razas distintas en varias asociaciones.
Su color original, el sable, es negro aclarado por el gen burmés, que además hace que las puntas sean apenas más oscuras que el cuerpo.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos años vive un Burmés?
Un Burmés vive de media entre 12 y 16 años, en la línea de la media felina. El Burmés tiene una salud corriente: con revisiones anuales y el peso controlado suele llegar bien.
¿Cuánto pesa un Burmés adulto?
Un Burmés adulto pesa 3,5–6 kg, las hembras en la parte baja y los machos en la alta, y mide unos 23–28 cm a la cruz. Es un gato de tamaño medio, en la línea del gato doméstico corriente.
¿Cuánto juego necesita un Burmés?
Unos 30 min de juego al día, mejor en dos o tres sesiones cortas que en una larga. El Burmés es activo de verdad: si no gasta energía jugando, la gasta de madrugada o con tus tobillos.
¿Suelta mucho pelo el Burmés?
El Burmés tiene el pelo corto, satinado y muy pegado, casi sin subpelo. Prácticamente no suelta. El cepillado es cosa de un momento a la semana.
¿Es el Burmés un buen gato para piso?
Sí, el Burmés es de los gatos que mejor llevan la vida de piso. Eso sí, ventanas y balcones con red: las caídas desde altura son una de las urgencias más frecuentes en gatos de ciudad.
¿Se lleva bien el Burmés con los niños?
El Burmés es de las razas más pacientes con los niños: tolerante, juguetón y poco arisco. Aun así, un gato siempre necesita poder retirarse cuando ha tenido bastante.
¿Se lleva bien el Burmés con los perros?
El Burmés es de las razas que mejor conviven con perros: con una presentación tranquila, muchos acaban durmiendo juntos.
¿Se lleva bien el Burmés con otros gatos?
El Burmés suele llevarse bien con otros gatos, sobre todo si son de un carácter parecido. De hecho, como lleva mal la soledad, un segundo gato suele ser buena idea si pasáis muchas horas fuera.
¿Maúlla mucho el Burmés?
Lo normal en un gato. El Burmés maúlla para saludar y para pedir comida, sin llegar a ser pesado.
¿Puede quedarse solo en casa un Burmés?
Regular. El Burmés aguanta ratos, pero las jornadas largas se le hacen eternas y lo nota su comportamiento. Más de un día seguido, nunca sin que alguien pase a verlo.
¿Es hipoalergénico el Burmés?
No. El Burmés no se considera hipoalergénico. En realidad ningún gato lo es: la proteína Fel d 1, que causa la mayoría de alergias, está en la saliva y la piel de todos los gatos.
¿Qué enfermedades tiene el Burmés?
Hipopotasemia del burmés (debilidad muscular episódica, gen WNK4, con prueba), más riesgo de diabetes tipo 2, sobre todo en líneas europeas y australianas, y síndrome de dolor orofacial (FOPS). En algunas líneas americanas existe el defecto craneofacial del burmés, letal en los gatitos que lo heredan doble, con prueba genética. Exige las pruebas de los padres. En resumen, la salud del Burmés está en la media: revisión anual y analítica a partir de los siete u ocho años.
¿Cuánto cuesta mantener un Burmés?
Con nuestro cálculo, el mismo de la calculadora, mantener un Burmés cuesta 860 – 1190 € al año, unos 85 € al mes de media, contando comida, arena, veterinario de rutina y el resto de gastos habituales. El precio del gatito es aparte; lo que de verdad cuesta son los 16 años siguientes.
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Adoptar en vez de comprar
En protectoras y casas de acogida hay sobre todo gatos comunes, pero también llegan gatos de raza o con mucho de Burmés, a menudo adultos con el carácter ya hecho. Antes de comprar, merece la pena mirar.





