Mi gato me sigue a todas partes: gato pegajoso o problema
La idea del gato independiente al que le da igual todo es, en buena parte, un mito. Muchos gatos se apegan muchísimo a sus personas. Que te siga hasta el baño suele ser solo eso, apego. Pero hay casos en los que es angustia, y otros en los que es una señal de que algo de salud ha cambiado.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
El mito del gato independiente
El gato tiene fama de solitario e indiferente, pero la investigación de los últimos años lo desmiente: los gatos forman vínculos con sus personas, y en pruebas de apego parecidas a las que se hacen con bebés y con perros, una buena parte de los gatos muestran un apego seguro hacia su cuidador, con el que se sienten tranquilos para explorar. Los gatos son, más bien, socialmente flexibles: pueden vivir solos, pero muchos buscan compañía y la disfrutan. Un gato que te sigue de habitación en habitación, que se sienta a tu lado mientras trabajas o que te espera en la puerta no es raro ni está mal. Es, sencillamente, un gato que te ha elegido como su referencia.
Por qué unos son más pegajosos que otros
Influyen varias cosas. La genética y la raza: el siamés, el burmés, el oriental, el sphynx, el ragdoll o el abisinio tienen fama, con razón, de buscar mucho a sus personas, y el carácter del padre influye en lo sociable que sale un gatito. La historia temprana: los gatitos destetados muy pronto o criados a biberón suelen ser más dependientes de los humanos. El estilo de vida: un gato de interior que vive solo y cuya única fuente de estímulos eres tú lógicamente va a estar pendiente de ti. Y el aprendizaje: si cada vez que te sigue recibe caricias, comida o atención, aprende que seguirte merece la pena. Ninguna de estas causas es un problema en sí misma.
Por qué te sigue al baño
Es la pregunta más repetida, y tiene varias explicaciones a la vez. Una puerta cerrada es un trozo del territorio al que no puede acceder, y eso a muchos gatos les inquieta. El baño es además un sitio interesante: azulejos frescos, grifos que gotean, toallas y tu olor muy concentrado. Y es uno de los pocos momentos en que estás sentado y quieto, una oportunidad perfecta para conseguir caricias. No hace falta corregirlo. Si te molesta, puedes cerrar la puerta y simplemente no hacer caso a los arañazos ni a los maullidos, de forma coherente, para que no aprenda que insistir funciona. Pero si no te molesta, no hay ningún motivo para impedírselo.
Cuándo deja de ser apego y es ansiedad
La diferencia está en lo que pasa cuando no estás. Un gato apegado te busca cuando estás y se las arregla bien cuando te vas. Un gato con un problema relacionado con la separación lo pasa mal al quedarse solo, y lo muestra de varias maneras: maúlla mucho al irte o mientras estás fuera, como pueden confirmar los vecinos o una cámara; orina o defeca fuera del arenero, a menudo sobre tu cama o tu ropa; se lame en exceso hasta hacerse calvas, vomita o deja de comer en tu ausencia; rompe cosas; o te recibe con una euforia desmedida al volver. Estos problemas existen en los gatos y son más frecuentes de lo que se pensaba. Si reconoces varias de estas señales, consulta al veterinario.
Si es un cambio repentino, ojo con la salud
Si un gato que era más bien independiente se vuelve de repente pegajoso, o si un gato que siempre te seguía ahora te sigue de otra forma, maullando o pidiendo comida sin parar, piensa en una causa médica. En gatos mayores, el hipertiroidismo provoca hambre, inquietud y demanda de atención; la pérdida de vista o de oído y el deterioro cognitivo hacen que busquen más a su persona como referencia; y el dolor puede hacer que busquen compañía o, al contrario, que se escondan. También la diabetes o la enfermedad renal cambian el comportamiento. Y en una gata entera, el celo la vuelve extraordinariamente cariñosa e insistente. Ante cualquier cambio brusco de conducta, la primera visita es al veterinario.
Cómo darle más autonomía sin retirarle el cariño
Si el apego es tan intenso que el gato lo pasa mal en tu ausencia, la solución no es ignorarlo de golpe, porque eso le genera más inseguridad. Se trata de que su mundo no gire solo a tu alrededor. Ofrécele actividades que pueda hacer sin ti: comederos de tipo puzle, juguetes que roten, cajas, rascadores, estantes en alto y un buen sitio en la ventana. Dale atención de calidad en momentos predecibles, con sesiones de juego a horas fijas, en lugar de responder a cada reclamo. Premia los ratos en que está tranquilo y a su aire, no solo cuando te busca. Y haz que tus salidas sean aburridas: sin grandes despedidas ni reencuentros eufóricos, que aumentan el contraste entre estar contigo y estar solo.
Trabajar las ausencias poco a poco
Si tu gato se angustia cuando te vas, ayuda practicar ausencias cortas que luego se alargan. Las señales de que te vas, como coger las llaves, ponerte el abrigo o la mochila, se pueden volver neutras haciéndolas muchas veces sin salir, para que dejen de anunciar algo malo. Al salir, dale algo bueno que solo tenga en ese momento, como un comedero de juguete con parte de su comida o una pequeña ración de húmeda. Empieza con salidas de pocos minutos y ve alargándolas a medida que lo lleve bien. Un difusor de feromonas felinas, que ronda los 25 a 35 euros con su recambio, puede aportar algo de calma a algunos gatos, aunque no hace milagros por sí solo.
¿Le hace falta otro gato?
Es la solución que mucha gente baraja, y a veces funciona, pero no siempre. Un segundo gato puede darle compañía y actividad a un gato sociable que se aburre, sobre todo si es joven y se busca a otro de carácter y energía parecidos. Pero no cura una ansiedad que tiene que ver con el vínculo contigo, y hay gatos para los que un recién llegado es una fuente de estrés, no de compañía. Si te lo planteas, valora con honestidad cómo se ha llevado tu gato con otros gatos, piensa que necesitarás más areneros, más comederos y más espacio, y haz una presentación lenta, de semanas. Un gato que no quiere compañía estará mejor solo con más enriquecimiento.
Disfrútalo, que es un privilegio
Si tu gato te sigue, duerme contigo, te espera en la puerta y se pone encima del teclado cuando trabajas, pero se queda tranquilo cuando te vas, come bien y usa el arenero con normalidad, no tienes un problema: tienes un gato muy unido a ti. No hay que corregirlo ni preocuparse. Lo único importante es que su bienestar no dependa en exclusiva de tu presencia, así que asegúrate de que tiene un entorno rico para los ratos en que no estás. Y si alguna vez tienes que irte de viaje, organiza bien quién le cuidará, porque los gatos tan apegados son los que peor llevan los cambios: un cuidador que vaya a casa suele ser mejor opción que una residencia.
Que tu gato te siga a todas partes suele ser solo apego, y los gatos lo sienten de verdad. Solo es un problema si lo pasa mal al quedarse solo (maullidos, pis en tu cama, lamido excesivo, no come) o si el cambio es repentino, que obliga a descartar causas médicas. Dale autonomía con enriquecimiento y rutinas, no retirándole el cariño de golpe.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.