¿Por qué los gatos caen de pie? El reflejo de enderezamiento y sus límites
Los gatos caen de pie gracias al reflejo de enderezamiento: al notar que caen, giran primero la cabeza y la parte delantera del cuerpo y después la trasera, y orientan las patas hacia el suelo. Pero caer de pie no es caer bien: desde un balcón se rompen la mandíbula, el paladar o las patas igualmente.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
El reflejo de enderezamiento
Cuando un gato pierde el apoyo, el oído interno detecta en una fracción de segundo hacia dónde está el suelo, y los ojos lo confirman. A partir de ahí se dispara un reflejo automático que no tiene que aprender ni pensar: gira la cabeza para mirar abajo, después rota la parte delantera del cuerpo, luego la trasera, y estira las patas hacia el suelo con la espalda arqueada para amortiguar el golpe. Todo ocurre en menos de un segundo. Ese reflejo se llama reflejo de enderezamiento, y aunque otros animales tienen versiones parecidas, el del gato es especialmente rápido y preciso gracias a su columna muy flexible y a que no tiene clavícula unida al esqueleto.
El misterio físico que costó explicar
Durante años, el giro del gato pareció un problema de física: ¿cómo puede un cuerpo que cae sin apoyo girar sobre sí mismo sin empujar nada? En 1894, el fisiólogo francés Étienne-Jules Marey fotografió por primera vez la caída de un gato con una cámara de disparos rápidos y demostró que lo hacía. La explicación llegó más tarde: el gato no gira como un bloque, sino que dobla el cuerpo por la cintura y rota sus dos mitades en sentidos distintos, recogiendo y estirando las patas para cambiar la velocidad de giro de cada mitad. Así reparte el movimiento sin violar ninguna ley física. Es un buen ejemplo de cómo un animal resuelve sin saberlo un problema que a la ciencia le llevó décadas describir.
Desde qué edad lo hace
El reflejo no está presente al nacer. Empieza a aparecer hacia las tres o cuatro semanas de vida, cuando el gatito ya camina y su oído interno madura, y se va perfeccionando hasta las seis o siete semanas, cuando ya lo ejecuta como un adulto. Por eso un gatito muy pequeño que se cae del sofá o de los brazos puede aterrizar de lado o de espaldas y hacerse daño. Con gatitos recién llegados a casa, conviene cogerlos siempre sentado o cerca del suelo, y que los niños no los lleven de un lado a otro en brazos de pie.
La altura importa, y no como crees
Para completar el giro, el gato necesita un mínimo de tiempo en el aire. Desde muy poca altura, por ejemplo si se cae de lado desde la cama, puede no darle tiempo a girarse del todo. Desde alturas mayores le da tiempo de sobra a orientarse, pero la energía del golpe crece con la altura. En 1987, un estudio clásico de dos veterinarios de Nueva York, Whitney y Mehlhaff, revisó 132 gatos caídos desde edificios y llamó la atención porque muchos sobrevivían, incluso desde pisos muy altos. Ese trabajo se cita a menudo como prueba de que los gatos son casi indestructibles, pero tiene un sesgo evidente: solo contaba los gatos que llegaban vivos a la clínica.
¿Y la cola? Ayuda, pero no es imprescindible
Se dice a menudo que el gato usa la cola como un timón para girarse en el aire. La cola ayuda a equilibrarse cuando camina por una barandilla o hace un giro brusco corriendo, y probablemente contribuye algo durante la caída, pero el giro en el aire depende sobre todo de la flexibilidad de la columna y de cómo mueve las dos mitades del cuerpo y las patas. La prueba es que los gatos sin cola o con la cola muy corta, como los de raza Manx o los bobtail, también se enderezan con normalidad al caer. Lo que sí afecta al reflejo es cualquier cosa que altere el oído interno, como una otitis media o interna, o la edad avanzada y la artrosis, que hacen al gato más lento y rígido. Un gato mayor no cae igual que uno de dos años.
Caer de pie no es caer bien
Que un gato caiga sobre las cuatro patas reduce el daño, pero no lo evita. Las lesiones típicas de una caída desde altura tienen hasta nombre propio, el síndrome del gato paracaidista: fracturas de mandíbula y del paladar, porque la barbilla golpea el suelo después de las patas, fracturas en las patas, traumatismos en el pecho que dificultan la respiración y lesiones internas que no se ven por fuera. Un gato que parece estar bien tras caer de un primer o un segundo piso puede tener una hemorragia interna o un neumotórax. Por eso cualquier caída desde un balcón o una ventana, aunque se levante y se vaya andando, es una visita al veterinario ese mismo día.
Por qué se caen si son tan ágiles
Los gatos no se caen por torpeza, sino por exceso de confianza y por instinto de caza. Una paloma que pasa, una mosca o un ruido repentino pueden hacer que salte o se gire en una barandilla estrecha, y en ese momento no calcula el vacío. También se caen gatos que duermen al sol en el borde de una ventana y se despiertan sobresaltados. En las ciudades españolas, las caídas son una de las urgencias más frecuentes en verano, cuando las ventanas pasan más tiempo abiertas. La única protección fiable es física: una malla o red resistente en balcones y ventanas, bien anclada. Las mosquiteras normales no aguantan el peso de un gato.
Qué hacer si tu gato se cae
Si tu gato se ha caído desde una altura, bájalo con cuidado, sujetándolo por el cuerpo y no por las patas, envuelto en una toalla si está nervioso, y mételo en el transportín. No le des de comer ni de beber por si necesita anestesia. Llama a la clínica mientras vas de camino. Fíjate si respira con la boca abierta, si sangra por la nariz o la boca, si no apoya alguna pata o si tiene las encías pálidas: son señales de gravedad. Aunque parezca ileso, que lo revisen: muchas lesiones aparecen en las horas siguientes. Y si no lo encuentras tras una caída, búscalo enseguida en patios, portales y bajos cercanos, porque los gatos heridos se esconden.
Los gatos caen de pie gracias al reflejo de enderezamiento, que aparece hacia las tres o cuatro semanas y se completa hacia las seis o siete: el oído interno detecta el suelo y el gato gira en dos mitades hasta orientar las patas. Pero caer de pie no le salva de fracturas de mandíbula, patas o lesiones internas. La protección real son las mallas en balcones y ventanas.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.