¿Los gatos tienen siete vidas? El origen del dicho y lo que hay de verdad
No, los gatos solo tienen una vida, como cualquier animal. El dicho de las siete vidas, que en inglés son nueve, nace de su asombrosa agilidad, de su capacidad para caer de pie y para sobrevivir a situaciones que parecen mortales. Pero esa fama hace que muchas personas subestimen riesgos reales, como las caídas desde balcones.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Siete en español, nueve en inglés
En español, igual que en italiano, decimos que los gatos tienen siete vidas. En inglés tienen nueve, y en otras lenguas y tradiciones la cifra cambia. No hay un origen único y documentado de la cifra. El siete y el nueve son números con mucha carga simbólica en muchas tradiciones, relacionados con la suerte, la perfección o lo sagrado, y es probable que el dicho tomara uno u otro según el idioma. Lo que se repite en todas partes es la idea: el gato es un animal que sale vivo de donde otros no saldrían. Y en muchos idiomas existen variantes del mismo dicho aplicadas a personas, para hablar de alguien que se libra una y otra vez de los problemas.
Una fama con siglos de historia
La expresión es antigua. En inglés aparece ya en textos del siglo XVI, y una de sus apariciones más conocidas está en Romeo y Julieta, de Shakespeare, escrita a finales de ese siglo, cuando Mercucio se burla de Teobaldo llamándole rey de los gatos y le dice que solo quiere quitarle una de sus nueve vidas. Que Shakespeare la usara como una broma que el público entendía indica que el dicho ya era popular. En la cultura popular española, las siete vidas del gato aparecen en refranes, cuentos y canciones infantiles, y la expresión se usa también para personas que se libran una y otra vez de situaciones peligrosas.
Lo que hay de verdad: agilidad y reflejos
El mito tiene una base real: los gatos son extraordinariamente ágiles. Tienen una columna muy flexible, sin clavícula unida al esqueleto, músculos potentes en las patas traseras que les permiten saltar varias veces su altura, y un oído interno que les informa al instante de su posición. Gracias al reflejo de enderezamiento, cuando caen giran en el aire y aterrizan sobre las patas, amortiguando el golpe. Además, sus sentidos son muy finos y sus reacciones muy rápidas, y por eso esquivan muchos peligros en el último segundo. Vistos desde fuera, parece que salen ilesos de todo.
Supervivientes famosos y un sesgo
Hay historias reales de gatos que han sobrevivido a caídas desde pisos muy altos, a días atrapados en escombros tras terremotos o a viajes escondidos en contenedores. Guinness World Records, por ejemplo, recoge el caso de un gato encontrado vivo en Taiwán 80 días después del terremoto de septiembre de 1999. Estas historias alimentan el mito, pero tienen un sesgo evidente: conocemos los casos de los gatos que sobreviven, no los de los muchos que no lo hacen. Con las caídas pasa lo mismo: un estudio clásico de 1987 en Nueva York llamó la atención por la alta supervivencia de los gatos caídos desde edificios, pero solo contaba los que llegaban vivos a la clínica.
Lo que el mito oculta
La fama de indestructibles hace daño a los gatos, porque lleva a muchas personas a pensar que no les pasará nada. Las caídas desde balcones y ventanas son una de las urgencias más frecuentes en las ciudades españolas cada verano, con fracturas de mandíbula, paladar, patas y lesiones internas: el llamado síndrome del gato paracaidista. Los atropellos son una de las primeras causas de muerte en gatos con acceso a la calle. Y los gatos esconden muy bien el dolor y la enfermedad, de modo que, cuando parecen haber salido ilesos de algo, a veces tienen lesiones que no se ven. Un gato no tiene siete vidas: tiene una, y la gasta igual de deprisa que cualquier otro animal si no se le protege.
Cómo cuidar la única vida que tiene
Los riesgos de los que más gatos mueren o se lesionan en España son conocidos y casi todos se pueden prevenir. Una red resistente en balcones y ventanas evita las caídas. La vida de interior, o salidas controladas a un patio o una terraza cerrada, reduce mucho los atropellos, las peleas y el contagio de leucemia e inmunodeficiencia felina. Guardar los lirios y otras plantas tóxicas, los medicamentos de personas, especialmente el paracetamol, y los antiparasitarios de perro con permetrina evita intoxicaciones graves. Y recoger hilos, gomas y cintas evita obstrucciones intestinales. A eso se suma lo básico: vacunas, desparasitación, esterilización, microchip y revisiones.
Cuánto vive un gato, en realidad
La vida que sí tiene un gato puede ser larga. Un gato doméstico bien cuidado y de interior vive de media entre 13 y 17 años, y no es raro que pase de los 20. El récord de longevidad reconocido por Guinness World Records lo tiene Creme Puff, una gata de Austin, en Texas, que vivió 38 años y 3 días, entre 1967 y 2005. Los gatos esterilizados, de interior y con revisiones periódicas viven claramente más que los que hacen vida en la calle, donde la esperanza de vida es muy inferior por atropellos, enfermedades y peleas. La mejor forma de darle muchas vidas a tu gato es cuidar bien la única que tiene.
Gatos negros, suerte y otras leyendas
Las siete vidas no son la única leyenda que acompaña a los gatos. Durante siglos se les atribuyeron poderes mágicos, para bien y para mal: venerados en el antiguo Egipto, asociados a la brujería en la Europa medieval y, todavía hoy, el gato negro es para algunos símbolo de mala suerte y para otros, como en partes del Reino Unido o en Japón, de buena. Estas supersticiones tienen consecuencias reales: en muchas protectoras, los gatos negros tardan más en ser adoptados. Ningún gato trae buena ni mala suerte, ni tiene más vidas que otro. Lo que sí tienen todos es una sola vida que depende en buena parte de cómo los cuidemos.
Los gatos no tienen siete vidas, que en inglés son nueve: tienen una. El dicho, que ya usaba Shakespeare, nace de su agilidad, de su reflejo para caer de pie y de historias de supervivencia que solo cuentan a los que sobreviven. Esa fama hace que se subestimen riesgos reales como balcones, atropellos o tóxicos. Un gato bien cuidado vive de 13 a 17 años o más.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.