De dónde viene tu gato importa
Protectora, colonia, particular o criador registrado. Cada opción tiene sus señales de alarma, y la ley ya prohíbe vender gatos en tiendas.
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Adoptar: la opción con más gatos esperando
Las protectoras y las asociaciones que gestionan colonias tienen gatos de todas las edades durante todo el año, y en primavera y verano, en plena temporada de partos, se ven desbordadas de gatitos. Un gato adoptado sale normalmente vacunado, desparasitado, con microchip, con el test de leucemia e inmunodeficiencia hecho y esterilizado o con compromiso de hacerlo. Además, en una casa de acogida ya saben si convive con otros gatos, con perros o con niños, si usa bien el arenero y si es tímido o sociable. Esa información vale mucho más que cualquier ficha de raza.
Un criador serio, si quieres una raza
Desde la Ley 7/2023, los gatos solo pueden venderse por criadores inscritos en el registro, y la venta en tiendas de animales está prohibida. Un buen criador trabaja con una o dos razas, te deja ver a la madre y el sitio donde viven los gatitos, que es su casa y no una nave, y te enseña sin que lo pidas las pruebas de los padres: el test genético de poliquistosis renal en persas y exóticos, la ecografía de corazón en razas con cardiomiopatía como el Maine Coon o el Ragdoll, y el grupo sanguíneo donde importa. Entrega los gatitos con 12 o 13 semanas, con contrato, cartilla o pasaporte y pedigrí de una asociación felina reconocida.
Las señales de una camada de fábrica
Desconfía si te ofrecen gatitos de varias razas a la vez, si no puedes ver a la madre o te proponen quedar en una gasolinera o un aparcamiento, si el gatito tiene menos de ocho semanas, si el precio es muy bajo para la raza o si los «papeles» llegarán más tarde. Ojos llorosos, estornudos, barriga hinchada o diarrea son típicos de camadas criadas en malas condiciones. Las plataformas de segunda mano están llenas de anuncios así. Que te dé pena el gatito es comprensible, pero comprarlo financia la siguiente camada.
El gatito que aparece en la calle
Muchos gatos llegan a casa sin buscarlos: un gatito maullando debajo de un coche o en un portal. Antes de cogerlo, mira si la madre está cerca; a veces solo ha salido a comer y vuelve. Si está solo, débil o en peligro, llévalo a un veterinario para que lo revise, compruebe si tiene microchip y te diga qué edad tiene, porque uno de menos de cuatro semanas necesita biberón con leche para gatitos cada pocas horas, nunca leche de vaca. Avisa también a la protectora o a la gestora de colonias de la zona: pueden ayudarte o saber de quién es.
Los papeles que te tienen que dar
Vengas de donde vengas, el gato debe salir con su cartilla sanitaria o pasaporte europeo, las vacunas y desparasitaciones firmadas por un veterinario colegiado y el microchip implantado y registrado a tu nombre en el registro de tu comunidad. Si es de criador, pide además el contrato por escrito con los datos del criador y su número de registro, y el pedigrí. Si es de protectora, el contrato de adopción con el compromiso de esterilización si aún no está hecha. Si falta algo o te dicen que te lo mandan luego, no te lo lleves.
Adoptar es la opción con más gatos esperando y la que más información te da sobre su carácter. Si buscas una raza concreta, solo a un criador registrado que te enseñe a la madre y las pruebas de salud de los padres.