Criador serio o fábrica de gatitos: cómo distinguirlos
La foto del gatito es preciosa y el precio es bueno. El problema es todo lo que no sale en la foto: la madre, las pruebas de salud, las semanas que pasó con su camada. Así se distingue a un criador responsable de alguien que cría gatitos para vender.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Lo que dice la ley desde 2023
La Ley 7/2023 de bienestar animal cambió las reglas. Solo pueden criar gatos los criadores inscritos en el registro de criadores de animales de compañía, y la cría por particulares no registrados está prohibida. También prohíbe vender perros, gatos y hurones en tiendas de animales y exhibirlos con fines comerciales: solo pueden venderse desde criadores registrados. Y los gatos que no sean reproductores de un criador registrado deben estar esterilizados antes de los seis meses. En la práctica, esto convierte la camada casera vendida por internet en algo ilegal, y te da una herramienta muy simple: pedir el número de registro del criador. Si no lo tiene o se incomoda, ya sabes lo que necesitas saber.
Cómo es un criador serio
Un criador responsable cría una o dos razas, como mucho, y tiene pocas camadas al año. Sus gatos viven en casa, no en jaulas en un garaje. Te deja ver a la madre con los gatitos, y muchas veces al padre o al menos su documentación. Hace a los reproductores las pruebas genéticas y de salud propias de la raza y te enseña los resultados. Entrega los gatitos con doce semanas o más, con microchip, vacunas, desparasitaciones, pedigrí, contrato de venta y un historial veterinario. Y te pregunta a ti: cómo vives, si tienes otros animales, si el gato saldrá a la calle. Le importa a dónde va su gatito, y suele pedir que le avises si un día no puedes quedártelo.
Cómo es una fábrica de gatitos
Tiene muchas razas a la vez, normalmente las de moda: Scottish Fold, British, Ragdoll, Maine Coon, Bengalí, Sphynx. Siempre hay gatitos disponibles. No te deja ver a la madre, o te enseña una que no parece haber criado. Te propone quedar en un aparcamiento o enviarte el gatito por transporte para ahorrarte el viaje. Entrega gatitos de seis u ocho semanas. Los papeles son un pasaporte sin pedigrí, o un pedigrí que llegará más tarde. No hay pruebas de salud de los padres, o dicen que no hacen falta porque sus gatos están sanos. Y meten prisa: hay otra familia interesada, si no lo reservas hoy, se lo quedan.
Las pruebas de salud que hay que pedir
Dependen de la raza, y un buen criador sabe cuáles son sin que se lo preguntes. En el persa, el exótico y razas emparentadas, la prueba genética de la enfermedad renal poliquística. En el Maine Coon y el ragdoll, la de la mutación de la cardiomiopatía hipertrófica conocida para cada raza y, mejor aún, ecocardiografías periódicas a los reproductores, porque la prueba genética no detecta todos los casos. En el bengalí y el abisinio, las pruebas de enfermedades de la retina propias de la raza. En casi todas, conocer el grupo sanguíneo es útil. Y en cualquier gato, los test de leucemia e inmunodeficiencia. Pide los resultados con el nombre o el microchip del reproductor, no un «están todos testados».
Por qué importan las doce semanas
Entre las tres y las doce semanas el gatito aprende con su madre y sus hermanos a ser gato: a controlar el mordisco y las uñas jugando, a manejar la frustración, a usar el arenero. Un estudio finlandés con miles de gatos encontró que los destetados antes de las ocho semanas tenían más agresividad y más conductas repetitivas de adultos, y que esperar más allá de las doce semanas aún mejoraba los resultados. El periodo clave para acostumbrarlo a las personas es entre las dos y las siete semanas, así que también importa que en ese tiempo lo hayan manipulado con cariño. Un criador que entrega a las seis semanas está ahorrando trabajo, no haciéndote un favor.
Las razas que exigen más cuidado al elegir
Hay razas en las que, más allá del criador, conviene informarse a fondo antes de decidir. El Scottish Fold tiene las orejas dobladas por una mutación que afecta al cartílago de todo el cuerpo y causa artrosis dolorosa, incluso en gatos jóvenes; varios colegios veterinarios europeos piden que no se críe. Los persas y exóticos de cara muy chata sufren con frecuencia problemas respiratorios, oculares y dentales. El Munchkin, con sus patas cortas, sigue en debate. La Ley 7/2023 prohíbe las prácticas de selección genética que causen problemas graves de salud, aunque no publica una lista de razas. Un criador serio de estas razas te contará los riesgos sin esconderlos.
Los anuncios de internet
La mayoría de los gatitos que se venden por anuncios de segunda mano no vienen de criadores registrados. Las señales: precio bajo para una raza cara, fotos que se repiten en varios anuncios, el mismo teléfono para gatitos de razas distintas, ninguna mención al registro del criador, prisa y pagos por adelantado o por transferencia antes de verlo. Algunos ni siquiera tienen gatito: es una estafa de reserva que desaparece cuando pagas. Si un anuncio te convence, pide el número de registro, una videollamada con la madre y los gatitos juntos, y ve a verlos a la casa donde viven. Si algo de eso no es posible, no sigas.
Qué te tienen que dar al llevártelo
Un contrato de compraventa con los datos del criador y su número de registro, los datos del gatito y su microchip. El pasaporte o la cartilla sanitaria con las vacunas y desparasitaciones hechas. El pedigrí, si se ha vendido como gato de raza, o el compromiso escrito de entregarlo con fecha. Los resultados de las pruebas de salud de los padres. El cambio de titularidad del microchip a tu nombre en el registro de tu comunidad. Y, en criadores serios, una pequeña bolsa con el pienso que come y una manta con el olor de su camada, que ayuda mucho los primeros días.
La alternativa que casi nadie mira
Si quieres un gato de una raza concreta, también hay protectoras y asociaciones que rescatan gatos de raza, y gatos de raza en protectoras generalistas, sobre todo persas, siameses, británicos y Maine Coon. Muchos son adultos, vienen con su historial y con el carácter conocido. Y si lo que buscas no es una raza sino un buen gato, la protectora tiene cientos de gatos comunes esperando, sanos, testados y esterilizados, por entre 50 y 150 €. Comprar a un criador serio es una opción legítima; comprar a una fábrica de gatitos es pagar para que haya más camadas sin control, y eso las protectoras lo ven cada primavera.
Pide el número de registro del criador, ver a la madre, las pruebas de salud de los padres con su microchip y que el gatito no salga antes de las doce semanas. Si algo de eso falta o te meten prisa, no es un criador serio. Y recuerda que la ley prohíbe la venta en tiendas y la cría sin registro.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.