La ley de bienestar animal explicada para dueños de gato
Entre titulares y bulos, mucha gente no sabe qué tiene que hacer con su gato. La Ley 7/2023 tiene varias obligaciones que afectan directamente a los gatos, algunas muy concretas. Esto es lo que dice el texto, lo que no dice y lo que depende de tu comunidad.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
De qué ley hablamos
La Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, es la norma estatal que fija un marco común para los animales de compañía en toda España. Entró en vigor en septiembre de 2023. Convive con las leyes de protección animal de cada comunidad autónoma y con las ordenanzas de cada ayuntamiento, y varias de sus partes dependen de un desarrollo reglamentario que todavía se está concretando. Por eso, cuando leas que «la ley obliga a» algo, conviene distinguir entre lo que dice el texto de forma directa y lo que aún está pendiente de cómo se aplique. Aquí nos ceñimos a lo que el texto dice sobre gatos.
Microchip y esterilización antes de los seis meses
Es la obligación más concreta y la que más afecta a los gatos. El artículo 26 obliga a identificar mediante microchip y a esterilizar quirúrgicamente a todos los gatos antes de los seis meses de edad, salvo los reproductores inscritos a nombre de un criador registrado. Esto vale para cualquier gato, salga a la calle o no. La identificación, además, implica la inscripción en el registro de animales de compañía que corresponda. En la práctica, el microchip se pone en las primeras visitas al veterinario, y la esterilización suele hacerse entre los cuatro y los seis meses, como te recomiende tu veterinario. Si adoptas, lo normal es que el gato ya salga con las dos cosas hechas o con el compromiso firmado.
No dejarlo solo más de tres días
La ley prohíbe dejar a cualquier animal de compañía sin supervisión durante más de tres días consecutivos; para los perros el límite es más corto, de veinticuatro horas. Esto significa que, si te vas de viaje, alguien tiene que ver a tu gato al menos con esa frecuencia. En la práctica, lo recomendable es mucho más: un gato con comida y agua para tres días puede tener un problema, como una obstrucción urinaria o un accidente, que no admite esperar. Lo sensato es que un cuidador o un vecino pase una vez al día, o al menos cada dos días, aunque tenga comedero automático y fuente.
Balcones, terrazas y la calle
Dos prohibiciones del artículo 27 interesan especialmente a quien tiene gato. La primera: mantener de forma habitual a perros y gatos en terrazas, balcones, azoteas, trasteros, sótanos, patios y similares, o en vehículos. Un gato que vive en el balcón no es un gato de interior. La segunda: mantener a los animales deambulando por espacios públicos sin la supervisión presencial de la persona responsable. Cómo se aplica esto a un gato con acceso al exterior no está del todo claro y depende mucho de cada caso y de la normativa local, pero en ciudad dejar que el gato salga solo a la calle encaja mal con este artículo, además de ser arriesgado para él.
Cría y venta: lo que cambió
Solo pueden criar gatos los criadores inscritos en el registro correspondiente, y la ley prohíbe expresamente la cría por criadores no inscritos. También prohíbe la venta de perros, gatos y hurones en tiendas de animales y su exhibición con fines comerciales: solo pueden venderse desde criadores registrados. La ley dio a las tiendas un plazo de un año para dejar de venderlos. Y prohíbe las prácticas de selección genética que provoquen problemas graves de salud, aunque no publica una lista de razas afectadas. Para quien busca un gato de raza, la herramienta es sencilla: pedir el número de registro del criador.
Colonias felinas y gatos comunitarios
Una de las grandes novedades es que la ley reconoce a los gatos comunitarios, los que viven en libertad vinculados a un territorio y con poca o ninguna socialización con personas, y obliga a gestionarlos. Encarga a las entidades locales programas de gestión de colonias felinas basados en el método CER, de captura, esterilización y retorno, con censo, control sanitario y esterilización de todos los gatos de la colonia, que deben llevar microchip registrado a nombre de la administración local. Las comunidades autónomas fijan los protocolos marco, incluidos los criterios de alimentación y la formación de las personas cuidadoras. Retirar o desplazar gatos comunitarios fuera de los casos permitidos es infracción grave.
Mutilaciones y sacrificio
La ley prohíbe las mutilaciones y modificaciones corporales permanentes, salvo por necesidad veterinaria acreditada. En gatos, eso incluye quitar las uñas por cirugía, una práctica que nunca debió existir. La única excepción relacionada con gatos es el marcaje en la oreja de los gatos comunitarios esterilizados, el pequeño corte que permite saber de lejos que un gato de colonia ya está esterilizado. También prohíbe el sacrificio de animales de compañía salvo por motivos de seguridad o de salud pública justificados, o la eutanasia con criterio veterinario para evitar un sufrimiento sin remedio. No se puede sacrificar a un gato por vejez, por falta de adoptante o por motivos económicos.
Lo que la ley no exige a los gatos
Hay obligaciones que se han leído en titulares y que la ley estatal plantea solo para perros. El curso de formación para la tenencia es para quien quiera tener perro. El seguro de responsabilidad civil obligatorio es también para la tenencia de perros. Para los gatos no hay ninguno de los dos en la ley estatal, aunque conviene comprobar si tu comunidad o tu ayuntamiento exige algo más. La ley sí habla, en general, de la formación en tenencia responsable reglamentada para cada especie, pero su concreción depende del desarrollo reglamentario. La vacuna antirrábica tampoco es obligatoria para gatos en la ley estatal: depende de cada comunidad y es imprescindible para viajar fuera de España.
Si se pierde o muere
La ley obliga a comunicar a la autoridad competente la pérdida o sustracción del animal en un plazo máximo de cuarenta y ocho horas. En la práctica, eso significa avisar al ayuntamiento o a la policía local y actualizar el estado del microchip en el registro, que además es lo que más ayuda a que aparezca. Cuando un animal identificado muere, también hay que comunicar la baja, y la ley pide aportar el justificante de incineración o enterramiento hecho por una empresa autorizada. El veterinario o el servicio funerario suelen ayudar con el trámite.
Las sanciones
La ley gradúa las infracciones en leves, graves y muy graves. Las leves se sancionan con apercibimiento o multa de 500 a 10.000 €; las graves, de 10.001 a 50.000 €; y las muy graves, de 50.001 a 200.000 €, con posibles sanciones accesorias como la prohibición de tener animales. No cumplir las obligaciones de identificación está tipificado como infracción grave. Para la falta de esterilización la ley no prevé una infracción específica, y encarga a las entidades locales establecer mecanismos de control. Ten en cuenta que las comunidades autónomas tienen también su propio régimen sancionador, así que la cifra concreta en un caso real depende de muchos factores.
La lista corta para hoy
Comprueba que tu gato tiene microchip y que está registrado a tu nombre con tu teléfono actual. Si tiene más de seis meses y no está esterilizado, habla con tu veterinario. Revisa que no vive de forma habitual en un balcón o terraza, y que balcones y ventanas son seguros. Organiza quién lo ve cuando te vas de viaje. Si compras un gato, solo a un criador registrado. Y si alimentas a gatos de la calle, ponte en contacto con tu ayuntamiento o con la asociación que gestiona la colonia, porque la alimentación de colonias se regula y se coordina. Con eso, cumples lo que de verdad afecta a tu gato.
Para quien tiene gato, la ley exige sobre todo microchip y esterilización antes de los seis meses, no dejarlo solo más de tres días, no tenerlo de forma habitual en balcones o terrazas y comunicar su pérdida en 48 horas. El curso y el seguro obligatorios son para perros. Lo demás, mira tu comunidad.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.