Los primeros días en casa
Un cuarto tranquilo, el mismo pienso que comía y nada de prisas. Los primeros días deciden cuánto tarda en sentirse en casa.
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Prepara la casa antes de que llegue
Revisa ventanas y balcones, que son la primera causa de accidentes graves, y pon redes o mosquiteras resistentes antes de abrir nada. Recoge hilos, gomas, cintas y cables mordisqueables, guarda los medicamentos (el paracetamol y el ibuprofeno son muy tóxicos para los gatos) y quita de casa los lirios y otras plantas peligrosas: con los lirios basta morder una hoja o beber el agua del jarrón para dañar el riñón. Cierra los huecos detrás de muebles y electrodomésticos donde podría esconderse y no salir, y vigila lavadora y lavavajillas antes de ponerlos en marcha.
Un cuarto base para empezar
Los gatos son territoriales y una casa entera nueva les abruma. Lo mejor es empezar con una habitación tranquila con todo lo necesario: arenero en un rincón, agua y comida lejos de él, un rascador, una cama y, sobre todo, un escondite, que puede ser una caja de cartón de lado o el propio transportín abierto. Deja que salga del transportín cuando quiera, sin sacarlo a la fuerza. Pasa ratos con él sentado en el suelo, hablando bajo, sin perseguirlo. Cuando coma, use el arenero y se acerque con curiosidad, abre la puerta y deja que explore el resto de la casa a su ritmo.
Lo que comía y lo que hacía
Pregunta a la protectora o al criador qué pienso y qué arena usaba, y repite lo mismo al menos las dos primeras semanas: el estrés del cambio ya revuelve bastante el estómago. Si quieres cambiar de comida, hazlo después y de forma gradual. Es normal que el primer día coma poco, pero un gato que pasa más de 24 o 48 horas sin comer necesita veterinario, porque el ayuno prolongado puede dañarle el hígado, sobre todo si tiene sobrepeso. Fíjate también en que orine: un macho que entra al arenero, empuja y no sale nada es una urgencia.
La primera visita al veterinario
En la primera semana, aunque venga sano. Lleva la cartilla o el pasaporte y el número de microchip. En la consulta se revisan el peso, los ojos, los oídos (los ácaros son muy frecuentes en gatitos), la boca, el corazón y el pelo, se cierra el calendario de vacunas y desparasitación, se hace el test de leucemia e inmunodeficiencia si no está hecho y se cambia el chip a tu nombre si hace falta. Acostúmbralo antes al transportín dejándolo abierto en casa con una manta suya: la visita será mucho más fácil, hoy y durante quince años.
Si ya hay otro animal en casa
El gato nuevo se queda en su cuarto y los demás no lo ven al principio. Primero se intercambian olores: una manta de uno en la cama del otro, acariciar a uno con un calcetín y dejárselo al otro. Después se dan de comer a cada lado de la puerta cerrada, luego con la puerta entreabierta o una barrera de malla y, por último, en ratos cortos y vigilados. Con otro gato el proceso puede llevar de una a varias semanas, y con un perro, más. Ir despacio no es perder el tiempo: una mala primera pelea puede costar meses de convivencia tensa.
Casa revisada antes de que llegue, un cuarto base con escondite, el mismo pienso y la misma arena, y veterinario en la primera semana. Si deja de comer, no orina o se pasa días escondido sin salir, consulta.