Viajar con gato, o no
A la mayoría de los gatos no les gusta viajar: su casa es su territorio. Cuando hay que hacerlo, un buen transportín y algo de preparación lo hacen llevadero.
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Primero, la pregunta
Un perro suele preferir ir contigo a quedarse; un gato, casi siempre al revés. Para unas vacaciones de una o dos semanas, muchos gatos están mejor en casa con un cuidador que pase una o dos veces al día que en un coche, un hotel y un sitio desconocido. Viajar tiene sentido en una mudanza, en estancias largas o con gatos que ya están acostumbrados. Si decides llevarlo, prepáralo con semanas: transportín abierto en casa, viajes cortos en coche que acaben en algo bueno y, si se marea o se estresa mucho, consulta con el veterinario antes del viaje.
En coche
Siempre dentro de un transportín rígido, nunca suelto: un gato suelto se mete bajo los pedales o se escapa al abrir la puerta. El mejor sitio es el suelo detrás del asiento delantero o el asiento trasero con el cinturón pasado por el asa o por la estructura del transportín. Cúbrelo con una tela ligera para que vea menos, no le des de comer en las horas previas para reducir el mareo y lleva agua. En viajes largos, haz paradas, pero no lo saques del coche; si hace falta, coloca un arenero pequeño dentro del coche con las puertas cerradas. En verano, ni un minuto dentro de un coche parado.
Tren, autobús y avión
En tren, Renfe admite animales pequeños, gatos incluidos, en transportín y con un límite de peso, en la mayoría de sus servicios; consulta las condiciones y si hay que comprar billete para él antes de viajar. En autobús depende de la compañía. En avión, lo habitual es que vaya en cabina, bajo el asiento delantero, en un transportín flexible y con un peso máximo que suele estar entre 8 y 10 kg contando el transportín, con un suplemento por trayecto y plazas limitadas por vuelo. Las condiciones cambian a menudo y de una compañía a otra: compruébalas al reservar, no el día del viaje.
Salir de España
Para viajar con un gato a otro país de la Unión Europea hace falta el pasaporte europeo para animales de compañía, que expide un veterinario autorizado, el microchip y la vacuna antirrábica en vigor. Tras la primera vacunación contra la rabia hay que esperar al menos 21 días antes de viajar. Fuera de la Unión Europea, incluido el Reino Unido, los requisitos son distintos y algunos países piden análisis de anticuerpos con meses de antelación o cuarentenas. Infórmate en la embajada o en la web oficial del país de destino con tiempo, no la semana antes.
En el destino
Pregunta antes si el alojamiento admite gatos: muchos sitios que aceptan perros no dicen nada de gatos. Al llegar, instálalo en una sola habitación con su arenero, su agua, su comida y su cama, y revisa ventanas, balcones y huecos antes de abrir el transportín: un gato asustado en un sitio nuevo busca escapar o esconderse en el rincón más inaccesible. Lleva su comida de siempre, su arena y algo que huela a casa. Un gato perdido lejos de su territorio es muy difícil de encontrar, así que el microchip con tu teléfono actualizado y una placa en un collar de seguridad son imprescindibles.
Muchas veces el gato está mejor en casa con un cuidador. Si viaja, que vaya siempre en transportín, sujeto en el coche, con la compañía consultada antes de reservar y con pasaporte, chip y antirrábica para salir de España.