Mi gato me muerde y me araña jugando: cómo reconducirlo
Un gatito que te muerde la mano parece gracioso; un gato adulto que te salta a los tobillos desde detrás del sofá, ya no tanto. No es agresividad ni maldad: es caza mal dirigida, y casi siempre tiene arreglo si se cambia la forma de jugar con él.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Por qué lo hace: es un cazador sin presa
Un gato es un depredador, y el juego es su forma de practicar la caza: acechar, perseguir, saltar, atrapar y morder. Un gatito que vive con su madre y sus hermanos aprende jugando con ellos cuánto puede apretar, porque si muerde demasiado fuerte el otro chilla y deja de jugar. Un gatito separado demasiado pronto, criado a biberón o que vive solo con humanos no ha tenido esas lecciones y no sabe medir. Si encima en casa se juega con él usando las manos, ha aprendido que las manos son presas. Y un gato de interior que no tiene suficientes oportunidades de cazar algo acaba buscando presas por su cuenta: tus tobillos al pasar, tus pies bajo la manta, tu mano colgando del sofá.
La regla de oro: las manos no son juguetes
Lo más importante, y lo que más cuesta, es que nadie en casa juegue con el gato usando las manos, los dedos o los pies. Ni siquiera con un gatito pequeño, por gracioso que resulte. Lo que un gatito de dos meses aprende hoy con tu mano lo seguirá haciendo con cinco kilos y uñas de adulto. En lugar de las manos, usa siempre algo que ponga distancia entre el gato y tu piel: una caña con plumas o con un muñeco al final, un juguete en una cuerda, un ratón de tela que puedas lanzar, un peluche alargado para que lo patalee. Las cañas cuestan entre 5 y 15 euros y son, con diferencia, el mejor juguete para un gato. Explícaselo a las visitas y, sobre todo, a los niños.
Juega de verdad, todos los días
Un gato que ataca tobillos casi siempre necesita más juego, y mejor. No basta con dejarle juguetes por el suelo: el juego que de verdad le descarga es el interactivo, en el que tú mueves la presa como lo haría un animal. Que se esconda detrás de un mueble, que huya, que se pare, que se arrastre por el suelo o vuele un poco. Haz dos o tres sesiones al día de 10 a 15 minutos, sobre todo en los momentos en que suele atacar, que muchas veces son el amanecer, el anochecer o cuando llegas a casa. Termina siempre dejando que atrape la presa y, si puedes, con un poco de comida, para cerrar el ciclo de caza. Un gato que ha cazado bien no necesita cazarte a ti.
Qué hacer en el momento del ataque
Cuando te muerda o te arañe jugando, lo más eficaz es dejar de ser divertido. Quédate quieto, porque retirar la mano bruscamente hace que parezca una presa que huye y le anima a apretar más. Si puedes, empuja suavemente la mano hacia él en vez de tirar, lo que suele hacer que suelte. Luego retírate sin aspavientos y deja de jugar unos minutos, o sal de la habitación. Si ves venir el ataque, por ejemplo cuando se agazapa y mueve el culo antes de saltar, anticípate y lánzale un juguete para que lo persiga. Con constancia, aprende que morder piel acaba el juego y que perseguir juguetes lo alarga. Hace falta que todos en casa hagan lo mismo.
Lo que no hay que hacer
Gritarle, darle un golpecito en la nariz, rociarle con agua o sujetarle por la nuca no le enseña a no morder. Lo que consigues es asustarle o, peor aún, que lo interprete como más juego brusco y se excite más. En gatos sensibles, el castigo transforma un problema de juego en un problema de miedo, y un gato con miedo muerde de verdad. Tampoco funciona soplarle en la cara, otro consejo muy extendido. Y no le metas en una habitación como castigo de forma prolongada. El enfoque que funciona es el contrario: darle muchas oportunidades de cazar lo que sí puede cazar, y que morder personas simplemente no tenga ninguna recompensa.
Morder cuando le acaricias
Hay otro tipo de mordisco que no es de juego: el gato está tumbado tan a gusto recibiendo caricias y, de pronto, te muerde y se va. No es traición. Muchos gatos toleran el contacto solo hasta cierto punto, y pasado ese umbral se sienten sobreestimulados. Antes de morder avisan, aunque de forma sutil: la cola empieza a dar golpes o a moverse de lado a lado, la piel del lomo se estremece, las orejas giran hacia atrás, deja de ronronear, se queda tenso o gira la cabeza hacia tu mano. Aprender a leer esas señales y parar antes es la solución. Haz caricias cortas y deja que sea él quien pida más empujando la cabeza contra tu mano.
Dónde le gusta que le toquen
La mayoría de los gatos prefieren las caricias en la cabeza: las mejillas, la barbilla y la base de las orejas, que es donde tienen glándulas de olor y donde se frotan entre ellos los gatos que se llevan bien. El lomo suele tolerarse. La base de la cola, la tripa y las patas son, para muchos gatos, zonas de riesgo. Que un gato se ponga panza arriba es una señal de confianza, no una invitación a rascarle la tripa: muchos responden atrapando la mano con las cuatro patas. Una buena costumbre es la prueba del consentimiento: acaricia tres o cuatro segundos y para. Si el gato se acerca o empuja tu mano, quiere más. Si se queda quieto o se aparta, ya está bien.
Si los arañazos o mordiscos son serios
Un mordisco de gato que perfora la piel, sobre todo en la mano, hay que tomarlo en serio. Sus dientes son finos y largos e introducen bacterias profundamente, y una proporción alta de estas heridas se infecta. Lávala enseguida con agua y jabón abundantes y, si se hincha, enrojece, duele o es profunda, ve al médico ese mismo día. Por otro lado, si un gato que jugaba de forma normal empieza a morder con fuerza de repente, o muerde cuando le tocas una zona concreta, puede tener dolor, y conviene revisarlo en el veterinario. Y si las mordeduras van acompañadas de bufidos, orejas planas y pupilas muy dilatadas, ya no es juego: lee sobre la agresividad en gatos.
Un segundo gato, ¿la solución?
Se suele recomendar adoptar dos gatitos juntos precisamente porque juegan entre ellos, se agotan mutuamente y aprenden a medir la fuerza de los mordiscos. Para un gatito que llega a casa, tener un hermano o un compañero de edad parecida es una ventaja enorme. Para un gato adulto que muerde jugando, en cambio, un segundo gato no es una solución automática: hay gatos que no quieren compañía, y meter a otro sin una buena presentación puede crear un problema mayor. Si estás pensando en ello, valora el carácter de tu gato, busca a un compañero de energía parecida y haz la presentación poco a poco, durante semanas, no de un día para otro.
Tu gato no es agresivo: es un cazador sin presa. Nunca juegues con las manos; usa cañas y juguetes que pongan distancia. Juega a diario dos o tres sesiones de 10 a 15 minutos terminando con la captura, quédate quieto y corta el juego si muerde, y aprende sus señales de saturación para parar las caricias antes del mordisco. Nada de castigos.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.