¿Los gatos ven en la oscuridad? Cómo funciona la visión nocturna felina
No en la oscuridad absoluta: sin nada de luz un gato no ve, igual que nosotros. Pero con muy poca luz ve muchísimo mejor que una persona, porque su retina está llena de células sensibles a la penumbra y tiene detrás una capa que refleja la luz y la aprovecha dos veces.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
La respuesta corta: penumbra sí, negro total no
El ojo de cualquier animal necesita luz para ver, y el del gato no es una excepción. En una habitación cerrada sin ninguna rendija, un gato se orienta por el oído, el olfato, la memoria del espacio y los bigotes, pero no ve. Lo que le hace especial es que la oscuridad total casi no existe en la vida real: de noche siempre hay algo de luz de la luna, de las farolas, de un piloto de la tele o de la ventana. Con esa luz mínima, que para nosotros es casi negro, el gato distingue formas y movimiento con bastante soltura. Las estimaciones habituales en la literatura veterinaria dicen que necesita en torno a una sexta parte de la luz que necesitamos nosotros para ver, aunque la cifra exacta depende de cómo se mida.
Una retina hecha para el crepúsculo
La retina tiene dos tipos de células que captan la luz: los conos, que trabajan con luz abundante y se encargan del color y del detalle, y los bastones, que son muy sensibles y funcionan con poca luz pero no distinguen colores. La retina del gato tiene una proporción de bastones mucho mayor que la nuestra. Es la herencia de un cazador crepuscular: su antepasado salvaje caza sobre todo al amanecer y al anochecer, cuando se mueven los roedores, y su ojo está optimizado para esas horas. El precio es que, a plena luz del día, ve los colores de forma más apagada y con menos detalle que una persona.
El tapetum lucidum: el espejo detrás del ojo
Detrás de la retina, el gato tiene una capa de células que funciona como un espejo, el tapetum lucidum. La luz que atraviesa la retina sin ser captada rebota en esa capa y vuelve a pasar por las células sensibles, que tienen así una segunda oportunidad de aprovecharla. Es lo que hace que los ojos de un gato brillen en verde, amarillo o azulado cuando les da la luz de una linterna o del flash. Tienen esa capa muchos animales nocturnos y crepusculares; nosotros no. A los gatos de ojos azules y a algunos de pelaje muy claro el reflejo les sale a veces más rojizo, porque su tapetum tiene menos pigmento.
Pupilas que se abren casi del todo
La pupila del gato es una rendija vertical que con luz fuerte se cierra hasta ser una línea finísima y en penumbra se abre hasta ocupar casi todo el ojo. Ese rango de apertura es mucho mayor que el de una pupila redonda como la nuestra, y le permite pasar de un pasillo oscuro a un balcón soleado sin quedar deslumbrado. Además, el ojo del gato es muy grande en proporción a su cabeza, y su córnea y su cristalino son amplios, lo que deja entrar más luz. Unas pupilas muy dilatadas a plena luz y de forma mantenida, o de distinto tamaño en cada ojo, no son normales y conviene que las vea el veterinario.
Lo que el gato ve peor que tú
Tanta sensibilidad tiene un coste. La agudeza visual del gato, la capacidad de ver detalles nítidos, es bastante inferior a la nuestra: lo que una persona distingue con claridad a 30 metros, un gato lo ve borroso desde mucho más cerca. Tampoco enfoca bien lo que tiene justo delante del hocico, a menos de unos 25 o 30 centímetros, y por eso a veces no encuentra un premio que tiene casi debajo de la nariz; para lo muy cercano usa el olfato y los bigotes. A cambio, su campo de visión es algo más amplio que el nuestro y detecta el movimiento de forma excelente, incluso en la periferia. Ve mal un objeto quieto y muy bien uno que se mueve un poco.
Los otros sentidos que trabajan de noche
Aunque la vista del gato es muy buena en penumbra, de noche no trabaja sola. Su oído capta sonidos mucho más agudos que los que oímos nosotros, como los chillidos ultrasónicos de los ratones, y puede girar cada oreja por separado para localizar con precisión de dónde viene un ruido. Su olfato es muchísimo más fino que el nuestro y le dice quién ha pasado por un sitio y hace cuánto. Y los bigotes, las vibrisas, detectan corrientes de aire y roces con objetos cercanos, lo que le permite moverse entre muebles sin tocarlos cuando la luz no basta. Por eso un gato que se queda ciego de forma progresiva puede seguir haciendo vida casi normal en una casa que conoce: tiene un mapa del espacio hecho con todos los sentidos a la vez, y no solo con los ojos.
Por qué esto importa en casa
Entender cómo ve tu gato explica muchas cosas. Las carreras de madrugada por el pasillo no son caprichos: es su hora de más actividad y ve perfectamente con la luz que entra por la ventana. Los juguetes que se mueven despacio y de forma irregular le atraen más que una pelota quieta. Y si a veces no ve la comida que le has dejado justo delante, no es que esté torpe. No hace falta dejarle luces encendidas por la noche, salvo que sea un gato mayor con la vista mermada, al que una luz tenue y muebles siempre en el mismo sitio le ayudan a orientarse.
Cuándo sospechar que ve mal
Los gatos compensan muy bien la pérdida de visión con los demás sentidos, así que muchas veces el problema se nota tarde. Señales de alerta: tropieza con muebles que ha movido alguien, duda antes de saltar o falla saltos que antes hacía, se desorienta de noche más que de día, tiene las pupilas dilatadas a plena luz o el ojo se ve turbio o de otro color. En gatos mayores, una causa frecuente de ceguera repentina es la hipertensión arterial, que puede desprender la retina y que muchas veces va unida a la enfermedad renal o al hipertiroidismo. Si se trata pronto, parte de la visión puede recuperarse, así que una ceguera brusca es una consulta del mismo día.
Los gatos no ven en la oscuridad total, pero con muy poca luz ven mucho mejor que nosotros gracias a una retina rica en bastones, unas pupilas que se abren casi del todo y el tapetum lucidum, que refleja la luz y hace brillar sus ojos. A cambio ven menos detalle, enfocan mal lo muy cercano y perciben los colores más apagados.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.