¿Qué colores ven los gatos? No en blanco y negro, pero tampoco como tú
Los gatos no ven en blanco y negro: ven colores, pero menos que nosotros. Distinguen bien los azules y los amarillos verdosos, y confunden los rojos y los naranjas con verdes o grises, algo parecido a lo que ve una persona daltónica para el rojo y el verde.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
El mito del blanco y negro
Durante mucho tiempo se repitió que los gatos, como los perros, veían en blanco y negro. No es cierto. Los estudios de comportamiento, en los que se entrena a gatos a elegir entre colores con la misma luminosidad, y el análisis de su retina muestran que sí distinguen colores. Lo que pasa es que su visión del color es más pobre que la nuestra y que, para ellos, el color es un dato secundario: les importa mucho más el movimiento, la forma y el contraste. Un gato puede aprender a diferenciar colores en un experimento, pero en la vida diaria rara vez los usa para decidir nada.
Dos tipos de conos en lugar de tres
Los conos son las células de la retina que permiten ver los colores. Las personas con visión normal tenemos tres tipos, sensibles a longitudes de onda cortas, medias y largas, y combinando sus señales vemos toda la gama del arcoíris. Los gatos tienen principalmente dos tipos: uno sensible a los azules y otro a los verdes amarillentos. Es lo que se llama visión dicromática. Algunos trabajos han encontrado indicios de un tercer tipo de cono en muy pequeña cantidad, pero su papel no está claro y, en la práctica, su visión del color se parece a la de una persona con daltonismo para el rojo y el verde. Además, tienen muchos menos conos que nosotros, porque su retina está dominada por los bastones, que funcionan con poca luz y no ven color.
Qué colores ve bien y cuáles confunde
Con esos dos conos, el gato distingue bien la gama de los azules y violetas y la de los amarillos y verdes amarillentos. Lo que no puede hacer es separar los rojos de los verdes: un juguete rojo sobre el césped probablemente le parezca de un tono parecido al del fondo, apagado y grisáceo. Los naranjas y los marrones se le confunden también con amarillos o verdes. Hay que añadir que, incluso en los colores que ve, los percibe menos saturados, como en una foto descolorida. Su mundo no es gris, pero sí bastante más pálido que el nuestro.
¿Y el ultravioleta?
En 2014, un estudio de Ronald Douglas y Glen Jeffery publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B analizó la transparencia del cristalino en muchos mamíferos y encontró que el de los gatos y los perros deja pasar parte de la luz ultravioleta, que el nuestro bloquea. Eso sugiere que podrían percibir algo de ultravioleta, lo que les permitiría ver, por ejemplo, rastros de orina o ciertos patrones invisibles para nosotros. Es una posibilidad interesante, pero conviene ser prudente: que la luz llegue a la retina no demuestra cómo la interpreta el cerebro del gato. Hoy es una hipótesis razonable, no un hecho probado.
Cómo se sabe lo que ve un gato
Nadie puede ponerse detrás de los ojos de un gato, así que lo que sabemos sale de tres tipos de pruebas. La primera es la anatomía: contar y clasificar las células de su retina y medir a qué longitudes de onda responde cada tipo de cono. La segunda es la electrofisiología, registrar la respuesta eléctrica de la retina ante luces de distintos colores, algo parecido a un electrocardiograma del ojo. Y la tercera, la más difícil, son las pruebas de conducta: enseñar a un gato a elegir un color para conseguir comida, igualando la luminosidad para que no se guíe por el brillo. Los experimentos de conducta de mediados del siglo pasado demostraron que los gatos pueden aprender a distinguir colores, pero que necesitan muchísimos intentos, lo que confirma que el color es para ellos una información poco importante.
Por qué no le hace falta más color
Para un cazador crepuscular, ver mucho color no compensa. En el amanecer y el anochecer, cuando caza, hay poca luz y el color apenas se aprecia; lo que da de comer es detectar un movimiento pequeño en la hierba. Por eso su ojo ha invertido en sensibilidad a la penumbra, con muchos bastones y el tapetum lucidum, y en detección del movimiento, en lugar de en conos. Es un intercambio: nosotros vemos colores vivos y detalles finos a plena luz; el gato ve formas y movimiento cuando nosotros ya casi no vemos nada.
Cómo elegir juguetes que vea mejor
Si quieres que un juguete destaque para tu gato, piensa en contraste y en movimiento, no en el color que te guste a ti. Los juguetes azules o amarillos sobre un suelo de otro tono se ven mejor que los rojos, que pueden fundirse con el fondo. Las plumas, las cintas y los ratones de tela que se mueven a tirones, se paran y vuelven a arrancar imitan a una presa y le activan mucho más que una pelota brillante quieta. Y el puntero láser, que se ve por su movimiento y su brillo, conviene usarlo poco y terminar siempre con un juguete que pueda atrapar de verdad, para que la caza no se quede a medias.
Cuando parece que ve peor
Si un gato que antes se movía con soltura empieza a dudar al saltar, choca con cosas o no reacciona a los juguetes que le enseñas, no tiene que ver con los colores: puede estar perdiendo visión. En gatos mayores es frecuente por hipertensión, y en algunas razas existen enfermedades hereditarias de la retina, como la atrofia progresiva de retina descrita en el abisinio y el somalí. También hay que pensar en cataratas, uveítis o lesiones de córnea si el ojo se ve turbio, rojo o lloroso. Ante cualquier cambio en la forma en que tu gato ve el mundo, lo indicado es una revisión ocular en el veterinario.
Los gatos ven colores, pero pocos y apagados: distinguen bien los azules y los amarillos verdosos y confunden el rojo y el naranja con verdes o grises, como una persona daltónica para el rojo y el verde. Les importa mucho más el movimiento y el contraste que el color, así que elige juguetes que se muevan y destaquen del suelo.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.