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18 de octubre de 2026 · 7 min de lectura

Gatos blancos y sordera: por qué pasa, cómo saberlo y cómo convivir

Es uno de los datos de genética felina más conocidos y también uno de los más malinterpretados: no todos los gatos blancos son sordos, ni todos los gatos de ojos azules. Pero el blanco dominante sí se asocia a sordera congénita, sobre todo con ojos azules. Un gato sordo vive muy bien con algunos ajustes, y el gato blanco tiene otro riesgo menos conocido: el sol.

Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web

Peterbald
Peterbald · foto de Ivan Menshenin Cattery DeMauntiful (CC BY-SA 4.0)

De dónde viene el blanco

Un gato puede ser blanco por varias razones genéticas distintas, y no todas tienen el mismo riesgo de sordera. El blanco más asociado a la sordera es el blanco dominante, producido por una variante del gen KIT: un solo alelo basta para que el gato sea completamente blanco, enmascarando el color que llevaría debajo. Ese gen actúa impidiendo que las células del pigmento, los melanocitos, lleguen a colonizar la piel y otras zonas durante el desarrollo, incluida una parte del oído interno. Otro origen del blanco es la manchada blanca, el gen que da los gatos bicolores, los van y los arlequines; en sus grados más altos también puede asociarse a sordera, pero con menos frecuencia. El albinismo verdadero es muy raro en gatos.

Por qué se asocia a la sordera

En el oído interno hay una estructura, la estría vascular, que necesita melanocitos para funcionar. En un gato con blanco dominante, si faltan esos melanocitos en el oído, la estría vascular degenera en los primeros días o semanas de vida y las células que transmiten el sonido mueren. El resultado es una sordera neurosensorial congénita, presente desde muy pequeños y permanente, que puede afectar a uno o a los dos oídos. No duele, no avanza con la edad y no es contagiosa. Los mismos melanocitos que faltan en el oído son los que dan color al iris, y por eso existe la relación con los ojos azules: un ojo azul indica que también faltó pigmento en esa zona.

La relación con los ojos azules

Los estudios clásicos y los posteriores coinciden en la idea general aunque varíen las cifras: entre los gatos blancos, la sordera es bastante más frecuente en los que tienen los dos ojos azules, intermedia en los que tienen un ojo azul y otro de otro color, y menos frecuente en los que tienen los ojos de otro color. En los gatos de ojos dispares, cuando hay sordera de un solo lado suele estar en el lado del ojo azul. Los porcentajes publicados varían bastante de un estudio a otro, según la población y la raza, así que no conviene tomar ningún número como exacto. La conclusión práctica: un gato blanco de ojos azules tiene un riesgo alto de sordera, pero ni todos son sordos ni un gato blanco de ojos amarillos está a salvo.

Razas en las que se ve

El blanco aparece en muchas razas y en el gato común europeo. Entre las razas donde los blancos son tradicionales o frecuentes están el Angora turco, con su variedad blanca clásica, el Khao Manee, un gato tailandés siempre blanco y muy apreciado con ojos dispares, el Persa blanco y el Británico blanco. En el Van turco, la mayor parte del cuerpo es blanca por el gen de manchado y no por el blanco dominante, y el riesgo es diferente. Los criadores responsables de estas razas hacen la prueba de audición a sus gatitos blancos y no crían con gatos sordos. Si vas a adquirir un gato blanco de raza, pregunta por el resultado de esa prueba en el gatito y en los padres.

Cómo saber si tu gato oye

En casa puedes hacerte una idea, aunque no es una prueba fiable. Haz ruidos cuando el gato no te vea y no pueda notar vibraciones: un chasquido, llamarle desde otra habitación, el ruido de una lata o de la bolsa de premios, una palmada detrás de él estando dormido. Un gato que oye gira las orejas o la cabeza hacia el sonido. Un gato sordo de los dos oídos no reacciona, duerme muy profundo, se sobresalta cuando le tocas y a menudo maúlla muy fuerte, porque no se oye a sí mismo. La sordera de un solo oído es casi imposible de detectar en casa: el gato oye con el otro, aunque le cuesta localizar de dónde vienen los sonidos.

La prueba definitiva: el BAER

La única forma de saber con certeza si un gato oye, y con qué oído, es la prueba BAER, de potenciales evocados auditivos del tronco cerebral. Se colocan unos pequeños electrodos bajo la piel de la cabeza y unos auriculares, se emiten clics en cada oído y se registra si el cerebro recibe la señal. Es rápida, no duele, a menudo se hace con una sedación ligera y puede realizarse desde las cinco o seis semanas de vida. La ofrecen servicios de neurología veterinaria y algunos hospitales de referencia. Como orientación en España en 2026, cuesta de 100 a 250 € según el centro y si incluye sedación.

Convivir con un gato sordo

Un gato sordo puede tener una vida completamente normal y feliz, sobre todo si nació así y nunca ha conocido otra cosa. Compensa con la vista, el olfato y el tacto, y percibe muy bien las vibraciones del suelo. Para comunicarte con él, usa señales visuales: gestos con la mano, encender y apagar una luz para llamarle a comer, una linterna suave. Acércate siempre por delante o haciendo vibrar el suelo con el pie antes de tocarlo, y no lo despiertes de golpe tocándolo: puede asustarse y arañar sin querer. Puedes enseñarle trucos con señales y premios, igual que a un gato que oye. Avisa a los niños y a las visitas de que no te oye llamarle.

Seguridad: interior o salida muy controlada

Un gato sordo no oye un coche, un perro ni a una persona que se acerca, así que la calle libre es muy peligrosa para él. Lo recomendable es que viva en interior o con un acceso exterior seguro, como un balcón con red, un jardín cercado a prueba de gatos o una zona exterior tipo catio. Lleva el microchip registrado y los datos actualizados, por si se escapa. Si tienes otros gatos, a menudo el gato sordo aprende a fijarse en ellos para saber cuándo llega alguien o cuándo hay comida. Y cuidado con electrodomésticos como la lavadora o el aspirador robot, que no oye llegar: comprueba dónde está antes de ponerlos en marcha.

El otro riesgo de los gatos blancos: el sol

La piel sin pigmento de los gatos blancos, sobre todo en el borde de las orejas, la nariz y los párpados, es muy sensible a la radiación ultravioleta. Con la exposición al sol, año tras año, aparece primero una dermatitis solar: enrojecimiento, descamación y costras que empeoran cada verano. Con el tiempo, esas lesiones pueden convertirse en un carcinoma de células escamosas, un cáncer de piel que en las orejas se trata bien con cirugía si se coge pronto, y que en la nariz o los párpados es más complicado. Evita que tome el sol en las horas centrales del día, incluso detrás de un cristal, y consulta cualquier costra que no cure en las orejas o la nariz.

Mitos que conviene desterrar

«Los gatos blancos son más tontos o más agresivos.» No: un gato sordo puede parecer que no hace caso o asustarse más al tocarlo por sorpresa, pero su inteligencia y su carácter no dependen del color. «Todos los gatos de ojos azules son sordos.» No: los siameses y otros colorpoint tienen los ojos azules por un gen distinto, que no se asocia a la sordera congénita. «Un gato sordo es infeliz.» No: no echa de menos lo que no ha conocido. «Si es sordo, hay que operarle.» No: no hay tratamiento para la sordera congénita, ni falta que hace para que viva bien. Lo que sí hay que hacer es adaptar la casa y proteger su piel.

Lo que importa

El blanco dominante se asocia a sordera congénita en gatos, mucho más con ojos azules, pero no todos los gatos blancos son sordos. La prueba BAER lo confirma. Un gato sordo vive muy bien en interior y con señales visuales, y todo gato blanco necesita protección frente al sol.

Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.

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